Con Freud en su propio diván

Recorremos la casa del subconsciente, el lugar donde el genial doctor dio con la fórmula del psicoanálisis y revolucionó el pensamiento moderno

Noelia Ferreiro
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Foto: Gerald Zugmann

Cuentan que aquí escribía, escuchaba a sus pacientes recostados sobre el diván y experimentaba con sus hipótesis acerca del funcionamiento psíquico del hombre, del poso que dejan los sueños y de la importancia de la sexualidad desde los tempranos años de la infancia. Era los tiempos de la Belle Époque en aquella Viena de 1900 que vivió una efervescencia cultural sin precedentes, una eclosión de todas las artes. Aquella Viena que, harta de la tradición imperante, de la exclusividad caduca de los palacios feudales, alumbró una cosecha irrepetible de artistas, escritores e intelectuales.

En este contexto, en el número 19 de la calle Berggase, algo importante y duradero se estaba gestando. Unas ideas que sacudieron los cimientos de la que por entonces era la capital del Imperio Austro-Húngaro, que revolucionaron el pensamiento moderno, que agujerearon la racionalidad de la época al tratar de descifrar el laberíntico subconsciente humano. Hablamos de la Teoría del Psicoanálisis. Su artífice, ya saben, Sigmud Freud.

Sala de espera en el Museo de Sigmud Freud. | Florian Lierzer © Sigmund Freud Foundation

Recorrer hoy esta casa vienesa tan significativa del siglo XIX es imaginar la figura del genial doctor y revivir este apartado de la historia. Freud vivió en el entresuelo de esta vivienda desde el otoño de 1891 hasta el 4 de junio de 1938, cuando la persecución nazi le obligó a trasladarse a Londres con muchas de sus pertenencias. Aquí, en la sala de espera que se mantiene intacta -un enorme ventanal, un sofá rojo, una mesa y tres sillas tapizadas en terciopelo- tenían lugar las famosas reuniones de los miércoles por la noche, donde se debatía sobre la práctica del psicoanálisis y su novedosa función como terapia.

Antes había que pasar por el recibidor, donde hoy vemos un bastón, un sombrero y uno de los baúles que lo acompañaron en su huida y que probablemente llegó cargado de aquellos muñecos antiguos que coleccionaba -egipcios, griegos, orientales...- a los que llamaba "amigos" y con los que aseguraba compartir sus ideas en la intimidad. Un espacio que el cine retrató hace unos años con la película de David Cronemberg Un método peligroso, el drama histórico con trasfondo sexual que rescató la figura de Freud.

Florian Lierzer © Sigmund Freud Privatstiftung

El resto del museo -lo que se correspondería con el consultorio y las habitaciones privadas- son hoy salas desprovistas de muebles, desnudas, puesto que en ellas se montan exposiciones temporales. Pero no importa. Porque sólo con respirar este entorno y contemplar la cantidad de fotos y archivos que cuelgan de sus paredes uno puede apreciar el universo del autor de La interpretación de los sueños. Y es que el archivo Freud cuenta con una apreciable colección de documentos históricos, cartas y certificados.

Cuando Freud escribió en su diario "Finis Austriae", pocos meses antes de partir hacia tierras inglesas, ya sabía que nunca volvería a Viena. Ante la universidad de Berlín habían quemado sus libros junto a los de Thomas Mann y otros autores judíos. Después llegó el horror. Pero nada pudo acabar con el psicoanálisis.