Hwange: el tesoro verde de Zimbabue

Explosión de vida junto al Kalahari. El Parque Nacional de Hwange es la reserva natural más grande de Zimbabue (cerca de quince mil kilómetros cuadrados, casi como la provincia de León) y el tercer parque más grande en extensión de Africa. Este año se cumple el 90 aniversario de su primera protección como reserva natural. Limita con el desierto del Kalahari y está a una hora en coche de las cataratas victoria. Atesora una flora y fauna espectacular, en la que destaca especialmente la población de elefantes. y cuenta con una ventaja sobre los demás destinos de safari: hay poca aglomeración de turistas, especialmente fuera de la temporada alta.

Epigmenio Rodríguez
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Foto: paulafrench / ISTOCK

Hwange National Park está situado al oeste de Zimbabue, entre la frontera de Botsuana y la carretera que une Bulawayo con las cataratas Victoria, de las que dista poco más de cien kilómetros. Su extensión es de 14.600 kilómetros cuadrados. Durante el siglo XIX, el lugar (cuyo nombre –que con frecuencia, entre los locales, aparece como Wankie– se debe a un jefe local nhanzwa) había venido siendo espacio de caza de los reyes nbedele. La llegada de los colonos blancos, junto con la ausencia de restricciones a la caza durante décadas, tuvo un impacto enorme en la fauna, poniendo al borde de la extinción muchas de las especies. Para regular la actividad cinegética, fue proclamado Reserva de Caza en 1928. Veinte años después, en 1949, sería declarado Parque Nacional. El primer guarda de la Reserva, Ted Davison, junto con su equipo, dedicó los más de treinta años que permaneció en la guardería a desarrollar el lugar hasta convertirlo prácticamente en lo que es hoy en día.

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Uno de los problemas que se encontraron fue la carencia de agua durante buena parte del año. El suelo, arenoso en más del ochenta por ciento (el parque se encuentra en uno de los bordes del desierto del Kalahari), hace que las charcas y pequeñas lagunas que se forman en la temporada de lluvias desaparezcan en cuanto llega el tiempo seco. Dos fueron las principales medidas que se adoptaron para resolver el problema. La expropiación y anexión de algunas granjas con acuíferos, al oeste del ferrocarril de Bulawayo a Victoria Falls, y, sobre todo, la perforación de pozos. Los pozos garantizan la supervivencia de las tres cuartas partes de la fauna del Parque Nacional.

Otras medidas que a lo largo del siglo XX transformaron Hwange fueron las patrullas antifurtivos, el fin de las concesiones madereras, el establecimiento de los primeros lodges para turistas, la construcción de presas-estanque (hasta trece), la erección de vallas en los límites norte, sur y sudeste, y el asfaltado de la carretera desde Main Camp hasta Shumba (en dirección a los campos Robin's y Sinamatela). Y entre los hitos cabe destacar la recuperación de la población de leones a partir de finales de los 30, la de los perros pintados a partir de los 60, la llegada de estudiosos de la naturaleza a partir de los 50 y la reintroducción de los rinocerontes (blancos y negros) en los años 60.

La vida en el parque

El clima se caracteriza por la existencia de dos estaciones bien diferenciadas. La de las lluvias (con una cierta diferencia ente el norte, donde se recogen más de seiscientos mm al año, y el sur, donde no llegan a los quinientos), en la que las temperaturas son entre suaves y altas, y el invierno (desde julio hasta octubre), cuando a la sequía se unen las bajas temperaturas, de modo que las heladas severas son algo habitual cada año. En las áreas boscosas dominan la teca y el mopane. En las más abiertas, la acacia africana y la palmera. Y por todas partes, la sabana arbustiva. Los espacios de pradera pura no abundan. Únicamente aparecen en algunas zonas donde el agua no se filtra con tanta facilidad. En todo caso, el conjunto vegetal, resuelto el problema del agua, es suficiente para sustentar la rica vida animal que lo habita (más de cien especies de mamíferos y por encima de cuatrocientas aves).

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Vida animal en la que destaca la población de elefantes. Con un número de más de veinte mil, según el censo oficial de 2013, y hasta el doble, de acuerdo con otras fuentes –el censo se elabora artesanalmente por más de ochenta equipos desplegados durante veinticuatro horas a largo de los tres campos del parque–, no solo se trata de uno de los grupos mayores de África sino que el paquidermo constituye el elemento esencial del ecosistema de Hwange. En la época seca es normal verlos en manadas de cientos junto a las charcas e incluso en la época de lluvias lo normal es haber avistado docenas, incluso cientos, al final de la jornada.

