La Graciosa, el último reducto del paraíso

Con apenas 30 kilómetros, La Graciosa es un auténtico paraíso que posee las últimas playas vírgenes del planeta, y uno de los pocos lugares de Europa donde no hay carreteras asfaltadas. Desconocida y pequeña, este gran tesoro, que forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, ha sido reconocido como la octava isla habitada de las Islas Canarias. En ella, solo existen calles de arena, quietud, y un Atlántico infinito.

Irene González
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La Graciosa es uno de los auténticos reductos de paz y tranquilidad que quedan en Europa. Con unos 30 kilómetros cuadrados, y algo más de 700 vecinos, es un idílico rincón para perderse del mundo. La octava isla habitada de Canarias es el paraíso del relax, la escapada perfecta para huir de la rutina. Posee las (casi) últimas playas vírgenes del planeta, unos paisajes de infarto, y una esencia de tiempos pasados.

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Su origen es volcánico, y donde entre sus paisajes de interior, destaca Agujas Grandes, que con menos de 300 metros, es su pico más alto. En sus aguas vivió el Megalodón, el tiburón más grande del mundo, un temible depredador que podía medir 20 metros y pesar más de 100 toneladas. Junto con los islotes de Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este, Roque del Infierno, los Riscos de Famara y el volcán de la Corona, y Malpaís, La Graciosa forma parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, donde las aves marinas tienen sus colonias de cría. 

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Separada de Lanzarote por un brazo de mar, conocido como El Río, La Graciosa, que tiene condición de espacio protegido, enamora nada más desembarcar en el muelle de Caleta de Sebo. La única forma de acceso es a través del ferry que parte del lanzaroteño puerto de Órzola, donde una pequeña pero fascinante travesía de paisaje escarpado y rocoso, lleva hasta el edén. La mayoría de sus primeros habitantes, que procedían de Haría, de Maguez, y de Teguise, vinieron a trabajar a la factoría de salazón que se instaló en la isla a finales del siglo XIX, y cuando esta fracasó, muchos decidieron quedarse en la isla.

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Aquellos primeros habitantes tenían que hacer trueques con los vecinos de Lanzarote para vivir, ya que su economía estaba basada en la pesca, una forma de vida que hoy prevalece. La Graciosa posee las playas más bonitas del planeta, donde su agua verde turquesa se funde con el azul imposible de su limpio cielo. Es el último reducto europeo con calles sin asfaltar, donde no hay coches. 

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Para transitar por la isla, nada mejor que hacerlo a pie o en bicicleta, aunque también se puede recorrer en todo terreno. Está dentro del Parque Natural del Archipiélago Chinijo, y con casi 10.000 hectáreas de gran biodiversidad, comparte parte de su espacio con la Reserva Marina de La Graciosa, uno de los espacios protegidos más extensos de España. Para entender esta tierra Atlántica, hay que visitar el pequeño Museo Chinijo, un espacio singular dedicado a los cetáceos, a la sal, al Archipiélago Chinijo, al aloe vera, y a la orchilla.

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Su desconocida gastronomía es sensacional, con el pescado más fresco que pueda existir. Exquisitas la morena frita, las lapas, el pulpo frito, el cherne, el caldo de pescado, y el impresionante arroz con carabineros. Sin duda, este pequeño rincón del mundo, es el edén del sosiego y la quietud, donde sus playas vírgenes de aguas bravas, sus caminos de tierra, sus encantadoras casas encaladas, y sus intactos fondos marinos, son un paraíso auténtico.

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1 Caleta del Sebo

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Caleta de Sebo es la capital de La Graciosa, y tal vez, uno de los rincones más peculiares de las Islas Canarias. En medio del Océano Atlántico, sus casas son sencillas, blancas y encaladas; y sus calles, de arena rubia como el sol. Es un santuario de tranquilidad donde se puede caminar descalzo, un auténtico e idílico pueblo de pescadores. Caleta del Sebo es la única puerta de acceso y salida de la isla. En su puerto atracan a diario los barcos que, en sólo 20 minutos, llegan desde Lanzarote.

2 Pedro Barba

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Pedro Barba es el segundo núcleo poblacional de La Graciosa. Este caserío, con apenas una veintena de casas es, realmente, un lugar privilegiado. Como La Graciosa es reserva natural, la legislación obliga a mantener las viviendas de forma parecida a su estructura inicial, y sin posibilidad de ampliarlas o modificar su estructura. Su impresionante playa es muy apacible. Este pequeño rincón fue el primer asentamiento de la isla, donde llegaron los actuales gracioseros para trabajar en la fábrica de salazón de pescado.

3 Parque Natural del Archipiélago Chinijo

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Este Parque Natural, en el que está inmersa La Graciosa, es de gran magnitud para los científicos y los naturalistas. A su importancia geológica hay que unir la biológica por las varias especies amenazadas y protegidas, algunas exclusivas de este parque, que en el residen. Sus islotes son un hábitat singular para las aves, y un valioso lugar donde anidan. En varios puntos del este Parque Natural se han encontrado yacimientos de huevos de aves prehistóricas, que hace siglos habitaban las islas. 

4 Barranco de los Conejos

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Esta pequeña cala, de apenas 20 metros, es un tesoro de La Graciosa que se esconde entre Caleta del Sebo y Pedro Barba. En bicicleta, está a un cuarto de hora de Caleta del Sebo. Al principio, el camino es muy estrecho, aunque está muy bien marcado. Después se ensancha, y se convierte en un mágico paseo. En sus aguas cristalinas, su fondo multicolor, y sus 6 metros de anchura, los únicos seres vivos que por aquí andan, son las gaviotas. Desde esta emblemática cala, las vistas de Pedro Barba, del imponente risco de Famara de Lanzarote, y del roque del Este en el horizonte, conforman un paisaje único. 

5 Playas de ensueño

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Las innumerables playas de La Graciosa son de agua tranquila, de un azul turquesa imposible, y con un fondo marino espectacular. La mejor forma de descubrir la abundante biodiversidad marina de esta reserva, es hacerlo de la mano del Centro de Buceo Archipiélago Chinijo. En el sur de la isla predominan las playas amplias de arena blanca, como las de la Cocina y el arenal de la Francesa. Pero sin duda, la Playa de Las Conchas, situada en el norte, a cinco kilómetros de Caleta del Sebo, es la más bella de la isla, y una de las más bonitas de España.