Huellas y paisajes de "El Padrino" y la familia Corleone en Sicilia

Cuarenta años han transcurrido desde que la primera entrega de la saga de "El Padrino" recibiera tres Oscar. Aunque posteriormente le siguieran dos producciones más, esta obra maestra de Coppola debe verse como una unidad, de la que buena parte de sus localizaciones se concentra en Sicilia. Perseguir sus huellas merece un viaje.

B. Iznájar

Con el sempiterno ardor quemándole su garganta, el Etna del verano de 1971 ansiaba con envidia el granizado de limón con el que Francis Ford Coppola aliviaba el sofoco, al cobijo del emparrado del bar Vitelli. Desde su adusta posición al Este de Sicilia, los ojos del volcán han sido testigos también de los veinte siglos de vida que han conformado la diversidad cultural de esta isla mediterránea que acaricia la costa sur de Italia. El director de El Padrino y su equipo estaban en aquella taberna para dejar su rúbrica sobre la escena en la que Michael (Al Pacino) se presenta ante el padre de la chica que pretende, Apollonia (Simonetta Stefanelli). Buena cuenta de ello da la galería fotográfica que decora las paredes de este emblemático lugar delpueblo medieval de Savoca. Por sus calles empinadas, el paseo conduce hacia el monasterio de San Niccolo, una pausa ineludible para rememorar la boda de los jóvenes en la chiesa de Santa Lucía.

La ruta prosigue, sin abandonar la provincia de Mesina, en busca de la brisa que despide el Mar Jónico, ese brazo del Mediterráneo que baña la costa del pintoresco pueblo de Forza d''Agrò, que se asienta sobre uno de los montes Peloritanos. Contrasta que su quietud y sus matices de verde también sirvieran como plató de la genial trilogía sobre la Cosa Nostra. Ahí, desde su plaza Central, asciende una escalera hacia la Madre di Forza d''Agrò, atalaya que utiliza el hijo pequeño de Don Vito para mostrar a su ex esposa la panorámica de su pueblo natal, Corleone, que paradójicamente nunca formó parte de los escenarios de la saga. Desde esta localidad también huyó el capo a América con la ayuda de un asno.

Como hacían los jóvenes aristócratas del XVIII para perfeccionar su educación, el equipo de producción llega a la última etapa del Grand Tour: Palermo, la capital siciliana. Entre su algarabía urbana destaca un patrimonio arquitectónico compuesto por edificios árabes y normandos, templos cristianos y teatros clásicos. Uno de ellos, el Massimo, presta su escalinata para el cierre de la trilogía, una escena que se desencadena entre los leones de bronce que la flanquean como representantes de la Tragedia y la Lírica.