Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

El hotel-balneario de Austria que parece sacado de un cuento: pasillos interminables, árboles que brotan de las paredes y tejados cubiertos por hierba

Esta magnífica obra de arte concebida por el arquitecto Hundertwasser, desafía las reglas de la arquitectura convencional, conquistando los sentidos de quienes se alojan aquí.

Este oasis diseñado por Hundertwasser borra los límites de la arquitectura

Este oasis diseñado por Hundertwasser borra los límites de la arquitectura / Rogner Bad Blumau

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Campos de calabazas, viñedos y bosques se suceden entre suaves colinas. A través de la ventanilla del coche contemplamos cómo la región austriaca de Estiria despliega todo su esplendor, salpicando el camino de secretos por descubrir. Y estamos a punto de adentrarnos en el más sorprendente de ellos.

Tras algo menos de dos horas de conducción desde Viena, asoma el pequeño pueblo de Bad Blumau, conocido por su complejo termal Rogner Therme Bad Blumau, cuyos orígenes se hunden en estas fértiles tierras de origen volcánico dibujando un auténtico sueño bañado de color para quienes aman el arte y la arquitectura.

Relucientes cúpulas doradas, columnas de cerámica que parecen hacer equilibrios, pasillos infinitos serpenteando hacia jardines y fachadas ondulantes dibujadas por mosaicos de llamativas tonalidades cálidas. A simple vista, en este lugar nada pretende parecer perfecto y, en cambio, lo es. Con más de 420.000 metros cuadrados, este hotel considerado la mayor obra de arte habitable del mundo. Un proyecto impulsado por Robert Rogner y diseñado por Friedensreich Hundertwasser junto al también arquitecto Peter Pelikan.

El sueño de Hundertwasser, pero también el nuestro

Todo sucedió entre 1993 y 1997 con la revolucionaria idea de crear un espacio donde la arquitectura se convirtiera parte de la naturaleza. Hundertwasser había abandonado la Academia de Bellas Artes apenas tres meses después de ingresar para dedicarse a recorrer el mundo con sus pinceles como inseparables compañeros de viaje. Aquellas experiencias forjaron un carácter con mucha personalidad. Odiaba hasta la saciedad las líneas rectas, considerándolas como una agresión contra la esencia natural de las cosas, y defendía que había que vivir en armonía con la naturaleza. Su particular filosofía impregnó cada uno de sus proyectos, dando como resultado edificios que respiran, crecen y envejecen tal y como lo hacen los árboles.

Basta con recorrer las curvas de este peculiar alojamiento para darse cuenta de que la naturaleza está en todas partes, difuminando los límites entre el interior y el exterior de los edificios. En los tejados, cubiertos de césped, crecen árboles y los suelos tienen un trazado irregular, como el de un sendero de un bosque esbozado para que el huésped pueda dormir bajo majestuosos jardines o encima de ellos.

La peculiar arquitectura de este alojamiento se caracteriza por estar integrada en la naturaleza

La peculiar arquitectura de este alojamiento se caracteriza por estar integrada en la naturaleza / Rogner Bad Blumau

En el complejo no hay ningún rincón igual a otro. Ni siquiera hay dos ventanas idénticas entre las más de 2.400 que se abren en las fachadas a diferentes alturas. Parece que acabamos de despertar en un pueblo de cuento donde todas las reglas han cambiado.

Paseando por los frondosos jardines acabamos frente a unas piscinas. Sus aguas proceden de un profundo acuífero de origen volcánico y cuentan con propiedades curativas certificadas. El manantial fue descubierto por casualidad en 1978, pero ignorado hasta que el empresario Robert Rogner decidió reabrir la perforación. Al hacerlo, encontró una de las aguas termales más calientes y mineralizadas de Europa.

El resultado dio lugar a un balneario inigualable, con un total de catorce piscinas interiores y exteriores alimentadas por tres manantiales: Melchior, Balthasar y Vulkania. Este último es capaz de generar electricidad, calefacción y agua caliente, siendo referente en sostenibilidad. Sus aguas, ricas en sales minerales, permiten flotar, generando una sensación similar a la del Mar Muerto.

Las aguas de Vulkania destacan por su alta salinidad, generando una sesación de ingravidez y dejando la piel muy suave

Las aguas de Vulkania destacan por su alta salinidad, generando una sesación de ingravidez y dejando la piel muy suave / Rogner Bad Blumau

Destaca una de las piscinas, equipada con olas, así como la música subacuática para elevar aún más el nivel de fantasía en el que nos encontramos. El recorrido termal continúa en el interior del edificio contiguo, una estructura circular repleta de zonas de hidromasaje que invitan a seguir soñando.

Una quimera en el corazón verde de Austria

La región de Estiria es conocida como “el corazón verde de Austria” gracias a sus inmensos bosques y tierras agrícolas donde se cultivan calabazas, con cuyas semillas se fabrica el célebre aceite de calabaza. Pero de estas tierras también nacen excelentes vinos blancos, manzanas y quesos artesanos.

Para degustar todos estos ingredientes, el restaurante del complejo apuesta por una cocina de kilómetro cero que transforma las materias primas de Estiria en auténticas delicias. También los aceites, utilizados en los tratamientos del spa, provienen de productores locales

Descanso y bienestar dentro de una obra de arte donde cada perspectiva ofrece una estampa distinta, haciendo perder por completo la noción del tiempo y del espacio. A punto de cumplir 30 años, Rogner Bad Blumau sigue mutando con el paso de las horas y las estaciones para seguir demostrando que algunos sueños se hacen realidad.