Gallocanta, el mayor espectáculo del mundo

La Laguna de Gallocanta, el increíble refugio de las grullas, ofrece estos días el mayor espectáculo del mundo. El mayor humedal salino de la Península Ibérica, a caballo entre Zaragoza y Teruel, acoge decenas de miles de grullas, que en febrero, la época en la que tiene lugar la mayor entrada de aves en la zona, y el mejor mes para observarlas, ofrecen la imagen más extraordinaria de la naturaleza. Está en la lista de Humedales de Importancia Internacional, porque es un lugar imposible de encontrar en cualquier otra parte del mundo. 

Irene González
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Foto: jarcosa / ISTOCK

Son un placer para los sentidos, y avistarlas se convierte en un espectáculo cargado de magia. En su refugio invernal bulle de vida por las decenas de miles de grullas que encuentran en este espacio de 15 kilómetros cuadrados. Gallocanta, una impresionante Reserva Natural, a caballo entre Zaragoza y Teruel y uno de los más interesantes de nuestro país, es su refugio invernal hasta marzo. Y es que Gallocanta, es el refugio del 80 por ciento de las europeas, que en alguna etapa de su vida, se han llegado hasta Gallocanta.

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Cuando las grullas, con más de un metro de altura, y sus dos de envergadura, levantan su vuelo en bandadas al amanecer, justo antes de la salida del sol, para dirigirse a los campos cercanos para alimentarse, ofrecen la representación natural más bella del planeta. Ceremonia que se repite al atardecer, cuando el graznido de todas ellas en vuelo, anuncia su llegada al agua, donde vuelven a dormir. Así que una hora antes de la caída del sol, el hechizo vuelve a la laguna. 

Febrero es la época en la que tiene lugar la mayor entrada de aves en la zona. Justo en medio del Sistema Ibérico, y a mil metros de altitud, es la laguna natural de mayor extensión de nuestro territorio, donde la migración de las grullas ofrece una inimaginable estampa. La algarabía y alboroto que generan las idas y venida de miles de grullas en sus periplos migratorios, produce una sensación indescriptible. Es tiempo de grullas en Gallocanta, tiempo de escuchar sus trompeteos incesantes recién llegadas del norte de Europa. Aquí hacen un alto en el camino, o se instalan a invernar, y es cuando la naturaleza regala un espectáculo casi único en el mundo.

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Es fácil descubrirlas desde los Centros de Interpretación instalados en el mismo borde de la laguna. Desde los observatorios de Los Aguanares, de los Ojos, de la Reguera, y del Cañizar, se advierte el deambular de estas aves sobre sus largas patas. Desde el observatorio de La ermita del Buen Acuerdo, otro rincón que permite un excelente avistamiento, además se pueden contemplar las enormes pendientes jurásicas de la laguna, que se originó hace 40.000 años, tras la ruptura de una mole rocosa y que generó la cuenca actual. 

Los varios poblados celtíberos que se conservan en la zona, son irresistibles. Pero las grullas no son las únicas aves que pueblan esta increíble laguna que forma parte de la europea Red Natura 2000, además de estar catalogada Lugar de Interés Geológico de Aragón, y Reserva Natural Dirigida. En sus riberas también es fácil avistar fascinantes pájaros como el Águila Real, al buitre leonado, milanos, azores, halcones y ruiseñores, entre más de 200 especies de aves. Febrero es el mes del increíble paisaje cuajado de grullas, el tiempo en el que estas aves viajeras ofrecen el mayor espectáculo del mundo. Un viaje por el mayor humedal del mundo envuelto en creencias, peirones, estepas, yacimientos celtíberos, castillos, aljibes, observatorios, y magia, que no te puedes perder. 

Gallocanta

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A los pies de la sierra de Valdelacasa y en un llano infinito, se levanta el pueblo de Gallocanta, situado a escasos 300m de La Laguna. En esta pequeña e histórica localidad del Campo de Daroca, casi en el límite de la desconocida Teruel, está la iglesia de San Pedro que contiene la talla de la Virgen del Buen Acuerdo, una joya del siglo XIII. E imprescindible la antigua casa de peones que alberga el Centro de Interpretación de La Laguna, en la carretera que une Tornos y Bello.

Berrueco

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En el pequeño Berrueco, donde en invierno apenas residen una docena de habitantes, la calma solo se rompe con el sobrevuelo de las grullas. Llamativa la casa del Verdugo, denominada así por el escudo con un hacha que campea en su portal; y la iglesia dedicada a la Asunción de la Virgen, que domina el centro del pueblo. Y desde lo alto, junto a las ruinas del castillo del siglo XII, se divisa una espectacular panorámica de la laguna, y todo el entorno estepario. Cerca se encuentra el yacimiento El Castellar, un extraordinario poblado celtíbero.

Tornos

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Tornos comparte el territorio que ocupa la Reserva Natural de la Laguna de Gallocanta. Su proximidad a este impresionante enclave ecológico, pone en valor este pequeño pueblo de Teruel, y hay que entrar en el observatorio del Cañizar para disfrutar de una vista espléndida de los lagunazos de Torno y la laguna del Pollo. Cuenta con espléndidos monumentos como su iglesia parroquial de San Salvador, construida entre el siglo XVIII y XIX. En lo alto, destacan los restos de su antiguo castillo. Su Museo Agrícola Cantín-Luna, un espacio ambientado en los años 50, exhibe diversos aperos de labranza.

Bello

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Esta encantadora población de tradición agrícola y ganadera, es famosa por el cultivo de cereal. En su casco urbano sobresale la iglesia parroquial de la Natividad, construida en el siglo XVI en un estilo de transición entre el gótico y el renacimiento. En Bello está el segundo centro de interpretación, perfecto para descubrir la parte sur del humedal. Una pista lleva hasta La Pardina y más adelante, en Las Regueras, hay otro observatorio permite un buen avistamiento de las grullas.

Las Cuerlas

Las Cuerlas, un pueblo agrícola, consagrado al cereal, que posee edificios interesantes. Destaca una casa datada en 1777, con una preciosa balconada de hierro y madera. Además, hay restos de infraestructuras de época medieval, como su molino, la presa, o el aljibe. Su pequeña iglesia de la Asunción de la Virgen, del XVI, posee interesantes retablos y una singular reliquia, la de Santa Orosia, que está allí desde 1775. E imprescindibles sus cruces de término, o peirones. Estos pilares o monolitos construidos en piedra o ladrillo, tienen una doble función. Por un lado señalar el inicio o confluencia de caminos y por otro tiene un carácter devocional, porque santifican el lugar que ocupan