India, mis 10 lugares preferidos. Por Javier Moro

Lo maravilloso de viajar por la India es que el viaje se transforma en seguida en una experiencia que queda para siempre grabada en nuestra memoria. Porque la India son monumentos, ritos, festivales, ciudades, santuarios, desiertos, montañas, playas tropicales… pero, sobre todo, la India es su gente.

Javier Moro
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Foto: Hitesh k Makwana Surat(India) / GETTY
Sadhus (santones hindúes) en el templo Pashupatinath, Katmandú, Nepal. | chrispiason / ISTOCK

Setenta y cinco años es una edad adulta para un hombre, pero para un país es una edad joven. Más si se trata de la mayor democracia del mundo, donde conviven 1.300 millones de personas de diferentes orígenes, etnias, religiones y culturas. Un batiburrillo único, donde el pasado está muy presente y donde la religión juega un papel preponderante. Más que un país es un subcontinente, vasto y variado, que nunca se acaba de conocer.

Mujer clasificando chiles rojos cerca de Jodhpur. | Bartosz Hadyniak / ISTOCK

Doy aquí mi consejo sobre unos lugares que me han marcado, pero hay muchos más, la lista sería inacabable. Lo maravilloso de viajar por la India es que el viaje se transforma en seguida en una experiencia que queda para siempre grabada en nuestra memoria. Porque la India son monumentos, ritos, festivales, ciudades, santuarios, desiertos, montañas, playas tropicales… pero, sobre todo, la India es su gente.

1. Taj Mahal

Ya sé que puede parecer un tópico, pero hay que desplazarse a Agra y visitar el Taj Mahal. Vale la pena dejarse embaucar por esa belleza etérea que consiguieron los arquitectos persas, turcos e indios que lo concibieron. Hay que verlo al alba porque la luz es más delicada y sobre todo porque hay menos gente. El madrugón compensa y, si su pareja prefiere seguir pegada a las sábanas, no insista, déjela durmiendo en el hotel porque la experiencia de la visita solitaria será aún mas intensa.

Manjik / ISTOCK

Primero está la visión de conjunto, luego los cenotafios, los jardines, la mezquita, en total, un conjunto de 17 hectáreas para dejarse llevar por la ensoñación… El mármol va cambiando de color a medida que el sol se alza en el horizonte, de modo que parece que el Taj Mahal está vivo, a pesar de ser un monumento funerario en honor de una mujer, madre de 13 hijos que murió al dar a luz al decimocuarto. Mumtaz Mahal era la esposa principal del emperador mogol Shah Jahan, madre de su prole pero también su compañera, consejera y amiga. Él pasó los últimos años de su vida encerrado en el Fuerte Rojo de Agra, mirando entre las celosías la soberbia tumba que le había construido a su mujer.

India, Taj Mahal | Mario MR / ISTOCK

Después de su muerte, su hijo lo enterró al lado de ella. Es cierto que el carácter romántico de su inspiración ha proporcionado al monumento una notoriedad enorme, pero se la merece. Desde el punto de vista arquitectónico, tiene esa cualidad que distingue los grandes monumentos de los demás: la ligereza. Es pura armonía. Si el presupuesto lo permite, aconsejo alojarse en el hotel Oberoi, cuyas habitaciones dan al mausoleo. Entonces la visita se convierte en una experiencia aún más inolvidable.

2. Palitana

Este es un lugar único en el mundo, el Vaticano del jainismo, una religión anterior al budismo, basada en el culto a 24 divinidades y al respeto absoluto a todas las formas de vida. Es un inmenso complejo de 863 santuarios en lo alto de una colina. Para llegar arriba hay que ascender, junto a una multitud de peregrinos, por cuatro kilómetros de escalinatas. Unos porteadores van detrás, con sillas para los viajeros que se cansan.

India, Palitana | Alexander Mazurkevich / ISTOCK

Arriba el panorama es magnífico. Uno se queda boquiabierto frente a esta auténtica ciudad de templos, llena de shikharas, torres medio ovales que se yerguen sobre capillas, en el fondo de las cuales brillan las luces de las divinidades. Además, hay ambiente. Los niños corretean entre las estatuas, las mujeres, exhaustas por la subida, charlan a la sombra de un santuario, los hombres se saludan, unos bromean y otros rezan. Se respira tolerancia y huele a flores “porque es un lugar santo”, como me dijo un peregrino.

