Gijón: capital y emblema de la costa verde

Desde el año 2013, la ciudad asturiana presume del distintivo Biosphere Gold Destination

Ignacio Ruiz
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Foto: Gijón/Xixón Turismo

Gijón vive mirando al mar. Es su principal seña de identidad. Pero no la única. También mira al cielo, a esas nubes, nostálgicas que no tristes, que entran por el Oeste y se despiden por el Este. Es el circuito que hace de Gijón (Gijón/Xixón, en la toponimia oficial de Asturias) una ciudad que de nuevo ha recibido el distintivo Biosphere Gold Destination que la reconoce como ciudad sostenible. ¿Por qué Gijón y no otros destinos turísticos con más impacto y fama apoyados en el marketing publicitario y el desconocimiento de quien solo busca sol y chiringuitos? Muy sencillo. Basta recorrer la ciudad para descubrir el secreto que hace de Gijón uno de los destinos turísticos más sostenible y ecológicamente inteligente.

Por tierra o mar, con cualquiera de los sistemas de transporte que elijamos ―la accesibilidad es una de las características de la conocida como capital de la Costa Verde― entraremos en la ciudad arropados por un espectacular entorno oliendo a mar y bosques. Todos los caminos conducen no a Roma, sino a la espectacular bahía gijonesa y al famoso Muro de San Lorenzo, actualmente convertido en un paseo marítimo totalmente peatonal tras estrechar el cerco a los coches, marginados en un solo carril y sin posibilidad de entrar en otro de los emblemas de la ciudad, el Parque de Isabel la Católica, del que los ciudadanos son los únicos dueños y señores, amén de la fauna con que comparten los espacios, incluidos los acuáticos.

El norte de España también alberga uno de los barrios más característicos de la ciudad de Gijón. Ante el mar Cantábrico, Cimadevilla presume de contar entre sus límites con el Elogio del Horizonte, una de las esculturas más famosas de Chillida, además de albergar la verdadera esencia de las historias de pesca y una ruta por las sidrerías más auténticas de la ciudad. | Sima_ha / ISTOCK

La bahía de San Lorenzo, entregada a la ciudad a la que lame y adormece con el rumor de sus olas, está definida por dos enclaves sin los que no se entendería la relación de los gijoneses con su playa. En el Oeste, el cerro de Santa Catalina, cima de la villa que fuera el embrión de la Gigia romana y hoy tal vez el más popular y visitado barrio gijonés; por el Este, el Parque del Cabo de San Lorenzo, popularmente conocido como La Providencia, ambos unidos por la senda que va desde la playa de Poniente hasta la del Rinconín, más de cinco kilómetros accesibles para todos los públicos y medios de locomoción. Tal vez sean estos dos enclaves las lanzaderas de la renovación de la ciudad que la han hecho merecedora de recibir, una vez más desde 2013, el distintivo de Biosphere Gold Destination, certificado del Instituto de Turismo Responsable, entidad asociada a la Unesco y a la Organización Mundial del Turismo. Ambos espacios naturales fueron recuperados para la ciudadanía y para la naturaleza tras romper con su pasado bélico. En el Cerro y en el Cabo instaló el Ejército republicano las baterías militares para defender la ciudad del asedio del crucero Almirante Cervera.

Este pasado militar y frentista fue convertido en un presente de solaz y encuentro tras las decisiones del Ayuntamiento gijonés de recalificar ambos espacios ciudadanos, previo acuerdo con el Ministerio del Ejército, para reconvertirlos en dos espacios naturales, santo y seña de la ciudad y de su compromiso con la sostenibilidad y el medio ambiente. Tan es así que el cerro de Santa Catalina fue elegido por Eduardo Chillida para instalar su monumental escultura Elogio del horizonte, obra que la ironía y el sentido del humor característico de los gijoneses rebautizó como El Eulogio o el baterón de King Kong. Y es que el aumentativo es muy propio del hablar gijonés, mejor diría gijonudo, que no en vano dicen en el resto de Asturias que somos muy grandones. Y ahí están la Escalerona, el Santón, la Iglesiona, les Chapones, la Muyerona, el Molinón, les Mareones o les Letrones, todos ellos conocidos lugares de cita con los amigos y amigas para ir a tomar un culín de sidra, la excepción de la regla.

apomares / ISTOCK

Con el tiempo, la escultura de Chillida ―una de las más de noventa que jalonan calles y parques ciudadanos, incluida la primera en el mundo dedicada al doctor Fleming, descubridor de la penicilina― se ha convertido en el icono de una ciudad que en apenas tres décadas ha dejado de ser una ciudad deprimida por las reconversiones. Este salto cuantitativo y cualitativo comienza con la llegada de los ayuntamientos democráticos y la ruptura con el pasado, sin olvidar los orígenes. Jesús Palacio, Vicente Álvarez Areces, el popular Tinín, y Paz Fernández Felgueroso Pazina ―el diminutivo siempre es cariñoso en la lengua gijonesa― fueron los tres artífices del giro copernicano de la ciudad hasta convertirse en destino turístico recomendado por su accesibilidad y su compromiso con los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas con el horizonte