Grandes herbívoros

Del resto de los grandes herbívoros, destacan las poblaciones de búfalos, impalas y cebras (por encima de tres mil en los tres casos), así como los kudus (algo menos de dos mil). Todos ellos pastan con un ojo siempre atento a la posible presencia de depredadores en las cercanías, en los alrededores de las charcas. Junto a ellos, aunque su número es menor, es fácil ver antílopes sable, ñus y elands. Las jirafas, pese a que su censo está por debajo de las mil, se pueden avistar con frecuencia, hasta en grupos de algunas decenas; su carácter tranquilo y apacible las lleva a mantenerse muy cerca de las rutas seguidas por los visitantes. El rinoceronte, escaso tanto en la variedad blanca como en la negra, puede verse en las áreas de los campos del norte: Sinamatela y Robin’s.

Simon Eeman / ALAMY

En cuanto a los depredadores, la población del parque incluye tres de los grandes felinos: el león, el leopardo y el guepardo. Junto a estos, la hiena, el chacal y el perro salvaje (o perro pintado, que es como se le conoce en Zimbabue). Todos ellos, cuya población se mide en cientos, en algunos casos, y en decenas en otros, pueden ser avistados si se tiene la suficiente paciencia y se siguen con rigor sus patrones de comportamiento durante los distintos momentos del día, a lo largo de los meses secos, cuando se acercan a beber. No es tan fácil, sin embargo, localizarlos durante la temporada de lluvias, tanto por la abundancia de agua como por la altura de la hierba (lo que, de paso, obliga a reforzar las precauciones a la hora de bajarse del vehículo).

Con más de cuatrocientas especies de aves, desde el enorme avestruz hasta la grácil abubilla africana, pasando por la imponente águila, la hermosísima grulla coronada o las confiadas perdices y gallinas de guinea, Hwange es también un paraíso para los amantes del birdwatching, actividad que (a causa, sin duda, de la influencia inglesa) mueve a muchos de los visitantes que se acercan al parque.

Los tres campos (y el Southern Wilderness)

Las partes del parque abiertas al turismo en general cuentan con tres campos, cada uno con su oficina administrativa: Main Camp, en el este, y Sinamatela y Robin’s, en el norte. El resto, una extensión inmensa y sin desarrollar para el turismo que linda con Botsuana, es el territorio conocido como Southern Wilderness.

Main Camp está en la entrada principal del parque, en las cercanías de Dete, a 15 kilómetros de la carretera que une Bulawayo con las cataratas Victoria. Además de las oficinas, el campo cuenta con gasolinera, restaurante, tiendas de ultramarinos y de recuerdos, museo, así como distintas formas de alojamiento y acampada. Desde Main Camp se pueden llevar a cabo dos rutas largas, aunque fáciles de hacer en una jornada cada una si se madruga y aprovecha la luz del día, que viene a coincidir con el horario de apertura y cierre del parque. La primera de ellas, hacia el sureste, tiene un recorrido de unos 130 kilómetros. A lo largo de la ruta hay docenas de charcas durante la temporada de lluvias, y ocho o diez que cuentan con pozo y bomba alimentada por panel solar. Tres de ellas cuentan, además, con attended picnic sites, un espacio vallado a cuyo cargo hay un miembro del personal del parque (amabilísimo en todos los casos, algo que, por lo demás, es lo habitual en el país), donde se puede acampar, y que cuenta con agua, cocina y servicios, incluyendo ducha. Están ubicados en Kennedy 1, Jambili y Ngwesla. Esta última, en medio de una llanura abierta de más de tres mil hectáreas, constituye uno de los lugares míticos para la observación de fauna. Conviene acampar en este picnic site para observar la fauna desde el amanecer.

Staffan Widstrand / ALAMY

Existen en el parque algo más de media docena de espacios cuya explotación turística le ha sido concedida a empresas privadas. Algunas de estas concesiones (las más extensas) están en las cercanías de Ngweshla, en el extremo oriental del parque. Cada una cuenta con uno de los denominados campos semi-permanentes. Se trata de Somalisa, Makololo, Little Makololo, Davison y Linkwasa. La otra ruta, hacia el oeste de Main Camp, lleva hasta White Hills, y la distancia es algo menor que la ruta de Ngweshla. Se puede ir por Guvalala y regresar por Tshebe-Tshebe. Entre este último y Mabuye, un desvío de una docena de kilómetros permite acercarse a Mtoa, donde se conservan las ruinas del mismo nombre, datadas en el final de la Edad de Piedra (que aquí se correspondería con los siglos XV-XVII). Uno de los puntos de interés de esta ruta está en Nyamandlovu, a poco más de diez kilómetros de Main Camp. En él, una plataforma-escondite levantada junto a la charca facilita, gracias a la elevación sobre el suelo, el avistamiento de los depredadores, especialmente cuando la hierba está alta.

