Guayaquil-Quito en tren

Menchu Redondo

"Es el demonio vomitando humo". Cuentan que de esta guisa recibieron la llegada del ferrocarril, a principios del siglo pasado, aquellas remotas poblaciones indígenas perdidas en los pliegues de los Andes. Había nacido el tren en la llamada mitad del mundo e irrumpía con su chirrido sobre raíles, con su vieja bocina de vapor, entre el estupor y el miedo de unas comunidades aisladas para las que esta máquina solo podía ser la encarnación de un progreso que llegaba desde lejos, señoreándose entre ríos, lagos y montañas. No era tarea fácil en esta tierra de malos caminos, como se apodaba a Ecuador en la colonia.