Hondarribia, ese (precioso) almacén de los recuerdos

Bañada por el mar Cantábrico, la que pasa por ser la única villa amurallada de toda Guipúzcoa es un lugar cargado de recuerdos, con un casco antiguo que sorprende por su trazado y por sus casas con balcones de hierro forjado y aleros labrados.

Silvia Roba
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Foto: PRUDENCIOALVAREZ / ISTOCK

En el extremo oriental de la costa vasca, en la bahía de Txingudi que forma la desembocadura del río Bidasoa, pegada a Francia. Estas son las claves que nos ayudarán a encontrar en el mapa a la siempre hermosa Hondarribia, que en el año 2010 fue noticia en el mundo entero gracias a un artículo publicado en The New York Times titulado Explosión gastronómica en un pequeño pueblo del País Vasco.

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La periodista norteamericana se quedó prendada de la cocina de la localidad, una “cocina de cariño” que se plasma en platos que ya son universales, como las kokotxas de merluza en salsa verde o el marmitako. Pero hasta aquí no se viene solo a comer. Para empezar, hay que visitar el casco antiguo, que sorprende por el trazado en cuadrícula de sus angostas vías, con una Calle Mayor adoquinada a la que se accede tras cruzar la que es una de las dos entradas principales de Hondarribia, la puerta de Santa María –la otra es la de San Nicolás–, en cuyo escudo de armas se puede leer: Muy noble, muy leal, muy valerosa y muy siempre fiel Fuenterrabía.

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Dada su situación estratégica, comenzó a ser fortificada en la Alta Edad Media, primero por los reyes de Navarra y después por los de Castilla. Pero fue durante el Renacimiento cuando el recinto amurallado adquirió su estructura actual, con baluartes, puentes levadizos y fosos. El peor asedio que le tocó vivir, del que salió victoriosa, lo sufrió en 1638, en el transcurso de la guerra franco-española, hecho que se conmemora cada 8 de septiembre con un Alarde de armas en procesión hasta el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en el monte Jaizkibel, con una imagen de la Virgen, patrona local, que bien pudiera proceder del mascarón de proa de un navío.

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En la Calle Mayor hay mucho que ver, aunque es la Plaza de Armas, con el castillo de Carlos V y la iglesia de la Asunción y el Manzano, de estilo gótico con añadidos renacentistas, el verdadero centro neurálgico de la villa. 
Con menos patrimonio histórico-artístico pero mucho más vital, el barrio de la Marina recuerda, en sus casas de colores, que esta es morada de pescadores. Abundan aquí los bares y los restaurantes donde no faltan los tradicionales pintxos. Como decían en The New York Times, “Hondarribia es un lugar que cualquiera se puede pasar el día alabando”.

El castillo del rey 

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Rehabilitado como Parador de Turismo, el castillo encuentra su sitio en el punto más alto de la villa. Su primitiva construcción se atribuye a Sancho Abarca de Navarra, y su fortificación, en el año 1190, a Sancho El Sabio. Es sin embargo el nombre de Carlos V el que luce con orgullo, ya que durante su reinado se realizó una ampliación para que el emperador pudiera hacer uso del edificio, que es castillo pero también palacio.