El invierno se acerca… en tierra de volcanes. Adéntrate en la comarca catalana de La Garrotxa

Vivir la llegada de los meses más duros del invierno rodeado de volcanes es, cuando menos, evocador. Pruébalo en el paisaje volcánico más importante de la península ibérica y uno de los más destacados de Europa, en un entorno repleto de pueblos excepcionales y hayedos portentosos. 

José Miguel Barrantes Marín
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Al norte de la ciudad de Girona, a medio camino entre la urbe y la cordillera de Los Pirineos, emerge el enigmático Estanque de Banyoles, que a pesar de recibir este nombre, es el lago más grande de Cataluña

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Cuenta la leyenda que este lago está habitado, desde tiempos inmemoriales, por un dragón que acecha bajo sus aguas y, quién sabe si, tal vez, sea quien avivó, desde las entrañas de la tierra, el fuego que brotó hacia el exterior hace miles de años en la cercana comarca de La Garrotxa, donde más de cuarenta volcanes se ensalzan hoy como mudos testigos de aquellas erupciones, habiendo creado un paisaje que nada ha de envidiar a la famosa zona volcánica de Auvergne, en la vecina Francia

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Inactivos desde hace miles de años, aunque no extintos, gran parte de ellos se encuentran comprendidos en el Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa. 

Dos de ellos destacan por encima del resto en cuanto a popularidad. Por un lado, el Croscat, último volcán de la península en entrar en erupción, y que debe su especial atractivo a la llamativa brecha que presenta en su pared más alta, creada para una cantera que funcionó durante el siglo XX. Precisamente en su colada de lava solidificada, de varios kilómetros cuadrados de extensión, brota la Fageda d’en Jordà, un peculiar hayedo (fageda) de gran frondosidad que cubre de vegetación los vestigios de la actividad volcánica.

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Por otro lado, el volcán de Santa Margarida (Margarita), muy próximo al anterior, es digno de ser observado desde el cielo por la perfecta figura de su cono. Algo que es posible llevar a cabo contratando uno de los viajes en globo aerostático que se ofertan como actividad en la zona. 

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Igual de fascinante es viajar a su interior, a través de un sendero que conduce a lo más recóndito de su cráter, donde una solitaria ermita, dedicada a Santa Margarita, se erige desafiante en el centro.

Muy cerca de ambos volcanes, a escasos kilómetros y en pleno Parque Natural, nos espera uno de los tesoros rurales de la comarca de La Garrotxa: la vieja villa del municipio de Santa Pau. Un pequeño y precioso conjunto medieval muy bien conservado presidido por un castillo, acompañado de una plaza central porticada admirable y un encanto especial que se respira al contemplar sus piedras. 

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Justo al norte de Santa Pau, con la atenta mirada de la cercana Olot, capital de la comarca y famosa por sus edificios modernistas, nos topamos con el sorprendente pueblo de Castellfollit de la Roca, casi rayando con la frontera francesa.

Aproximarse a Castellfollit supone deleitarnos con una insólita estampa en la que las casas se funden a modo de espina dorsal adosadas a lo largo de un precipicio, como retando al vacío. Un precipicio formado por rocas basálticas, fruto de la superposición de varias coladas de lava, que nos recuerda que aún nos encontramos en tierra de volcanes. 

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No hay que dejar pasar la visita obligada a uno de los miradores del pueblo, en la Plaza de Josep Pla, lindante con la Iglesia-museo de Sant Salvador, perfectamente divisable desde cualquier punto de los alrededores, desde donde podremos admirar el entorno desde lo alto.

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Dejamos Castellfollit y nos dirigimos hacia el este, casi en el límite de la comarca, donde nos aguarda la fastuosa villa de Besalú, que pondrá la guinda del pastel a este recorrido por La Garrotxa. Conjunto Histórico-Artístico Nacional, es una de las villas medievales mejor conservadas de Cataluña.

Dominada por el magnífico puente que da entrada a la población, Besalú presenta una estructura bastante fiel a lo que pudo ser en el pasado, destacando de su patrimonio la Iglesia de Sant Pere y su barrio judío, con la famosísima mikvé (sala de baño para la purificación en el judaísmo), considerada hasta hace poco como la única mikvé medieval conservada en España, hoy acompañada por la de la Sinagoga del Agua, en Úbeda, y una posible recién descubierta en Zamora.

Terminamos así, con agua, lo que empezó con fuego en este pequeño universo de volcanes que constituye una de las comarcas más cautivadoras de la provincia de Girona.