Los gigantes de roca de la Ruta de las Caras de Buendía

Enormes figuras esculpidas en piedra viven en el corazón del campo de la Alcarria conquense.

Estela Pérez
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Foto: VIAJAR

El embalse de Buendía se ha convertido en un lugar de peregrinaje obligado en los veranos de la Meseta. Huyendo del implacable calor, cientos de personas buscan las aguas de este pantano, ubicado en provincia de Cuenca, para refrescarse ante el secano castellano. El epicentro de esta zona es Buendía, un municipio de trazado medieval fundado durante el reinado de Leovigildo

Las pedanías son una encrucijada de la flora ibérica y levantina, salpicadas de pinares naturales termófilos donde habitan distintas especies de águilas, halcones, buitres, nutrias, gatos monteses y zorros. Los aledaños de Buendía son, por su propia esencia natural, un oasis para el senderismo y la inmersión campestre frente a la Sierra de Altomira. Pero Buendía esconde entre sus rutas rurales algo más, un rincón mágico que sorprende a niños y adultos. Se conoce popularmente como la Ruta de las Caras de Buendía y se trata de un sendero, accesible a pie o a bici, de dificultad baja que se puede recorrer en una hora aproximadamente.

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En las lindes del camino se encuentran los protagonistas que dan nombre a la ruta. Sobre la roca arenisca- la misma materia prima del Egipto faraónico- se han esculpido figuras de rostros y bajorrelieves que oscilan de 1 a 8 metros de altura. Estas singulares obras de arte desprenden un carácter místico y arcaico con notas precolombinas. En 1992, Jorge J. Maldonado y Eulogio Reguillo comenzaron a tratar la roca de una manera muy personal, dándole forma para engrandecer el entorno natural desde una perspectiva artística espiritual. El resultado final se cristalizó en 2007, con un total de 18 gigantes estáticos, hieráticos y alegóricos

Vírgenes, duendes, dioses y Beethoven

La senda nace entre dos olivos a las afueras de Buendía, bien indicada con una señalización. A tan sólo 200 metros, salta al camino la primera escultura. Se trata de la Moneda de Vida, un bajorrelieve alegórico de 1,4 metros de alto que representa el origen del cosmos y de la vida. La pelvis y la estructura ósea inferior femenina se circunscriben en una forma circular como metáfora de la creación, siendo el nacimiento de un nuevo ser el centro de la obra. 

Girando a la izquierda aparece una serie de 4 esculturas, dispuestas a muy poca distancia unas de otras. La Cruz Templaria, con la misma altura que el bajorrelieve anterior, supone un tributo a las órdenes militares del siglo XV, utilizando el mismo símbolo con el que Colón engalanó las velas de sus naves en su viaje a América. A continuación, con casi 4 metros, se alza una imponente Krishna, un homenaje al misticismo oriental. El busto enorme de la deidad está decorado con minuciosos detalles típicos del hinduísmo. Siguiendo el camino espiritual, con 3,3 metros de alto, aparece Maitreya que, inspirada en la imaginería budista china, simboliza el anuncio de un Buda que está por llegar. Esta parte del sendero la cierra Arjuna, el heroico guerrero de la leyenda de la mitología hindú, observa a su público con su mirada de astuto vencedor a 2,6 metros sobre el suelo. 

La senda ofrece a continuación una bonita panorámica del pantano. A 150 metros, se puede ver la Espiral del Brujo, un concepto metafísico sobre la evolución del tiempo plasmado en forma de espiral interminable de 2 metros. A su lado, un gnomo de 2,2 metros parece dormir. Se trata de Chemari, un personaje de fábula que está meditando, transmisor de la sabiduría y la paz del bosque

A 250 metros de allí, un rostro austero, de mirada mística y sosegada, parece buscar algo más allá de este mundo. La Monja, de 1 metro, fue una de las primeras esculturas que se hicieron en la ruta. A su lado, en contraste al cristianismo, el Chamán mira al pantano, simbolizando la sabiduría del encuentro entre el mundo del cuerpo y del espíritu

En los alrededores, otros rostros de altura similar se muestran como los más curiosos. El Beethoven muestra su genialidad bajo un semblante pensativo e inquieto, quizás buscando la inspiración para una melodía maestra entre los campos de Buendía. De las grietas del compositor, surgen extrañas figuras que, según la imaginación del observador, pueden ser duendes del bosque o, incluso, extraterrestres

 

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Al otro lado de la peña, la Dama del Pantano mira solemne hacia la presa, obra que desprende una belleza natural y sencilla, como la propia naturaleza. Desde ella, una senda paralela lleva a la Peña de las Vírgenes. En ella, sobre la pared de piedra, están esculpidas las 3 figuras - de 1 metro de altura aproximadamente- de carácter más católico: la Virgen de las Caras, una figura de la imaginería popular religiosa, en honor a la patrona del pueblo; la Virgen de la Flor de Lis, inspirada en la Virgen de la Catedral de la Almudena de Madrid, símbolo de la pureza; y la Cruz del Temple, un símbolo primitivo protector del cristianismo, tallado con en base al modelo celta. 

 

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El punto final de esta ruta que abre las alas a la imaginación, como no podría ser de otro modo, es puro simbolismo. Una calavera de 2,6 metros se alza al borde del pantano. Interponiéndose entre el agua y la tierra, mira desafiante hacia el resto de caras y el atardecer. Su nombre, De Muerte, coincide con el apelativo coloquial que podríamos dar a esta ruta original e inesperada.