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Goethe, el genio del romanticismo alemán, quedó fascinado con la ciudad que mejor permite comprender el arte, la Antigüedad y el mundo clásico: "Es la capital del mundo"

Todo aquel que pisa esta ciudad queda completamente enamorado, igual que le pasó a Goethe en el siglo XVIII.

Goethe quedó impresionado con esta preciosa ciudad de Italia

Goethe quedó impresionado con esta preciosa ciudad de Italia / Istock / Sean Pavone

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Hay viajes que gustan y otros que marcan. Para Johann Wolfgang von Goethe, su periplo por Italia durante dos años marcó en gran medida su pensamiento, o más bien, confirmó lo que pensaba: el ser humano se forma a través de lo que observa, vive y siente. Era un firme defensor de que la naturaleza, el arte y la cultura ensanchan el alma, pero hay que experimentarlas en primera persona. Esa fue una de las cosas que le animó a visitar Italia en 1786.

Aquel mundo completamente nuevo y diferente para él, que venía de Alemania, se convirtió en el eje de todas sus revelaciones, pues, además de ser un gran literato, también era un genial pensador comprometido con la experiencia como base del conocimiento. En su viaje quedó sorprendido, especialmente, con la que llamó "la capital del mundo": Roma. Ahí es donde siente por primera vez que su formación intelectual tiene un lugar real en el mundo.

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Adriana Fernández

La ciudad italiana que enamoró a Goethe

Se vuelve un apasionado del arte clásico, las ruinas, la proporción y la ciudad se convierte en una escuela viviente para él. "Roma es el lugar donde toda la historia se hace presente", es ese sitio "donde uno se vuelve alguien por primera vez". Cualquier persona con una mínima sensibilidad se queda impresionado en el momento en el que pisa la capital del país de la bota, porque se encuentra con un museo al aire libre en cada uno de sus rincones.

Roma enamoró a Goethe en su viaje por Italia

Roma enamoró a Goethe en su viaje por Italia / Istock / Kondoros Eva Katalin

En Roma conviven los restos milenarios de la Antigüedad con una arquitectura renacentista y barroca impresionantes. Aunque muchos de los edificios y lugares icónicos de los que vemos ahora, Goethe probablemente no los viera. El contraste histórico y la escala monumental son las dos principales características de esta urbe en la que, como él mismo decía, se comprende un poco mejor el mundo, la vida y al ser humano.

La basílica de San Pedro en Roma

La basílica de San Pedro en Roma / Istock / Manjik

La lista de lugares que no perderse en Roma es tan extensa como variada. Desde el mítico Coliseo Romano o la Fontana di Trevi, hasta la basílica de San Pedro, la piazza Navona, la Boca de la Verdad o el Mercado de Trajano. La historia sigue viva en sus plazas y edificios. Sumándose a la excelente gastronomía que se considera de las mejores del mundo, con platos como carbonara, pizza, coda alla vaccinara, carciofi alla giudia o alla gricia.

Los antiguos edificios de la ciudad de Roma

Los antiguos edificios de la ciudad de Roma / Istock / Cristiano Fronteddu

Tras los pasos de Goethe

Esa aventura, que en aquel entonces se conocía como 'Le Grand Tour' y se hacía con la intención de completar la educación, quedó plasmada en el libro Viaje a Italia (1817). Antes de Roma, Goethe arribó en el norte del país el 4 de septiembre de 1785. Pasó por Verona, Vicenza y Venecia, donde vio el mar por primera vez a sus 37 años, y de ella dijo algo que todos hemos pensado alguna vez: "Venecia es como un sueño que flota sobre el agua".

Venecia, la ciudad de los canales en Italia

Venecia, la ciudad de los canales en Italia / Istock / OLGA GAVRILOVA

Luego fue a Roma y, a continuación, a Nápoles, donde descubrió que no toda Italia se construye bajo el orden romano. La espectacularidad del Vesubio y el bullicio de la vida cotidiana lo fascinaron hasta el punto de decir que "en Nápoles uno vive en un estado de embriaguez, olvidado de sí mismo". Su viaje continuó hacia Palermo y el conjunto de Sicilia, donde vivió una intensa revelación que despertó en él intereses en torno a la botánica.

Según Goethe, Italia no se puede entender sin la isla de Sicilia

Según Goethe, Italia no se puede entender sin la isla de Sicilia / Istock / VADYM LAVRA

"Italia sin Sicilia no deja imagen alguna en el alma: aquí está la clave de todo", dejó por escrito. El viaje que nació como aprendizaje artístico pasó a convertirse en una reflexión sobre el mundo y su manera de habitarlo. Volvió sobre sus pasos a Nápoles y Roma antes de regresar a casa. Todos sus pensamientos cambiaron, dirigiéndose hacia una nueva manera de entender el arte y la naturaleza, siempre basada en la experimentación directa.