¡Francia también tiene su Jerte! Descubre Céret, la capital de la cereza

A un paso de la frontera española

José Miguel Barrantes Martín
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El valle del Jerte nos brinda durante cada estación de la floración del cerezo un espectáculo visual formidable. Es una cita ineludible del calendario para todas aquellas personas que disfruten admirando paisajes y se ha convertido en una referencia turística de primer orden.

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Pero, a muy poca distancia de la frontera española, otro gran acontecimiento del cerezo en flor deslumbra cada año haciendo de su fruto una auténtica fiesta. Descubrimos Céret, la capital de la cereza en Francia, un lugar tan próximo que nos sorprenderá por los muchos lazos que nos unen.

A los pies de los Pirineos

La región de Occitania es un océano de rincones interesantes y en los Pirineos Orientales nos encontramos muchos de ellos. Dentro de la comarca de Vallespir, ligada históricamente al condado del Rosellón y marcada geográficamente por el curso del río Tec, se localiza la población de Céret, su capital, un enclave perfecto a caballo entre la cordillera que separa España y Francia, los inconfundibles Pirineos, y las aguas del mar Mediterráneo.

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Situada en la cuenca más meridional de la Francia continental y ante la presencia del carismático macizo de Canigó, por un lado, con sus sobresalientes 2700 metros de altitud sobre el nivel del mar, y el macizo de Albères, por el otro, Céret se extiende por la llanura del Rosellón albergando un microclima singular.

Unida fuertemente con un pasado catalán que solo se extinguió oficialmente a mediados del siglo XVII, con el Tratado de los Pirineos, no nos sorprende en absoluto que esta comuna francesa presente numerosas manifestaciones de aquella cultura, como el Festival Internacional de la Sardana, que se lleva a cabo cada verano.

Las calles y plazas del centro histórico nos muestran igualmente este nexo, como es el caso de la representativa Fuente de los nueve chorros, en cuya cúspide se alza el León de Castilla, mandado emplazar por los Reyes Católicos mirando hacia España. Un elemento que ha servido de disputa a lo largo el tiempo al haber sido cambiado de orientación en varias ocasiones, forzando que su mirada se fijara en uno u otro lado de la frontera.

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Otros signos de esa relación los encontramos en el trazado medieval de Céret, marcado por la existencia de su antigua muralla circular, de la que aún quedan restos como las puertas fortificadas. El mejor ejemplo es el de la Puerta de España, que se conserva perfectamente desde el siglo XIII, habiéndose convertido hoy en día en un referente de la villa y albergando junto a su torre la Casa del Patrimonio Françoise Claustre, el museo arqueológico de la comuna.

Esta puerta medieval, así como la Puerta de Francia – otra de los fieles vestigios de aquella primigenia muralla -, dan acceso al casco viejo, donde la iglesia de Saint-Pierre se alza como el edificio más emblemático.

Mientras, en el extremo del centro histórico, atravesando el curso del río Tec, el enigmático y legendario Puente del Diablo es otro de los grandes iconos de Céret. Sus 22 metros de altura y su grandiosa estampa reflejan el honor de tratarse del puente de un solo arco más grande construido en el mundo durante su época de construcción, en el siglo XIV.

Según la leyenda, fue erigido por el diablo a petición del pueblo de Céret, exigiendo a cambio la entrega del alma de la primera persona que lo cruzara. Para burlarlo, los astutos habitantes pusieron a atravesar la construcción a un gato negro, eludiendo su deuda de manera ingeniosa.

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Mucho menos legendario, aunque mucho más llamativa es la gran atracción que despertó Céret de los grandes maestros del arte moderno, como Picasso, Chagall, Matisse, Miró, Tapies…. que pasaron grandes estancias en este lugar y se implicaron en su crecimiento como centro cultural, hasta el punto de haberlo convertido con el tiempo en la “Meca del cubismo”.

De ese impulso nació, a mediados del siglo XX, el Museo de Arte Moderno de Céret, el más importante de este tipo de todos los Pirineos Orientales gracias a su colección con las obras de los más grandes artistas de ese momento.

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Las cerezas y Céret

Desde luego, el nombre de Céret le viene como anillo al dedo a esta comuna tan ligada a la cereza. Aquí nacen las primeras cerezas de la temporada en Francia y aquí se despiertan las mayores pasiones por este fruto del país.

Su magnífica situación, que otorga un microclima favorable al cultivo de este árbol, y las benignas condiciones del terreno, han creado en este territorio una tradición agrícola que cuenta ya con más de 150 años a sus espaldas, así como un valor gastronómico que ha situado a las cerezas de esta localidad como las más preciadas del mercado bajo bandera gala.

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Desde mediados de marzo, los campos de Céret asombran por la blancura de los árboles en flor, alcanzando el punto álgido del fervor por esta fruta durante el mes de mayo, cuando se lleva a cabo la Fiesta de la Cereza.

En 2022, esta gran celebración tendrá lugar los días 21 y 22, con eventos tan peculiares como el famoso concurso de lanzamiento de huesos de cereza, que se une a las bandas de música, desfiles y menús especiales en los restaurantes a lo largo y ancho de Céret.