Gante: siete planes en la ciudad rebelde

Lo que no puedes perderte en esta metrópoli universitaria del corazón de Flandes

Noelia Ferreiro
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Foto: Rostislavv / ISTOCK

Acogedora y hermosa, próspera y polifacética, Gante, la tercera ciudad de Bélgica, tiene una intensa vida universitaria que moldea su carácter activo, animado, incluso rebelde. Una rebeldía que se remonta a la época de Carlos V (el más afamado gantés), a quien el pueblo truncó su intento de imponer una subida de impuestos.

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De la misma manera en que entonces se sublevó contra el emperador, esta metrópoli hoy se resiste a ser un mero escaparate… y eso que se trata de ciudad flamenca con mayor número de edificios históricos. Visitarla es descubrir una sorpresa a la vuelta de cada esquina, pero hay ciertos básicos que no puedes pasar por alto:

Graslei, cita de los jóvenes 

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Es uno de los dos muelles de la ciudad (su traducción es el muelle de las Hierbas-) extendido por ambas márgenes del río Lys. Aquí se concentra la animación diurna, siempre bajo la sombra de sus románticas Casas Gremiales (la de los Albañiles, la de los Marineros Libres, la de los Medidores de Cereales...) que nacieron para defender los derechos de asociación y que hoy se han reciclado en tiendas, bares y restaurantes. Con el buen tiempo, los jóvenes llegan en bicicleta para sentarse en el mismo suelo y compartir cervezas y risas en un auténtico escenario medieval. 

Korenlei y sus animadas terrazas

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Es el segundo muelle (muelle del Trigo), en el que el ambiente se materializa en sus bulliciosas terrazas mientras las aguas del canal reflejan los palacetes clásicos en una imagen hermosísima. También a veces se convierte en un escenario para grupos musicales que improvisan en plena calle. Y no falta el colmo de lo antiguo y lo nuevo, que tiene su másima expresión en el Hotel Marriott, que esconde tras su fachada medieval un interior vanguardista.

La Catedral de San Bavón 

 

Es una joya de arquitectura ecléctica (románico, gótico, barroco) en cuyo interior sobrevive una muestra que confirman que la región belga, desde la época medieval, ha sido una fuerza inspiradora para el arte. Se trata de una de las primeras piezas de la escuela primitiva flamenca: el retablo de La Adoración del Cordero Místico, de Jan Van Eyck (esta vez junto a su hermano Hubert). Precisamente este año 2020 está consagrado a esta figura famosa por sus retratos de meticuloso realismo, después de dos ediciones anteriores dedicadas, respectivamente, a Rubens y Brueghel el Viejo. Para ver las obras del genio protagonista, nada mejor que la muestra Van Eyck. An Optical Revolution, que tendrá lugar en el Museo de Bellas Artes de esta ciudad.  

El Castillo de los Condes de Flandes

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Es uno de los monumentos más visitados, una imponente fortaleza que fue residencia de la nobleza y que ha estado estrechamente vinculada a la compleja y a menudo agitada historia política y social de la ciudad. Se trata del único castillo medieval con foso que queda en Flandes, cuya estructura es toda una ostentación de riqueza, dominio y poder. 

El Puente de San Miguel 

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Ideal para un selfie romántico es este puente desde el que se vierte una imagen de postal n 360 grados: el Graslei y el Korenlei, la Antigua lonja del Pescado, el Castillo de los Condes de Flandes, la Iglesia de San Miguel las tres icónicas torres de Gante que cnforman una enfilada de atalayas: la de la Catedral de San Bavón, la de la Iglesia de San Nicolás y la Torre Campanario, gris y solitaria, que se alza sobre la ciudad con su campana Rolando y un dragón en lo alto que protege las libertades.

El barrio de Patershol

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Es como una ciudad dentro de la ciudad, un antiguo arrabal de obreros y curtidores que se salvó por los pelos del derribo. Gracias a su restauración, precisamente, hoy luce un bonito entramado de callejuelas medievales que conservan su alma de barrio, con los niños jugando en plena calle y las viejas tradiciones intactas. En Patershol se suceden los cafés con encanto, los bares de diseño y, especialmente, los restaurantes. Por eso dicen que es el área gourmet de la ciudad, donde se puede hacer un viaje culinario por el mundo: desde cocina japonesa, italiana o española hasta indonesia o turca, sin olvidar la cocina flamenca de la abuela. 

Las Cervecerías

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Degustar una o muchas cervezas es uno de los motivos que justifican la visita a la región de Flandes, donde se elaboran cientos de variedades, algunas de ellas entre las más valoradas del mundo. Por eso nadie puede irse de Flandes sin detenerse en algunas de sus cervecerías. Dulle Griet (Margarita la loca) es tal vez la más reconocida, puesto que tiene el honor de ofrecer 250 tipos diferentes. También por su curiosa costumbre: la cerveza que es servida en un enorme recipiente con forma de reloj de arena, previa entrega al camarero de uno de los zapatos del cliente. Sólo cuando éste acabe la ingesta, si aún hay lucidez que lo permita, tendrá que reclamarlo en la barra para que le sea devuelto.