Ibiza, (también) en invierno
Ibiza no es sólo para el verano. La isla frágil y verde de la diosa Tanit, que el mundo entero conoce por la espuma de sus excesos estivales, apuesta con mucha firmeza por dotarse de estructuras que la conviertan en un destino permanente. Naturaleza y arquitectura seducen por igual y su disfrute en los meses invernales permiten descubrir la Ibiza real, con cada vez más lujosos spas de categoría cinco estrellas para una estancia privilegiada.

Desde que Chopin y George Sand, con su piano y su tisis a cuestas, pasaron en Mallorca aquel invierno de 1839 (que la escritora amortizó con su libro Un invierno en Mallorca y Chopin con un par deimpromptus), parecía que se hubiera producido un tácito reparto de papeles: para Mallorca, el invierno; para Ibiza, el verano y su locura: las discos a 50 euros la entrada (sin consumición), los vuelos low cost para llenar esos antros, los atardeceres/amaneceres playeros envueltos en celofán chill out... O sea, la sustancia de lo que podríamos llamar "la isla invisible", ya que esa fauna sale de noche a desovar como las tortugas y sólo es detectable a través de sus huellas, en forma de bronca decibélica y coches despachurrados en la cuneta, llegado el alba. Estos pecios son todo lo que quedaría de aquella mitología de papel cuché de los años 60 y 70. Cuando los guapos de la isla no eran Pocholo y sus secuaces sino Ursula Andress, Clifford Irving, Elmyr de Ory (dos sublimes impostores, cada uno en lo suyo: uno pintaba picassos, el otro se inventaba las memorias de Howard Hughes) y aquella guirnalda floral de hippies que practicaban la moda ad lib y adoraban la arquitectura blanca. La cual, por cierto, hoy puede admirarse en conjuntos como Sant Llorenç de Balàfia (torres de Balàfia) o el núcleo viejo de Santa Eulària del Riu, donde existe un voluntarioso museo etnográfico.
Cada época tiene sus sagas, sus dioses, sus vicios. Y los tiempos cambian, querámoslo o no. Una cierta llamada a la cordura fue el gesto de la Unesco de proclamar a Ibiza Patrimonio de la Humanidad en base a cuatro rasgos o elementos agrupados bajo el epígrafe "biodiversidad y cultura". El primero es la acrópolis fortificada de Dalt Vila, bastión renacentista que sigue siendo la postal imbatible. Otros dos bienes culturales son el poblado fenicio de Sa Caleta (donde tuvo origen el crecimiento isleño) y la necrópolis púnica del Puig des Molins, con tumbas y objetos recogidos en un museo de sitio (la visión antigua hay que completarla en el Museo Arqueológico, junto a la catedral, y yacimientos dispersos por la isla).
La cuarta partida invocada por la Unesco es mixta, ya que Ses Salines, además de explotación milenaria, son una reserva natural tapizada por praderas submarinas de posidonia. Los verdes consiguieron salvar in extremis a Cala d''Hort, frente a los peñascos pintureros de Es Vedrá, de un campo de golf con urbanización de regalo. Ahora Cala d''Hort y Ses Salines son parques naturales que se disfrutan en visitas guiadas, prácticamente a la carta, y con infatigables programas de actividades.
A esta llamada de atención sobre la cara seria del territorio de Tanit (la diosa púnica de la fertilidad, qué coincidencia) han sucedido acciones y estrategias para reforzar otros elementos que podrían tomarse como señas de identidad en su versión más permanente. Ahí cabría encajar, por ejemplo, la musealización del recinto amurallado, completando y acondicionando el recorrido, instalando paneles informativos e incluso maniquíes y un cierto atrezzo, creando en su conjunto una suerte de museo al aire libre. Otra seña recobrada podrían ser dos nuevos museos. El primero es Medina Yabisa, un centro de interpretación en la histórica Curia y que muestra el pasado islámico de la isla con artilugios de última generación. El otro museo ocupa el palacete de Can Comasema, también en Dalt Vila, y está dedicado a los pintores Puget, padre e hijo: Narcís Puget Viñas, el padre, pone medio centenar de óleos y una treintena de dibujos; el hijo, Narcís Puget Riquer, otro medio centenar de dibujos y acuarelas. Ambos artistas permiten descifrar la Ibiza real, con sus ritos y costumbres, su paisaje y su paisanaje...
Algo mucho más a lo grande es el nuevo Palacio de Congresos y Centro Cultural, ubicado en Santa Eulària (que, junto con Sant Antoni, son los dos pueblos más grandes de la isla). Tan nuevo, que sólo está acabado lo que es el Centro Cultural; falta por inaugurar el Palacio-Auditorio, que contará con 1.243 butacas, pero podrá dividirse en espacios menores, según las necesidades. A esta versatilidad funcional, el recinto suma el interés de su arquitectura, inspirada en la tradición ibicenca, con un gran cuerpo rectangular (Palacio- Auditorio) soldado al entorno mediante los volúmenes del Centro Cultural, que se pliegan de manera más libre y abierta a las curvas de nivel y a la vegetación.
Otra apuesta de envergadura son los hoteles con spa o casino. Hasta ahora sólo existía un cinco estrellas, la Hacienda Na Xamena, abierta en 1971 en la finca de un arquitecto belga de origen polaco, Daniel Lipszyc, y regida ahora por su hijo y la mujer de éste; una de sus últimas ocurrencias son las "cascadas suspendidas", circuito de aguas al aire libre, en la falda del acantilado, sobre el vacío y frente al mar. El año pasado abrió en Santa Eulària otro cinco estrellas con talasso-spa, el Fenicia Prestige, y en febrero abrirá el Ibiza Gran Hotel, también con spa y con el único casino de la isla, al lado de las discotecas El Divino y Pachá; por cierto, frente a esta última, El Hotel de Pachá ofrece una decoración fashion, como era de temer. Otro spa que abrirá este invierno junto al Palacio de Congresos es el Aguas de Ibiza. Y en el casco antiguo de Dalt Vila, dos novedades: El Mirador, otro cinco estrellas que ocupa un edificio histórico, y ¡por fin! parece que va en serio lo de transformar la antigua Almudaina en Parador.
También está ya operativa la nueva página web de turismo, www.ibiza.travel. En ella se puede consultar la programación cultural, deportiva, direcciones, todo lo que el foráneo (o el indígena) pueda necesitar para pasar un invierno en Ibiza, tan movido y divertido como el verano.
Síguele la pista
Lo último