Curiosa religión es esta, que nació en la misma época que el budismo, pero que sin embargo no se expandió por el mundo. Sus seguidores son vegetarianos estrictos, y algunos llevan su creencia al paroxismo: avanzan barriendo el suelo por delante para no aplastar insectos. Otros llevan máscaras para no tragárselos inadvertidamente. Esto hace que Palitana sea un lugar limpísimo. Se podría comer en el suelo de mármol siempre y cuando sean verduras porque en 2014, Palitana se convirtió en la primera ciudad del mundo vegetariana por ley, ilegalizándose la compra y venta de carne, pescado y lácteos, así como la pesca u otros oficios relacionados con el consumo de animales.

3. Templo dorado de Amritsar

Si Palitana es el Vaticano del jainismo, Amritsar lo es del sijismo, una religión que cuenta con 16 millones de fieles en el mundo, de los cuales 14 viven en la India. Aunque apenas representan el 1% de la población total, constituyen la comunidad más vigorosa, más unida y próspera del país. Los hombres llevan esos turbantes que, en el extranjero, se han convertido en la imagen de los indios. El responsable fue el marajá de Kapurthala, casado con la española Anita Delgado, que viajaba mucho por Europa y que inspiró en Hergé el personaje del marajá en Tintín en el Tíbet.

Luciano Mortula / ISTOCK

El templo de oro, que refulge con los rayos de sol (su cúpula está enteramente recubierta de panes de oro), es más que un monumento, es un espectáculo. Alrededor del estanque sagrado, cuyas aguas reflejan el templo, circulan fieles en la dirección de las agujas de un reloj, los pies descalzos sobre el mármol brillante, la cabeza cubierta de turbantes de colores, las luengas barbas y los florecientes bigotes, acompañados a veces de sus mujeres y de sus hijos, que llevan el pelo recogido en un moño.

Oleg_Doroshenko / ISTOCK

El ambiente de serenidad y la calma imperturbable del lugar son sobrecogedores. Es un lugar santo donde no parecen existir las clases ni las castas ni las diferencias entre los hombres, como si siguiese vivo el sueño del fundador del sijismo, un hindú llamado Gurú Nanak, que dijo una verdad muchas veces olvidada: “Es religioso quien considera a todos los hombres como sus iguales”. Como ejemplo de su doctrina, fuera del recinto del estanque están las cocinas donde diariamente unos voluntarios preparan comida para decenas de miles de personas. Invitan a los visitantes a amasar pan y repartir comida y entonces la religión se convierte en la fiesta de la generosidad.     

4. Ladakh y la felicidad

Viajar a Ladakh, la región que se extiende en las faldas del Himalaya, es viajar a un tiempo puntuado por el sonido del gong, el susurro de los mantras y el paso de las caravanas. Un paisaje hermoso y salvaje alberga la cultura milenaria de un pueblo de 130.000 habitantes, conocido por ser uno de los más hospitalarios y cálidos que existen. Sus habitantes todavía saben distinguir entre lo efímero y lo eterno, entre lo ilusorio y lo trascendente porque desde niño se les enseña que la sabiduría real es la alegría. “El coraje más grande es el de ser feliz”, reza un antiguo proverbio local.

TERADAT SANTIVIVUT / ISTOCK

Ladakh se ha mantenido de forma más pura que en el vecino Tíbet, anexionado por los chinos en 1959. Por eso es conocido como “el pequeño Tíbet”, y por doquier los banderines sagrados con oraciones impresas por el bien de todos los seres flamean para recordárnoslo. Aquí, en uno de los parajes más altos, más secos y más fríos del planeta, un pueblo entero ha creado una cultura excepcional, cuyo vestigio son los imponentes monasterios, los templos y los fuertes. Pequeñas columnas de humo revelan la existencia de aldeas minúsculas aferradas a montañas por garras invisibles.

Y luego está el silencio, un silencio que no se puede describir con palabras, un silencio de nieve, roca y agua, de un pájaro que vuela sobre un precipicio, un silencio como el aire fino de las alturas que parece envolverlo todo en una pátina brillante, cristalina. Es otro planeta.

5. El Taj hotel de Bombay

Conviene asegurarse de que la habitación que le corresponde se encuentre en la parte antigua del hotel, un edificio palaciego que acaba de cumplir cien años de existencia, y que tenga vistas al mar. La parte antigua alberga una fabulosa colección de tiendas, de boutiques, de galerías de arte, salas de baile, restaurantes, cafés y bares y como uno se entretenga es posible que tarde una hora en llegar a la habitación.

Taj Hotel, Bombay, India | D.R.

