Gorilas de montaña, el tesoro mejor guardado de África

La población de este animal sigue creciendo: ya se superan los 1.000 ejemplares.

 

Ignacio Romo
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A comienzos del verano se anunciaba que la población de gorilas de montaña superaba los 1.000 ejemplares. Una excelente cifra si se tiene en cuenta que durante los primeros años de 1970 tan sólo había unos 250 gorilas censados y su existencia corría grave peligro, pues la caza furtiva no dejaba de hacerlos descender en número de manera drástica.

El gorila de montaña se cazaba de forma masiva por dos razones: para vender las crías a los zoológicos de los países desarrollados y para subastar partes de sus cuerpos a personajes adinerados que veían con buenos ojos el que la cabeza o las manos de unos de estos animales presidiera el salón de su casa.

Dian Fossey Gorilla Fund

La primatóloga Dian Fossey luchó durante los años 70 y 80 por la conservación de este magnífico animal. Sus años de duro trabajo culminaron en 1988, con el estreno de la famosa película de Gorilas en la niebla, con Sigourney Weaver en el papel de la zoóloga californiana. Tres años antes, en 1985, Fossey fue asesinada por las mafias de cazadores ilegales; se había convertido en una amenaza para el negocio de la caza furtiva y eso acabó costándole la vida.

La vida en un hábitat fronterizo y muy complejo de acceder

El gorila de montaña es una subespecie de gorila que habita zonas muy específicas de África oriental. En concreto, son dos los lugares en los que pueden hallarse: las montañas de Virunga, un extenso territorio volcánico que ocupa zonas de Uganda, la República Democrática del Congo y Ruanda, y el Parque Nacional de la Selva Impenetrable de Bwindi, en Uganda.

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Para ser más exactos, las montañas de Virunga, compuestas por una larguísima cadena de volcanes, posee tres parques nacionales habitados por gorilas. El primero es el Parque nacional de Virunga, en la República Democrática del Congo (RDC). Es el más complejo de visitar en la actualidad debido a la inestabilidad política y social que vive el país. A día de hoy, de hecho, se encuentra cerrado por problemas de seguridad.

El Parque nacional de los Volcanes, que también pertenece a las montañas de Virunga, se encuentra al noroeste de Ruanda y es hogar de cinco grandes volcanes. Aquí fue donde Fossey estableció su campamento base. En la actualidad es bastante más seguro y fiable que la RDC, pues es un país que ve como el paso del tiempo va cerrando las heridas del genocidio sufrido en los años 90 del siglo pasado.

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Por último, el Parque Natural de Mgahinga, al sur-oeste de Uganda, prácticamente lindando con Ruanda. Además, en Uganda, pero algo más al norte, se encuentra el Parque Nacional de la Selva Impenetrable de Bwindi, un tupidísimo bosque de más 30.000 hectáreas que alberga casi la mitad de todos los gorilas de montaña que existen. Uno de los aspectos más curiosos de este sitio es que en él también viven chimpancés, siendo el único lugar del mundo en el que conviven estos dos grandes primates en un mismo espacio.

Un crecimiento continuo y estable

En 1970, cuando Fossey comenzaba a estudiar los gorilas de montaña, se contaban unos 250 ejemplares. Ahora, en 2018, se alcanzan los 604 en las montañas de Virunga y los 400 (según el último censo, en 2016) en la Selva Impenetrable de Bwindi. En total, 1.004 gorilas de montaña.

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A pesar del aumento de ejemplares, a día de hoy aún existen amenazas para las familias de gorilas. La principal, el cambio climático y la tala de bosques, lo que acaba reduciendo cada vez más su hábitat. También la caza furtiva sigue siendo un problema, aunque ya parece estar mucho más controlada que en el pasado.

Por otro lado, es obvio que se han hecho cosas bien. El turismo, causante de problemas y quejas en muchos lugares del mundo por su masificación, está resultando clave en esta zona del continente africano. Los países implicados en la conservación de este animal (Ruanda, Uganda y RDC) son conscientes de que el gorila ha de conservarse y además conservarse correctamente, pues supone para ellos una importante fuente de ingresos. En los tres países se organizan safaris que suben al viajero hasta las zonas más inaccesibles de las montañas para observar a los primates en su estado salvaje.

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Estos safaris, organizados en pequeños grupos de personas, son seguros y bastante fiables en cuanto a la observación de gorilas, al contrario de lo que pueda parecer. En Uganda, por ejemplo, sólo pueden subir 120 personas al día para avistar las diferentes familias que habitan Bwindi. El precio por esta experiencia ronda los 700 dólares. En Ruanda todavía más: unos 1.500 dólares.

Los ingresos que los tres países obtienen por este tipo de turismo responsable y controlado no sólo ayuda a preservar la amenazada especie, sino que el dinero también se emplea en construir y mejorar escuelas, hospitales, carreteras, etc. en las comunidades de la zona.