La huella española en Filipinas

Un recorrido por los principales lugares que evidencian la influencia española en el archipiélago.

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Foto: VIAJAR

Si bien es cierto que al nombrar Filipinas acuden a la mente imágenes de playas paradisiacas y naturaleza desbordante, el archipiélago es también hogar de un inmenso patrimonio cultural en el que se mezclan las tradiciones de los pueblos originarios del país con más de 300 años de dominio español. Este patrimonio va desde arraigadas fiestas populares hasta una arquitectura peculiar, en ocasiones declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco gracias a sus importancia histórica.

Así, en un viaje a Filipinas nos sorprenderá entender parte del idioma, pero también la familiaridad de algunos de sus edificios y costumbres. Y es que aunque pueda parecer poco, han pasado poco más de 100 años desde que Filipinas proclamara su independencia de España (1898) y en cuestiones de arquitectura y costumbre un siglo no es nada.

Iglesias Barrocas de Filipinas

jejim / ISTOCK

Filipinas es el único país católico de Asia, y lugares como este lo demuestran. Declaradas por la Unesco Bien Cultural en 1993, las Iglesias Barrocas de Filipinas son un conjunto de cuatro iglesias situadas en Manila, Ilocos Sur, Ilocos Norte e Iloílo. Estas cuatro iglesias fueron construidas por españoles a finales del siglo XVI y son resultado de la interpretación local del barroco europeo.

La ciudad histórica de Vigan

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Esta ciudad, que también es Patrimonio de la Humanidad, está situada en la isla de Luzón, concretamente en la provincia de Ilocos Sur. Fundada en el siglo XVI, la ciudad de Vigan es ejemplo perfecto del urbanismo colonial español en territorio asiático. La arquitectura del lugar, que refleja la confluencia de múltiples influencias culturales en una misma región, ha configurado un paisaje urbano excepcional que el viajero no debe perderse.

Intramuros (Manila)

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Manila es la capital del país. Al sur de la ciudad, junto al río Pasig, se erige un recuerdo del pasado castellano de la metrópoli: la ciudad amurallada de Intramuros. Construida en 1571 por el conquistador español Legazpi, sus altas paredes de piedra sirvieron para defender el palacio, la catedral y las iglesias construidas en su interior hasta la II Guerra Mundial, cuando fueron derruidas. Intramuros y sus edificios fueron reconstruidos tras los bombardeos norteamericanos y a día de hoy alberga estructuras históricas y calles empedradas que recuerdan a alguna ciudad europea.

Fiestas y calesas

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Pero no solo la arquitectura rememora el pasado español de Filipinas. El país posee también festividades que bien podrían recordar al Madrid más castizo. Un ejemplo de ello es la celebración dedicada a San Isidro Labrador en la provincia de Quezón, al sudeste de Gran Manila. Durante este día los filipinos se visten con sus mejores galas para recibir al santo en su procesión. Por otro lado, las calesas recorren de arriba abajo la ciudad de Manila. Como si uno en vez de en Asia se encontrara paseando por Sevilla.