Guadalest: con la mirada perdida... 

No hay mejor mirador en toda la Marina Baixa que el castillo de San José. La fortaleza corona un pueblito asentado sobre una mole rocosa, hogar de los numerosos museos artesanos que pueblan sus inmaculadas calles. Perderse por ellas es un regalo.

Silvia Roba
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Antes de nada, una aclaración: si en Alicante existe una Marina Alta será porque existe una Marina Baixa, cuyo núcleo principal es Villajoyosa, por mucho que la fama se la lleve la universal Benidorm. La comarca abarca también los valles del interior, entre ellos el del Guadalest, una estrecha franja de terreno al abrigo de las montañas que proporcionan las sierras de Aixortá, Aitana y Serrella.

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Nuestra propuesta consiste en una ruta que nos llevará hasta Callosa d’en Sarriá, donde se alza el Fort de Bèrnia, exponente de la arquitectura militar renacentista de los otomanos en la costa. Un camino une el fuerte con Les Fonts de l’Algar, un paraje natural entre fuentes que brotan de las rocas. Este es el preludio perfecto a nuestra llegada al municipio de Guadalest, asentado sobre una mole maciza. Lo primero, buscar la Casa Orduña, construida después del gran terremoto de 1644 que asoló la zona. Sus dependencias se corresponden con el momento de máximo esplendor e influencia de la familia propietaria, con una decoración que se adapta a los gustos estéticos de la burguesía de la segunda mitad del XIX.

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Madera, yeso y losetas de cerámica forman parte del edificio, que se apoya sobre la misma peña en la que se asienta el castillo, al que solo se puede acceder a través de unas escaleras que parten de la propia casa. La panorámica es sobrecogedora, con un embalse a sus pies rodeado de un paisaje de afiladas agujas pétreas. 

El castillo de San José, del siglo XI, fue erigido por los musulmanes en la parte más elevada de Guadalest. Tuvo un papel muy destacado a lo largo de la Edad Media y la Edad Moderna, pero los terremotos de 1644 y 1748, más la voladura que sufrió en la Guerra de Sucesión, acabaron por dejarlo casi en ruinas. En esta zona alta del pueblo se encuentra también lo que queda (una torre restaurada) de la Fortaleza de la Alcozaiba, del siglo XI, la antigua prisión y la iglesia de la Asunción, de estilo barroco, con una torre campanario exenta, solitaria en lo alto de una roca, toda pintada de blanco.
Puede ser una pequeña aventura perderse por las calles de casas encaladas de Guadalest, de donde hay que llevarse miel y vino, presentes en las tiendas que abren sus puertas de par en par al viajero.

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MUSEOS DE CASI TODO

Existe un Museo Microgigante y otro de Microminiaturas. También un Museo Etnológico, uno de Saleros y Pimenteros, con una curiosa colección, otro, el de Antonio Marco, de casitas de muñecas, y uno más de vehículos históricos. El Museo Ribera Girona, de arte contemporáneo, y el Histórico Medieval, con instrumentos de tortura de la Santa Inquisición, completan el patrimonio cultural de Guadalest. Todo un lujo.