¿Es una ilusión óptica? No, es la asombrosa villa de Freudenberg

Un peculiar juego visual con un resultado muy hermoso

José Miguel Barrantes Martín
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Como si de una especie de efecto visual se tratase, en la parte occidental del centro de Alemania se encuentra una población que nos hace frotarnos los ojos varias veces al observarla desde las afueras. Freudenberg nos propone un juego de simetría y armonía cuya consecuencia es un conjunto único cuya belleza tiene el poder de convertirlo en uno de los pueblos más bonitos de la mitad oeste del país.

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Un patrón geométrico con la esencia de otra época

Freudenberg es una modesta localidad del estado federado de Renania del Norte-Westfalia, situado al sur del mismo a muy poca distancia del estado de Renania-Palatinado. Emplazada a tan solo una hora por carretera desde la célebre ciudad de Colonia y a algo más de distancia de Bonn, al aproximarse a ella desde la lejanía, con un tupido manto de bosque como telón de fondo, rápidamente percibimos la hermosa peculiaridad de esta villa alemana.

Un horizonte de casas puntiagudas con tejados grisáceos a dos aguas y fachadas blancas embellecidas con entramados de madera ocupa nuestras miradas, con la ilusión de representar un mismo patrón que se repite de manera perfecta. Solo al acercarnos comenzamos a distinguir las sutiles diferencias que, más tarde, caminando por sus calles regulares, acabaremos por reconocer para sacarnos de nuestra falsa percepción.

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El Alter Flecken – el centro histórico de la población – es el culpable de esta sorprendente visión que impresiona por la belleza de su simetría. Un hecho que responde al momento del siglo XVI en el que un gran incendio destruyó el antiguo castillo dejando un gran solar en el que se idearon varias calles paralelas en las que se construyeron las viviendas hasta el siglo XVII, con tan fantástico resultado.

A pesar de que la localidad se encuentra a poca altitud sobre el nivel del mar, las pequeñas colinas cubiertas de masa boscosa de los alrededores parecen envolver al casco viejo dando el efecto de tratarse de una población de montaña.

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El placer de conocer la zona a pie

Las pequeñas dimensiones de Freudenberg, en especial el Alter Flecken – el viejo burgo -, la hacen ideal para visitar a pie, guiados por la referencia de la iglesia del siglo XVI, con su peculiar arquitectura militar testigo del desaparecido castillo. Pasear por esta vetusta población, cuyos orígenes se remontan al siglo XI, es como transitar por los pliegues de una fotografía en la que la armonía de las casas forma un cuadro perfecto. Un cuadro que no sería lo mismo sin los alrededores, en los que la extensa red de senderos incita a caminar entre los bosques para perderse en la naturaleza.

En este sentido, a tan solo siete kilómetros de la localidad, junto al pequeño pueblo de Niederholzklau se encuentra Bärenwaldeiche, un área de tupida vegetación donde se esconde el árbol más centenario de toda la zona de Siegerland, un anciano roble que fue declarado monumento natural en 1988 y de cuya existencia se tienen referencias ya en 1453. Conocido como el «roble del bosque del oso», tiene el privilegio de ser el habitante más longevo de toda el área, en cuya juventud aún no conoció la hipnotizante imagen de Freudenberg y sus casas de entramados de madera.

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