Ibiza sin verano también es posible

En contra de la opinión de muchos Ibiza no "echa el cierre" en octubre. Playas desiertas, naturaleza exuberante y una gastronomía exquisita es sólo una parte de los que ofrece la isla Pitiusa fuera de la temporada de verano.

Sara Acosta Díaz
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Foto: ISTOCK

Para conocer la esencia de Ibiza no debes viajar a ella en verano. Es cierto que la isla cuenta con algunas de las playas y calas más maravillosas de las Baleares pero también es verdad que la cantidad de gente que la visita en tan poco tiempo -300.000 personas al día en julio y agosto- hace que sea complicado disfrutar de ella a fondo y con tranquilidad.

Para ello lo mejor es visitar a sus lugareños "fuera de temporada". Con una temperatura que apenas baja de los 15 grados desde mayo hasta bien entrado octubre no es extraño poder disfrutar del mar como si en pleno verano estuviéramos. Y en invierno, cuando las temperaturas mínimas son más frescas, es el momento de recrearse en uno mismo: spas, yoga, tranquilos paseos, deportes de aventura y una amplísima gastronomía nos esperan.

Los dominios del dios Bes

Ocupada desde la Edad de Broce, Ibiza -Ibosimen fenicio- significa "isla de Bes", dios de la fertilidad egipcio adoptado por los fenicios que creían que ahuyentaba a las serpientes. Este símbolo de la isla se representaba con una serpiente en una mano y con un cuchillo en la otra y el hecho de que en Ibiza no hubiese serpientes hasta el siglo XXI afianzaba su poder.

Más allá de las serpientes, en Ibiza la cultura fenicia está aún muy presente. Un ejemplo es Puig des Molins, una de las necrópolis más grandes del mundo con más de 3000 años de antigüedad. De origen fenicio, en realidad fue utilizada por todas las culturas que han pasado por la isla -púnicos, cartagineses, romanos-. Aquí, además de su museo, se pueden visitar varios hipogeos -cámaras funerarias- que reconstruyen fielmente los enterramientos púnicos (V y IV a.C.) y romanos (siglo I).

Por otra parte, el parque natural de Ses Salines de Ibiza y Formentera, con 2.000 hectáreas terrestres y 13.000 marinas, es uno de los humedales más importantes de Europa y ha sido declarado Zona de Especial Protección para las Aves gracias las garzas y flamencos. Este parque cuenta con las propias salinas que llevan en explotación desde el 600 a.C cuando los fenicios comenzaron a extraer sal del mar. Privatizadas en el siglo XIX por la dinastía Borbón, desde entonces pertenecen a Salinera Española que exporta la sal que no se consume en la isla a los países nórdicos. Sólo hay que echar un vistazo para ver las montañas de sal que se extraen de los estanque salineros y que son los responsables de la gran biodiversidad de la zona.

Dentro de las murallas de Ibiza

Pero los fenicios no ha sido la única cultura que ha pasado por Ibiza. Un ejemplo de ello es Dalt Vila. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999, es la parte más antigua de la ciudad -sus orígenes datan del siglo X- y para pasear por ella hay que traspasar las murallas renacentistas mejor conservadas de Europa. Con dos kilómetros de perímetro y siete baluartes, fueron levantadas entre 1554 y 1585 por orden de Carlos I -primero- y Felipe II -después- por el ingeniero italiano Giovani Battista Calvi. Aunque tienen cuatro puntos de entrada, la puerta de Ses Taules es la principal y probablemente la más llamativa gracias a su puesta en escena: un puente levadizo dominado por el escudo de los Habsburgo y flanqueado por dos estatuas romanas.

Una vez dentro de Dalt Vila, el Patio de Armas recibe al visitante. Famoso por ser el punto de venta de los primeros hippies que se establecieron en la isla en los ''60, es una plaza porticada y empedrada donde sus diez arcos de medio punto llaman la atención. Una vez traspasado, la historia espera al visitante. Aquí, el interior del Museo de Arte Contemporáneo -construido sobre la sala de armas del baluarte de San Juan- ofrece algunas de las mejoras obras realizadas en Ibiza expuestas sobre un suelo transparente bajo el que restos púnicos (siglo IV a.C.) luchan por la atención del visitante con los restos musulmanes del XI.

