La increíble historia del hotel más pequeño del mundo

Poco más de 50 metros cuadrados y como mucho una pareja por noche. El hotel más pequeño del mundo según el Record Guinness está en Alemania, y tiene su razón de ser

Luis Meyer
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El hotel más pequeño de mundo, título refrendado por el Guinness World Records, tiene esa condición por casualidad. Cuando se levantó el diminuto edificio en 1728 en la bucólica localidad alemana de Amberg (en Baviera), ni siquiera estaba pensado para alojar huéspedes. O al menos, no de la manera tradicional. 

Debe su existencia al buen ojo de un empresario: para casarse en esta ciudad en el siglo XVIII, el Ayuntamiento exigía a los contrayentes el título de alguna propiedad. Un hombre de negocios de la época construyó una casa en el espacio de dos metros y medio que quedaba entre dos edificios existentes en la calle Seminargasse. Los novios la compraban, la presentaban como prueba, se casaban y la devolvían al cabo de un par de semanas, para que pasara a manos de los siguientes recién casados. Por eso se llamaba Eh'häusl (Ehe-Haus o casa de matrimonio) en el dialecto local. Las parejas que no tenían ninguna propiedad la utilizaban para eludir la norma del Consistorio. 

Eh’häusl

Transformada hoy en hotel (fue totalmente renovada en 2008) mantiene el mismo nombre y, aunque su encanto como “refugio de lujo” (así lo denominan sus dueños) es irrebatible, posiblemente muchos de quienes allí se alojan a un precio de 240 euros la noche lo hacen por el reclamo de poder contar que han estado en el hotel más pequeño del mundo. 

Eh’häusl

Solo entra una pareja por noche en sus 52 metros cuadrados divididos en tres plantas, en las que sus propietarios han conseguido comprimir un dormitorio, un cuarto de baño y hasta una sala de estar. Por supuesto no hay conserje (no tendría dónde meterse), pero sí un suculento desayuno, parking subterráneo y una gran televisión “de pantalla plana” (hacen bien en especificarlo, si fuera una de tubo catódico, la pareja tendría que dormir en el salón).

Eh’häusl

Amberg, el otro reclamo

El Eh'haeusl se encuentra en el corazón de la ciudad, una postal que parece que se quedó congelada en la Edad Media. Las calles estrechas atraviesan el casco antiguo, rodeado de murallas fortificadas, torres y fosos. Pasear por allí es lo más parecido a entrar en una máquina del tiempo. 

Contratar una visita guiada acrecienta la experiencia. Durante el recorrido, se aprenden muchas historias y rarezas históricas, culturales y personales. Empezando por la del propio  Eh'häusl.