Deambular por los pasillos del hotel Taj es como hacerlo por un bazar de Las mil y una noches repleto de gente ataviada con saris de seda multicolor, kurtas bordadas, sherwanis, djellabahs árabes y algún turista en vaqueros. Al entrar en la habitación, lo primero es abrir las ventanas para dejar que la brisa cálida del mar de Arabia traiga los olores y los ruidos del paseo marítimo. Porque una de las maravillas del hotel Taj Mahal es su ubicación. La explanada sobre la que se alza ofrece espectáculos como solo la India puede ofrecer: acróbatas, titiriteros, encantadores de serpientes, sacamuelas, etc... Uno puede pasar una semana entera sin salir del hotel y no cansarse de explorarlo.

Su arquitecto, un parsi llamado Jamsetji Tata, fue quien quiso que el hotel fuera una ciudad dentro de la ciudad. Un siglo después, la empresa hotelera Taj, que lo dirige, lo ha convertido en un mundo dentro de una ciudad. Gracias a la atención de la directora de marketing del hotel, pude alojarme en la suite donde murió el marajá de Kapurthala, ya separado de la española Anita Delgado. Murió solo en 1947, el año de la independencia de la India. Con él desaparecía todo un mundo, el de los príncipes de la India, barridos por el viento de la Historia.

6. Backwaters en Kerala

Kerala parece un enorme parque mantenido cuidadosamente por algún jardinero divino que hubiera sido contratado por el dios de las pequeñas cosas. Aquí la tierra y el agua se entremezclan y la costa rivaliza en belleza con el interior montañoso y selvático. Cuarenta millones de personas viven en un territorio del tamaño de medio Portugal entre cocoteros, arrozales e interminables lagunas de agua, llamadas backwaters, formadas por la acción de las corrientes y de las olas que obstruyen la desembocadura de los ríos.

Backwaters en Kerala, India | Christian Ouellet / ISTOCK

Desde que un empresario local tuviese la genial idea de transformar las barcazas que utilizaban para el transporte de mercancías en casas-barco con todo lujo de comodidades, la experiencia de la Kerala profunda es ahora accesible a los viajeros extranjeros. ¡Y qué experiencia…! Es imposible no sucumbir al encanto de viajar en estos barcos que parecen armadillos gigantes, y que cuentan con un espacio en proa para tumbarse y contemplar la orilla verde esmeralda y rebosante de pájaros, descubrir la arquitectura singular de los templos hindúes, atracar en una aldea para visitar antiguas iglesias portuguesas o darse un chapuzón al atardecer…

Uno se enamora de Kerala y, como en todas las historias de amor, el flechazo inicial se transforma en algo más profundo después de tratar con sus habitantes. Poseen un bien más preciado que cualquier bien material, una alegría de vivir y una serenidad contagiosas, que hacen que sea natural acercarse a ellos para conocerles mejor, de la misma manera que ellos se acercan a nosotros con una curiosidad sin límite. Esta es la tierra de la eterna sonrisa.

7. Benarés, el Ganges al amanecer

En esta ciudad, cada amanecer es como un milagro. Antes de que los primeros rayos dorados se reflejen en las aguas tranquilas del Ganges, multitudes de fieles hindúes bajan los peldaños de los ghats, esas escaleras monumentales de piedra que se hunden en las orillas como raíces gigantescas, sellando así la unión de Benarés con el más sagrado de los ríos. Cada cual aporta como ofrenda una lamparita de aceite, símbolo de la luz que acaba con las tinieblas de la ignorancia. Inmersos hasta la cintura en las aguas, permanecen inmóviles, absortos en sus oraciones.

Benarés, India | Hitesh k Makwana Surat(India) / GETTY

Las mujeres, envueltas en saris empapados, ofrecen guirnaldas de flores al Ganges. Grupos de fieles se sumergen completamente durante largo rato; luego se frotan el cuerpo con jabón, se enjuagan la boca y escupen. Sentados en la orilla, los ancianos están ensimismados en sus meditaciones, ajenos al trajín de hombres, vacas, burros y cabras que pasean por arriba. Esperan la renovación del milagro diario, la aparición del disco de fuego que surgirá de las entrañas de la tierra. Cuando su aureola despunta en el horizonte, las cabezas se giran fervorosamente.

Bartosz Hadyniak / ISTOCK

Luego, para agradecer el milagro, los fieles le hacen al sol una ofrenda de agua del Ganges, dejándola correr lentamente entre las manos entreabiertas, en un gesto de adoración. Pocos espectáculos en el mundo son comparables a esta visión de Benarés al alba. La continuidad de sus tradiciones culturales y religiosas es su rasgo más extraordinario, y el que la sitúa en un lugar aparte de las demás ciudades del mundo. Aquí, poco ha cambiado desde el siglo VI antes de Cristo.

