Ibiza en invierno, la cara más tranquila y auténtica del paraíso

Contemplar una puesta de sol con la naturaleza como único acompañante, pasear por la orilla del mar, descubrir rincones y calas donde no habita ni un alma o tomar un aperitivo frente a una playa tranquila. Un sinfín de posibilidades convierten el invierno de Ibiza en la temporada perfecta para explorar la isla y embriagarse de su magia.

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Foto: Ibiza Travel

La isla blanca está repleta de paisajes naturales que se mantienen verdes a lo largo de todo el año. Pinos, almendros, olivos, higueras y prados llenos de flores de todos los colores conviven con calas escondidas entre acantilados que esculpen paisajes que cortan la respiración. Todo ello, sumado a una gastronomía autóctona a base de productos de la tierra, costumbres y tradiciones ancestrales y una infinidad de posibilidades para practicar deportes al aire libre, convierte a Ibiza en una isla de contrastes que en invierno muestra su faceta más sosegada y auténtica. Su famoso magnetismo espiritual se percibe de forma mucho más intensa cuando los veraneantes abandonan la isla y la calma se adueña de este edén del Mediterráneo.

Una de las opciones más atractivas que ofrece la isla durante los meses de invierno son sus fiestas patronales. Sin duda, noviembre es el mes donde las más típicas costumbres y tradiciones se dan cita y lo moderno se fusiona con lo antiguo. En muchas familias perdura la matanza del cerdo y también se mantiene la elaboración de aceite de oliva de forma tradicional. Todo aquel que viaje a la isla durante este mes podrá disfrutar de las fiestas patronales de Sant Carles y Santa Gertrudis, que conservan el encanto de las celebraciones populares de antaño. Los amantes de la enología no deben perderse la fiesta del vino de Sant Mateu a primeros de diciembre. Este mes es ideal para una escapada aprovechando el puente de la Constitución o las fiestas navideñas. Durante esos días tan entrañables es posible deleitar a nuestros oídos con los cantos tradicionales conocidos como caramelles, conciertos de música tradicional que recorren las iglesias de la isla. Además, celebrar la Nochevieja en Ibiza puede ser una forma alternativa y especial de dar la bienvenida al nuevo año.

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Fiestas y almendros en flor

Enero es también un mes muy propicio para recorrer la isla blanca. Las cabalgatas de Reyes ponen el colofón a las fiestas navideñas, y las fiestas patronales de Santa Agnès de Corona y Sant Antoni de Portmany ofrecen gran variedad de actividades. Uno de los espectáculos más hermosos de la isla tiene lugar en febrero, en el Pla de Corona, en Santa Agnès: los almendros en flor, que durante las primeras semanas del mes muestran todo su esplendor. Existen diversas caminatas y senderos que permiten disfrutar pausadamente de esta maravilla de la naturaleza.

Otra opción durante el mes más corto del año es participar en las ruas de carnaval, tanto en la ciudad de Ibiza como en Santa Eulària, Sant Antoni o Sant Joan (normalmente en febrero, pero dependiendo de las fechas de Semana Santa).

Fuera de temporada o en temporada baja, la práctica de deportes al aire libre constituye un aliciente más debido a las agradables temperaturas que se disfrutan. Uno de los eventos deportivos más emblemáticos es la Trail Maratón, que se celebra el día 1 de noviembre. Ciclismo, senderismo, rutas a caballo, deportes acuáticos e incluso natación en el mar son actividades que se pueden practicar durante todo el año. Aunque las aguas de la isla están frías durante los meses invernales, son ideales para disfrutar de un baño aislados del mundanal ruido y a salvo de la masificación veraniega.

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Cultura y gastronomía

En Ibiza no hay lugar para el aburrimiento, ni siquiera en invierno. Muchos de sus famosos mercadillos mantienen sus puertas abiertas todo el año. Es el caso del mercadillo hippy de Las Dalias, que abre los sábados de invierno de 10 a 18 horas. Y todos los días en la temporada navideña. Los domingos, los mercadillos de artesanía de Sant Joan y el de Cala Llenya, con artículos de segunda mano, son muy peculiares y permiten observar cómo viven y trabajan los populares hippies de la isla.

La vida cultural es otra alternativa a tener en cuenta. La oferta de museos permanece activa durante el invierno, destacando el Museo de Arte Contemporáneo y el Museo Arqueológico, ambos en Dalt Vila. Tampoco hay que dejar escapar la oportunidad de pasear por las angostas calles de la parte vieja de la ciudad, explorando sus hechizantes rincones y su historia. El recinto amurallado de Dalt Vila fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999. Desde la parte más alta de Dalt Vila, las vistas de la ciudad y de la isla son impagables.

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Y es que Ibiza no es solo un destino para el verano. Este privilegiado rincón del planeta merece ser saboreado en todo su esplendor. Las altas temperaturas estivales dan paso a un cálido y colorido otoño, seguido por un invierno suave que muestra el ritmo original de esta isla mediterránea donde la vida transcurre sin agobios y el tiempo se detiene para observar la esencia de las pequeñas cosas.

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