de 2030. Tal vez sea Gijón una de las ciudades europeas con mayor extensión dedicada a los parques y áreas naturales recreativas. En sus casi millón y medio de metros cuadrados hay dos ejemplos evidentes de la reconversión urbanística hacia un modelo de ciudad sostenible: el Parque fluvial de Viesques, ejemplo de conservación del entorno ambiental con una arquitectura urbanística rompedora con el nefasto desarrollismo del franquismo, y el Monte de los Pericones, otrora poblado chabolista y hoy área recreativa urbana sin dejar atrás a sus antiguos pobladores, recolocados todos en viviendas sociales de Contrueces, Roces o El Llano, barrio este que es ahora ejemplo de urbanismo sostenible y cuya principal avenida es el eje que vertebra el área norte de la ciudad. Pero la reconversión de la ciudad durante el mandato de estos tres alcaldes socialistas no solo ha recuperado el medio ambiente, también ha dotado a la ciudad de los conceptos de urbanismo social y cultural que permiten a nativos y visitantes disfrutar con todo tipo de eventos culturales, actividad reconocida en 2012 con el galardón de Mejor destino de Calidad Turística. Merecido sin duda ya que pocas ciudades tienen eventos como la Semana Negra y su famoso Tren, dedicada a la novela policiaca y por cuyas carpas y tenderetes han pasado los mejores autores del género desde que la creara el periodista Paco Ignacio Taibo II en el año 1988. Además de la literatura también está el cine y su reconocido festival y el FETEN, dedicado al tea-tro infantil. Sin olvidar el veraniego Arte en la calle, con música en directo durante el verano gijonés. oferta deportiva Si algo hay destacable en los eventos consuetudinarios que acontecen en las rúas gijonesas ―que diría Juan de Mairena, el personaje que creara Antonio Machado― es sin duda la actividad deportiva. Gente en bici aprovechando los numerosos carriles habilitados, corriendo o caminando por las numerosas sendas o patinando por sus corredores, haciendo surf en la playa, aprovechando las escuelas que fomentan su práctica, o vela o golf en los dos campos municipales son deportes normales al exterior. Tal vez por eso la oferta deportiva es numerosa y de calidad. Seis complejos y siete pabellones municipales deportivos, un palacio de deportes, seis piscinas públicas, rocódromos… están a disposición de visitantes y nativos para su uso diario gracias a su accesibilidad, no solo por la cercanía a los barrios residenciales sino también por la economía. Y si con todas estas actividades aún queda algún hueco, en el estómago, claro, no hay duda. Oportunidades para llenarlo hay muchas. En Cimavilla, en el barrio de La Arena, por el Fomentín, por la zona de la movida, en el Parque de Begoña o en las sidrerías y cafeterías repartidas por todos los barrios de la ciudad. No lo duden, caminen, vean, comparen y después elijan. Yo he elegido El Veleru, en el barrio de Cimavilla. Un espectacular lujo sostenible.

En busca de la gestión inteligente


Motivos le sobran a la Comisión Europea para incluir a Gijón en la Intelligent Cities Challenge, una iniciativa para impulsar la transformación digital. La CE ha basado su decisión en el progreso de la Industria 4.0, en el crecimiento sostenible, en la economía circular y en la integración del ciudadano en un ecosistema inteligente. La gestión inteligente del alumbrado público es uno de los factores más valorados ya que el Ayuntamiento ahorra dinero, 100.000 euros, y energía gracias al mejor uso de los recursos. Por su especial orografía, rodeada de ríos ―Piles, Aboño, Peña de Francia, Pinzales, Tremañes o Pilón, Llantones, Vega…― la gestión de las aguas pluviales tiene una importancia capital para el saneamiento de la ciudad, máxime en una comunidad donde la lluvia es un elemento característico.

Crecimiento azul

Con el nuevo siglo, Gijón ha dado el cambio de ciudad principalmente industrial a ciudad sostenible sin perder su esencia como puerto internacional de importancia y con el turismo como referente. Y lo ha realizado siguiendo la estrategia europea Crecimiento Azul, un plan a largo plazo para impulsar el crecimiento sostenible del sector marítimo que reconoce la importancia de los mares y océanos como motores de la economía por su gran potencial para la innovación y el crecimiento. Ahora, las energías renovables marinas, la acuicultura o la biotecnología comparten el crecimiento junto a otras actividades más tradicionales, como puede ser el turismo de costa. Impulsa Gijón, el vivero empresarial del Ayuntamiento, ha creado la marca Gijón Azul, destinada a la promoción de todas las actividades económicas basadas o relacionadas con los océanos, los mares y las costas, lo que se ha denominado Economía Azul.

Ya en la primera década del nuevo siglo se realizó la playa artificial de Poniente, poco después el Acuario, el Jardín Botánico Atlántico y el balneario de agua marina Talasoponiente. Actualmente se acomete la reforma de los paseos marítimos de las playas de San Lorenzo y de Poniente, con la rehabilitación de las fachadas de los edificios hacia el mar y la implantación de un nuevo paseo con carril bici y áreas de descanso peatonales. El conjunto, acompañado de una gestión que incorpora de manera decidida la tecnología digital ha permitido incluir a Gijón en la Red de Destinos Inteligentes y está generando importantes iniciativas laborales, muchas de ellas relacionadas con el turismo