Pero Dalt Vila también son cuestas, calles empedradas, palacios y una arquitectura donde aún se siente la Edad Media. Entre todas las construcciones destacan la Catedral de estilo gótico catalán dedicada a Santa María de las Nieves y un castillo árabe del siglo X que se espera se convierta en el primer Parador de las Islas Baleares y cuyas obras están paralizadas.

El interior de la isla

Uno de los grandes atractivos y a la vez desconocidos de Ibiza es su interior. Campos cultivos se mezclan con sus pequeños pueblos formados por casas desperdigadas casi sin orden ni concierto. Y es que hasta el siglo XVIII la población estuvo diseminada por toda la isla ya que, de esta manera, el saqueo de los piratas era más complicado. Esta población se refugiaba y se reunía en las iglesias y de ellas tomaron el nombre los pueblos. Un ejemplo de ello es Santa Gertrudis, con una iglesia del siglo XVIII en estilo ibicenco con una modesta única nave central y porticada. Famoso por sus bocadillos, este pequeño pueblo de casas blancas y bajas se puede decir que es el centro de la isla.

Otro ejemplo de "pueblo santo" es San Carlos donde cada sábado del año se celebra Las Dalias, un mercadillo hippie que este año ha cumplido su treinta aniversario. Y es que fue aquí, junto con Santa Gertrudis, donde se asentó el movimiento hippie en la isla desde 1967 hasta 1972, cuando un enfrentamiento entre "peludos" -hippies- y "payeses" -oriundos de Ibiza- hizo que se disolviera y tan sólo quedaran algunas reminiscencias.

Pero el interior de la isla también son viñedos. En Sant Mateu de Albarca, parroquia de San Antonio, se encuentra la bodega Sa Cova, familiar y la primera de la isla en comercializar vino. Juan Bonet y su familia lo hace desde 1993. Cada año producen, a través de un proceso manual de cosecha y selección de la uva, unas 25.000 botellas de vino que venden en la propia isla y exportan a Alemania.

Por otra parte, los amantes del arte encontrarán en la carretera de Santa Eulalia un pequeño rincón en el que maravillarse, la galería de arte PIART IBIZA. Aquí, artistas locales e internacionales se mezclan en una exposición que se renueva cada dos o tres meses desde finales de 2013.

El hedonismo ibicenco

Una vez bien empapados en la cultura ibicenca lo mejor es darnos al hedonismo. Esta época es perfecta para conocer una isla calmada y sosegada. Así, no hay nada como disfrutar de una exclusiva clase de yoga al atardecer con el islote de Es Vedrà como acompañante o de un espectacular atardecer en La Torre Ibiza, en Cap Negret, con el sol metiéndose tras el islote de Conejera, mientras se disfruta de una copa de champagne. Todo tras una jornada de spa en alguno de los establecimientos que ofrece la isla como el hotel Aguas de Ibiza, en Santa Eulalia, con 1500 m² dedicados a la relajación y al bienestar.

Como no podía ser de otra manera, la gastronomía es parte indispensable en el turismo. No se conoce un lugar si no se disfruta de su comida. En este sentido, nadie puede dejar Ibiza sin haber probado platos típicos como la ensalada de crostes -de tomate y pan-, el Bullit de Peix -guiso de pescado de roca- o la Borrida de ratjada -guiso de raya- así como postres como la greixonera -una especie de pudding a base de ensaimadas- o el flaó -pastel de requesón, anís y hierbabuena-. Restaurantes como Can Cires, en Sant Mateu d''Albarca, ofrecen esta gastronomía típica en un ambiente único.

Por último, para descansar bien y reponer fuerzas, Ibiza cuenta con unos 30 agroturismo que se mantienen abiertos todo el año y que ofrecen una visión diferente del alojamiento de la isla. En este sentido, Can Curreu o Can Lluc, en San Rafael, son dos buenos ejemplos. Can Lluc es una antigua casa payesa rodeada por 12.000 metros de bosque y remodelada con un gusto exquisito en el que no falta detalle. Dirigido por Lucas y su familia, cuenta con 20 habitaciones además de gimnasio, spa, restaurante y bar.