Grünerløkka, en Oslo: el barrio hipster en el que querrías vivir

Vibrante, atrevido, original, es la zona que encarna la renovación de la ciudad, el último grito para los hípster.

Noelia Ferreiro
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Foto: Ryhor Bruyeu / ISTOCK

Mercadillos, escaparates vintage, arte callejero, gastro-espacios, cafés molones, coloridas terrazas, tiendas de productos ecológicos... Todo muy espontáneo, muy alternativo, muy del gusto de una clase joven y con cierto espíritu transgresor. Así es Grünerløkka, el barrio de moda de la capital noruega. Un rincón inspirador donde tomarle el pulso a la renovación integral que está viviendo la ciudad.

Aamodt bru puente colgante situado en el barrio de Grünerløkka de Oslo, Noruega. | Baiaz / ISTOCK

A veinte minutos del centro, pero apartado de los circuitos turísticos, se trata de un distrito que fue vital para la industria a mediados del siglo XIX. Una zona de difícil acceso, sórdida y deteriorada, demasiado insegura para los cánones cívicos de este país nórdico. Pero de un tiempo a esta parte el panorama ha sufrido un giro radical, de tal forma que hoy Grünerløka vive su propio renacer: no sólo se le ha dado la vuelta como a un calcetín sino que además se le ha logrado encumbrar como el último grito de los hípsters.

Iglesia en Grünerløkka, Oslo, Noruega. | ROMAOSLO / ISTOCK

De su pasado obrero, bien es cierto, le ha quedado la arquitectura de ladrillo y esa estética industrial tan ligada a la modernidad. Pero en su latido, en su esencia, nada tiene ya que ver con lo que fue. Las fábricas y las residencias de los trabajadores han sido recicladas en oficinas, sedes de universidades y galerías de arte. Las calles donde hace apenas una década nadie osaba a pasear son hoy un hervidero de gente. Y por aquí y por allá, claro, han brotado cafés, bares y restaurantes, que por algo este barrio es ahora el epicentro del ocio.

 

Cien por cien ecológico

Pero ocurre además que Grünerløka, con su concepto de innovación, es un modelo de sostenibilidad, un lugar con energía autosuficiente a base de paneles solares en todos sus edificios y alimentación geotérmica en las profundidades. Un hecho que ha contribuido, entre otros muchos factores, al nombramiento de Oslo como Capital Verde Europea 2019, título con el que se reconoce a la ciudad como un referente mundial en materias de iniciativas para cuidar el medio ambiente.

Pared de graffiti en Grünerløkka, Oslo. | Chris Jackson / GETTY

Más allá de su conciencia ecológica, el barrio, que tuvo entre sus vecinos al genial pintor Edvard Munch, conforma el área de la capital donde se da espacio y libertad al arte del graffiti. Solo hay que dar un paseo por Vulkan para comprobarlo. Aquí, en esta parte del vecindario en la que ha cobrado vida uno de los más interesantes proyectos de desarrollo, encontramos muros decorados por artistas callejeros junto a lugares tan interesante como Mathallen, una antigua fundición de hierro reconvertida en un mercado gourmet, con puestos donde hacer un viaje culinario por múltiples rincones del planeta: desde un pad thai tailandés hasta un sushi nipón, pasando por las típicas tapas made in Spain.  

 

Aparcaperros y colmenas en plena calle

Laboratorio de creatividad, Vulkan es el hogar de curiosidades tan sorprendentes como los aparcaperros (sic), en los que dejar a la mascota en una suerte de cubículos con luz y calefacción mientras se hace la compra. O las colmenas urbanas, dos grandes paneles para poner en práctica la apicultura, diseñados nada menos que por los arquitectos de Snøhetta, autores, entre otras muchas obras maestras, de la famosa Ópera de Oslo. Pegado a esta área encontramos Bla, que es un espacio cultural plagado de mercadillos y ferias relacionadas con el arte.

Vulkan en Oslo Noruega. | knape / ISTOCK

Grünerløkka tiene su espina dorsal en la larguísima calle Thorvald Meyer, que es una hilera de bares originales como Genuine Sports, a donde acude la población local para ver los partidos de fútbol, The Nighthawk Dinner, ambientado como un café americano de los años 50 o Aku Tiki Bar, genuinamente noruego. También de restaurantes, como el animado mexicano Mucho Más, y tiendas que rescatan el armario de la abuela como Velouria Vintage.

 

Un paseo por el río

Pero tal vez el mayor logro de este barrio, que es también el hogar de la población inmigrante ( pakistaníes, polacos, alemanes, suecos…) ha sido la maravillosa revitalización de la ribera. Nos referimos al río Akerselva, la brecha que históricamente ha dividido a la ciudad en la parte rica y la parte pobre. Hoy, tras un efectivo lavado de cara, su orilla acoge un bonito parque donde sumergirse en la naturaleza en medio del asfalto.

Río Akerselva en Grünerløkka, Oslo, Noruega. | Ryhor Bruyeu / ISTOCK

Un paseo siguiendo parte del curso de este río (que desemboca en el Fiordo de Oslo, justo al lado de la ópera) depara sorpresas tan gratas como las apetecibles terrazas que casi tocan las aguas, los cafés como Manefisken en una antigua fábrica de neumáticos, la residencia de estudiantes (Studentes Hus) en un antiguo silo de 30 metros de altura donde se almacenaba el grano, y la Universidad de Arte, que fue una importante factoría en la que se elaboraban las velas para los barcos y hoy es un prestigioso centro de estudios que conserva su fachada industrial. Como todo en Grünerløka, renació de la propia decadencia para convertirse en un espacio provechoso y trendy.