Guanajuato: un viaje al corazón cultural de México

Hay muchos motivos para enamorarse de México. Puede que los más poderosos —con permiso de su gastronomía y sus paisajes— sean su cultura, sus tradiciones y su historia. Hoy seguimos las huellas de su pasado a través del hermoso estado de Guanajuato.

Viajar para TUI
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Foto: D. R.

En México todo es infinito: sus playas, el verde de sus valles y la altura de sus cimas. Infinita la paleta de colores que inunda sus pueblos y su artesanía e infinito también el legado de su rico —riquísimo— pasado. Por eso, cualquier recorrido que se planee para conocer este país debería pasar sí o sí por Guanajuato, donde esta nación hunde sus raíces. TUI, mayorista de grandes viajes especialista en el destino, ofrece varios circuitos culturales por México que recalan en las ciudades más hermosas de este estado.

D. R.

Guanajuato, en el corazón del país, ha sido el escenario de episodios cruciales de la historia de México y ha sabido conservar la esencia de su cultura. Para empaparnos de ella se pueden seguir diversos itinerarios, como el del patrimonio arqueológico, el de los conventos, el circuito de las joyas virreinales, el de los Pueblos Mágicos o el de las ciudades coloniales. Podemos elegir también la ruta de la Independencia que nos llevará a visitar los lugares donde vivieron los héroes de la Independencia de México, desde la capital del estado hasta los escenarios reales de la gesta libertaria. Muchos de esos circuitos coincidirán en tres paradas que son casi obligadas en cualquier recorrido por el país y mucho más si de lo que se trata es de impregnarse del alma guanajuatense: Guanajuato, su capital, San Miguel Allende y Dolores Hidalgo.

Guanajuato, ciudad patrimonio de la humanidad

La capital del estado, con el que comparte nombre, fue una de las urbes más importantes de la Nueva España durante el virreinato y llegó a ser el primer lugar en producción de oro y plata en el siglo XVIII. De aquellos tiempos conserva su magnífica arquitectura, un trazado de callejones adoquinados, hilvanados con pasadizos y plazas que han hecho a Guanajuato merecedora del título de ciudad patrimonio de la humanidad. Sus bellos edificios contienen los elementos de las dos culturas principales que se mezclan en esta tierra: la indígena y la hispana.

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El punto de partida para explorarla bien puede ser la Plaza de la Paz, con la Basílica Colegiata de Nuestra Señora de Guanajuato en uno de sus extremos y, a pocos pasos, el edificio central de la Universidad de Guanajuato. Visitarla no solo viene bien por las fotos que inspira su impresionante escalinata y su simétrica fachada blanca, sino porque fueron sus catedráticos y alumnos quienes promovieron el Festival Internacional Cervantino, una de las más importantes citas culturales de México. Después, nos encaminamos hacia la Plaza del Baratillo para maravillarnos de sus casonas de colores con balconadas y su fuente central, que completa la imagen de postal colonial.

Desde ahí podemos llegar al Jardín de la Unión, un punto de encuentro fresco y sombreado. Cada tarde tocan las bandas en su coqueto quiosco de música para amenizar la charla en las mesitas de café y el vaivén de personas que entran y salen de los restaurantes y tiendas de dulces y artesanías que rodean los jardines. De aquí parten también las tradicionales “callejonadas”, recorridos musicales por los lugares más importantes de la ciudad, con la compañía de las estudiantinas (herederas de las tunas españolas) y de unos tragos de tequila, que se han convertido en una de las actividades típicas más atractivas para el visitante. Dos cosas más que no hay que dejar de hacer en Guanajuato: sacarse una foto en el celebérrimo callejón de El beso y explorar su oferta artística en las pequeñas galerías y en museos como el Museo Regional de Guanajuato Alhóndiga de Granaditas y la Casa Museo de Diego Rivera que alberga un centenar de sus obras.

San Miguel Allende, joya colonial

D. R.

O simplemente San Miguel, como la llaman allí, fue designada Patrimonio Cultural por la Unesco en el año 2008 por su riqueza arquitectónica y cultural. Fue fundada en 1542 y su casco colonial se mantiene tal cual fue trazado en los días del virreinato, con sólidos caserones de los siglos XVII y XVIII que se alzan sobre el adoquinado de sus calles. Pero las numerosas galerías, tiendas y restaurantes que la animan la convierten en una ciudad vibrante y cosmopolita que no mira al pasado, sino al futuro.

La vida bulle en torno al Jardín Principal. Allí se alza la parroquia de San Miguel Arcángel, emblema de la villa, y también otro de los lugares de visita obligada: el Museo Histórico Casa de Allende, donde vivió su infancia y juventud el héroe de la Independencia Ignacio Allende. Los apasionados del arte y la cultura tampoco deberían pasar de largo por el Centro Cultural Ignacio Ramírez El Nigromante ni por el La Otra Cara de México, un asombroso museo de máscaras que cuenta con una colección de medio millar de piezas procedentes de todos los rincones del país, incluidas las más remotas comunidades indígenas. Recorriéndolo descubriremos la variedad de formas en las que el mexicano modifica su identidad para participar en fiestas y rituales. San Miguel es un lugar firmemente aferrado a sus tradiciones y a las manifestaciones culturales como torneos o vistosas exhibiciones charras y serenatas de mariachis.

Dolores Hidalgo, cuna de la Independencia

Muchos de los circuitos de TUI nos llevan también a esta esta pequeña y bella ciudad colonial, que puede que no sea tan monumental como las anteriores, pero presume con orgullo de ser uno de los lugares más importantes de la historia de México. De hecho, lleva su apellido en honor de don Miguel Hidalgo, el cura que arengó a la población para luchar por la independencia en la madrugada del 16 de septiembre de 1810.

Por su historia, sus tradiciones únicas y su atmósfera encantadora, Dolores Hidalgo es uno de los Pueblos Mágicos, junto a otras localidades del estado de Guanajuato como Salvatierra y Yuriria. Aquí cada rincón tiene sus leyendas, como como el Jardín Independencia y la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, con su llamativa fachada churrigueresca de cantera rosa, que es un buen ejemplo del barroco mexicano. En el atrio de esta parroquia se escenifica año tras año, con participación de los habitantes del pueblo, el grito de Independencia que alentó el cura Hidalgo en ese mismo lugar. En Dolores hay que visitar también el Museo de la Independencia, monumento nacional construido en el siglo XVIII y la Casa Museo de José Alfredo Jiménez, idolatrado hijo de esta ciudad donde siempre en algún lugar resuena alguna de sus canciones. Tampoco hay que dejar pasar la oportunidad de recorrer el Museo del Vino que es, por cierto, un inmejorable punto de partida para seguir la huella de otra de las delicias de esta tierra: las Rutas del Vino de Guanajuato. Pero ese será otro viaje, una nueva aventura, porque los encantos de esta tierra del interior mexicano son muchos. Tantos como los itinerarios que se pueden trazar para descubrirlos.