Al campo Sinamatela, en el norte del parque, se accede desde la ciudad de Hwange, tras recorrer 45 kilómetros (o sea, desde la carretera de Bulawayo a Victoria Falls). También se puede acceder desde Main Camp, distante 120 kilómetros, pero el paso no está permitido después de las 14.00 horas. El campo, establecido en 1966, cuenta con gasolinera, restaurante, tiendas y distintas opciones de alojamiento y acampada. En el área de Sinamatela (y lo mismo ocurrirá con la de Robin’s) el paisaje cambia. La arena del Kalahari desaparece, y el suelo rocoso es surcado por ríos (estacionales, eso sí) que han excavado algunos valles sobre los que las vistas desde las elevaciones son hermosísimas. El propio campo está sobre una de esas elevaciones, lo que le da unas magníficas vistas sobre el valle del río del mismo nombre. Abundan las masas boscosas de mopane. La principal ruta desde el campo sigue los valles del Sinamatela y el Lukosi. Un total de 70 kilómetros, ida y vuelta, si uno se acerca a Masuma (en la ruta del Main Camp). Hay attended picnic sites en Mandavu, Masuma y, un poco más lejos, en Shumba. A partir de esta, en dirección a Main Camp, un par de concesiones más: Camp Hwange y Nehimba. En el embalse de Mandavu abundan los hipopótamos y los cocodrilos.

Otra ruta, algo más difícil y que requiere vehículo 4x4, lleva hasta las ruinas de Bumboosi, datadas alrededor de finales del siglo XVII, en el límite norte del parque, pasando por las Smith's Mine Hills. En total, unos 60 kilómetros ida y vuelta. A Robin's se puede llegar de dos formas: desde Sinamatela (60 kilómetros) o atravesando la reserva de caza Matetsi, a la que se accede por un desvío desde la carretera de Victoria Falls, aproximadamente a medio camino entre esta y Hwange. Desde Main Camp, la distancia a través del parque es de casi 150 kilómetros, de ahí la restricción que impide partir después de las 14.00 horas. Al igual que los otros dos campos, Robin’s dispone de gasolinera, restaurante, tienda, espacio para acampada y alojamientos diversos.

Árboles petrificados

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Robin's alberga la mayor densidad de leones, por lo que es relativamente fácil encontrarlos. Y no es difícil avistar, con suerte, el rinoceronte negro. Desde este campo pueden hacerse varias rutas relativamente cortas (máximo 70 u 80 kilómetros ida y vuelta, y algunas no más de cuarenta), de modo que, con buen tiempo, no hay problema en disfrutar un par de ellas en el día. Una de las rutas, al sur del campo, lleva a Little Toms (en el que hay una plataforma-escondite elevada), a Big Toms (donde existe un attended picnic site) y regreso pasando por el embalse de Salt Pan. Todo ello en poco más de 40 kilómetros. Otra ruta, hacia el este (la más larga, por encima de 70 kilómetros ida y vuelta), lleva hasta Chingaobe y Deteema (donde hay un attended picnic site) pasando por Crocodile Pools. En las cercanías de Deteema se encuentra un lugar de enorme interés: el Fossil Forest. Varias zonas donde se encuentran restos de árboles petrificados. Una de ellas, cerca de la pista principal, ha sido declarada Monumento Nacional. Según los expertos, los restos tienen entre doscientos y doscientos cincuenta millones de años, y se formaron en los tiempos de Gondwana (la masa continental de la que surgirían las actuales África, Sudamérica, Australia, el Indostán y Madagascar).

Hacia el oeste, en la temporada seca, está abierta la ruta que lleva hasta Mohohoma, Reedbuck Vlei y Deka (50 kilómetros ida y vuelta). En Deka se encuentra uno de los campos semi-permanentes del parque. Para los más decididos y aventureros existe la posibilidad de adentrarse en los bosques de teca del sur, hacia Tsamhole (45 kilómetros ida y vuelta). Con tiempo, el regreso puede hacerse por Man-zimbomvu y Mbejane, hasta Deteema. Total, 80 kilómetros.

La mayor área protegida mundial

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Kavango Zambezi Transfrontier Conservation Area es el proyecto más ambicioso desde el punto de vista medioambiental en el continente. Cuando se superen las dificultades político-administrativas (hay cinco países implicados: Angola, Botsuana, Namibia, Zambia y Zimbabue), se habrá convertido en el área protegida más extensa del mundo: casi trescientos mil kilómetros cuadrados, casi la superficie de Italia. El área, centrada en la parte oriental del Caprivi, el Chobe y la zona de Victoria Falls, incluye el Hwange National Park, además de otros en el norte de Zimbabue. Alberga más de tres mil especies vegetales (aproximadamente cien de las cuales son endémicas de la región) y más de seiscientas especies de aves. Y, por supuesto, la mayor población de elefantes de África. En ella se encuentran maravillas naturales como las cataratas Victoria y el delta del Okavango.