Granada: cuatro razones para amarla aún más

Cuando uno cree que la conoce bien, cuando uno piensa que no cabe más embrujo, la ciudad nazarí sorprende con su belleza inagotable.

Noelia Ferreiro
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Como la cuesta del Chapiz que sube al Albaicín o como la de Gomérez que trepa hasta la Alhambra, la belleza de Granada tiene un recorrido ascendente. Dramática, abrumadora, eterna, la ciudad nazarí es hermosa por naturaleza, porque así lo quiere su perfil moruno bajo el marco de Sierra Nevada, por los secretos que se esconden en su maraña de callejuelas blancas, por la esencia gitana del Sacromonte en sus cuevas flamencas o por el melancólico Paseo de los Tristes a la orilla del río Darro.

Pero en este sube y baja de jardines y patios perfumados, de casonas palaciegas con esencia andalusí, de zocos intrincados y exóticas teterías, de bares que compiten en la grata costumbre de las tapas (no existe, ya se sabe, un lugar igual para semejante festín) de pronto asaltan atractivos desconocidos que obligan a amarla con más fuerza. Porque Granada, siempre tan antigua, siempre tan moderna, es un pozo inagotable de sorpresas.

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Seguir la huella de Lorca

Si la propia ciudad es un poema urbano, nada como caminar tras los pasos del poeta granadino por antonomasia. Y más este año, cuando se celebra el 120º aniversario de su nacimiento y el 100º aniversario de su primera obra Impresiones y paisajes. Lorca está presente a cada vuelta de las calles que cantó, en las gentes, en las costumbres, en el lenguaje. Pero sobre todo en la Huerta de San Vicente, una de las residencias familiares donde transcurrieron sus veranos y el lugar donde dio a luz a algunas de sus obras más célebres (Bodas de Sangre, Romancero Gitano…). También su huella puede seguirse en el flamante Centro Federico García Lorca, donde además de acoger más de 90.000 documentos del poeta, se generan actividades artísticas vinculadas a su figura. Y quienes quieran profundizar podrán saltar a Valderrubio y Fuente Vaqueros, en plena vega de Granada, donde otras dos de sus casas familiares están repletas de recuerdos.  

Dejarse ver en el rooftop de moda

Se llama B-Heaven y es la primera terraza de hotel abierta a todo el público. Está en la azotea del Carmen Granada , en pleno centro de la ciudad. Y ni que decir tiene que sus vistas, con el fondo de Sierra Nevada, cortan la respiración. Pero además, con su piscina orientada a la Alhambra y su toque underground, se trata de un lugar mágico, ideal para entregarse a un brunch con música en vivo, a un animado afterwork con una puesta de sol dramática, a un café acompañado de flamenco o una clase de cocina impartida por reputados chefs. Los más curiosos podrán deleitarse con el menú ¿A qué sabe Granada? en el que, en un insólito maridaje con la panorámica del lugar, se ofrece un plato delicioso por cada edificio emblemático.

Descubrir los secretos de la Catedral

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Tal vez algo eclipsada por otros monumentos de la ciudad, a menudo pasa desapercibida la que, sin embargo, llego a ser considerada en el siglo XVI como la Octava Maravilla. Hablamos de la Catedral de la Encarnación, la tercera mayor del país (después de Sevilla y Toledo) y la obra cumbre del renacimiento español. Un templo de inigualable belleza y magnitud, concebido para alojar los restos del ilustre Carlos V (aunque finalmente no pudo ser) y en la que destacan las valiosas aportaciones de Diego de Siloé y Alonso Cano. Merece la pena explorarla despacio y descubrir algunas curiosidades. Como la del nombre en que se asienta (Plaza de las Pasiegas) que se debe a las mocitas que venían del Valle del Pas a trabajar como nodrizas y se paseaban por este lugar. O como que los restos de Mariana Pineda, la famosa heroína que alumbró una de las obras de Lorca,  descansan en su propia cripta.     

Deleitarse en el nuevo gastro bar

Porque lo del tapeo es una idea fantástica, sí, pero a veces también apetece sentarse y recrearse con delicias culinarias. Esto es lo que se experimenta en Jamar, el nuevo gastro bar en el que se dan cita los granadinos precisamente para jamar (sinónimo de comer con apetito). Ubicado en el céntrico hotel Occidental Granada, con acceso desde la calle Alhamar, su carta propone cocina cien por cien casera y con productos de temporada, a cargo del toque creativo del chef Silverio Ramos. Entre sus exquisiteces figura la tosta de sardina ahumada con queso Arzúa y mermelada de tomate, las croquetas de carabinero y el parmentier de rabo de toro con dados de foie. Y todo ello regado con excelentes vinos granadinos, que también los hay… y muy ricos.