8. Tigres y leopardos en Madhya Pradesh

El Estado de Madhya Pradesh es una joya para el turismo, porque está virgen. Y hay mucho por descubrir. Aunque la ciudad de Bhopal está asociada a la tragedia del escape de gas que mató a miles de personas, es una ciudad musulmana construida alrededor de dos magníficos lagos, y con encanto. El Jehan Numa, un antiguo palacete que pertenece todavía a los herederos de las begums de Bhopal, esas mujeres que gobernaban el sultanato vestidas de burqa, es de los mejores hoteles en los que me alojado en la India: bonito, tranquilo, trato exquisito y comida extraordinaria.

Madhya Pradesh, India | RyanSison / ISTOCK

Los dueños han abierto un hotel-campamento en la reserva de Satpura, a cinco horas de coche, un lugar ideal para el avistamiento de tigres y leopardos. Son tiendas de lujo, con todo tipo de comodidades. Al alba, en canoa, en jeep o andando, se puede descubrir la fauna y disfrutar de un opíparo desayuno en plena naturaleza, en parajes extraordinarios. Y luego está Mandu, a cuatro horas de Bhopal, una ciudad antigua, muy bien preservada, el secreto mejor guardado de la India.

9. La feria de Pushkar en Rajastán

No existe mejor introducción al riquísimo universo del subcontinente indio que la provincia del Rajastán. Una vez al año, en la luna de noviembre, la pequeña ciudad de Pushkar celebra una feria que reúne a 200.000 camellos y caballos, el mayor mercado de animales del mundo, al que acuden caravanas hasta de Afganistán. Al mismo tiempo es el punto de encuentro de medio millón de peregrinos, una fiesta como las de la Europa medieval.

Feria de Pushkar, India | Svetlana Nikolaeva (Zzvet) / ISTOCK

Hay que abrirse paso entre un océano de fieles, entre santones con el cuerpo desnudo y recubierto de ceniza. “Dame algo, que soy un santo”, te piden acercándote la escudilla. Hay ascetas sentados en posturas imposibles, unos con una pierna detrás del cuello, que han hecho la promesa de mantenerse así durante toda la vida. Hay malabaristas, domadores de animales, mercaderes ambulantes, campeones de lucha libre, tiovivos, carreras de camellos, pitonisas, artesanos de todo tipo.

Miles de familias acampan bajo sus carromatos pintados de colorines, entre los animales que han venido a vender o a comprar. Un poco más lejos, jinetes tocados de turbantes rojo y oro caracolean día y noche sobre soberbios caballos. Uno acaba ebrio de colores, de ruidos, de olores. Rajastán cautiva los sentidos. Todavía pueden verse desfiles de elefantes encaparazonados de oro y plata, montados por jinetes dignos como reyes, seguidos de dromedarios y de caballos fastuosamente enjaezados. Es tierra de antiguos señores feudales, la región más espectacular del subcontinente, etapa indispensable para todo el que quiera entrar en contacto con el mundo de la India.

10. Cura de ayurveda

El ayurveda es la medicina tradicional de la India, a base de plantas, masajes y ayunos. No es un sistema científico, es demasiado antiguo, pero lleva funcionando diez mil años de manera empírica. Cuando voy a hacer mi cura anual, no busco entenderlo, me basta saber que me sienta bien. Por eso lo aconsejo. Una vez al año, me retiro de la circulación y me encierro en Ayurvedagram, un establecimiento a las afueras de Bangalore, para un panchakarma, es decir, una cura de desintoxicación.

Cura de Ayurveda, India | Nina Hilitukha / ISTOCK

Estoy unos días apartado del mundo, cuidado con esmero por médicos tradicionales, masajeado dos veces al día con aceites o polvos, a régimen estricto de adelgazamiento (en mi caso, depende del paciente) y con opción a purga… Todo salpicado de un poco de yoga, meditación (yo prefiero leer) y pranayama (respiración, muy útil, contrariamente a lo que yo pensaba). La comida, del sur de la India, es excelente. Para quien no tenga tiempo de hacer el panchakarma entero, recomiendo uno o dos días para descubrir el arte de los masajes, que no tienen nada que ver con lo que se conoce en Europa. Son a cuatro o seis manos y duran hora y media. Bálsamo de dioses, se sale rejuvenecido y reconciliado con la vida.