La frágil belleza de los Doce Apóstoles, uno de los parajes más impresionantes del mundo
Las dramáticas formaciones rocosas que conforman una de las grandes joyas del país australiano están en peligro de extinción.

Ignota, inmensa, apabullante, pero también salvaje, misteriosa, a veces incluso letal. Australia es un territorio superlativo. Una isla, un país, un continente. Una realidad única en el planeta en la que todo es exagerado y extremo, enorme e incontrolable, impactante e incluso paradójico.
Australia son las playas, el trópico, el desierto, los arrecifes caleidoscópicos, las escarpadas cordilleras, el outback inhóspito y abrasador. Miles de hitos que trazan uno de los paisajes más ricos y variados que existen. Uno de ellos, tal vez el más fotografiado, es el de los Doce Apóstoles, un prodigio de la naturaleza que encontramos en el estado de Victoria, dentro del Parque Nacional de Port Campbell, y al que se accede a través de la Great Ocean Road, la carretera catalogada como la más bonita del mundo.
Viento y marea
Los Doce Apóstoles son unas dramáticas formaciones rocosas que emergen de las aguas y que son producto de cientos de miles de años de erosión. Una suerte de torres de piedra caliza de más de 70 metros de altura, azotadas por vientos huracanados e implacables oleajes, que propician la estimulante sensación de encontrarse en los confines de la Tierra. La espuma lo cubre todo, los respiraderos rujen y la resaca devuelve su silueta envuelta en la bruma.

Pocos son los que no logran estremecerse ante semejante espectáculo de la naturaleza, al que se observa desde una pasarela de madera. Especialmente al atardecer, cuando la luz anaranjada le confiere un perfil onírico y la noche anuncia presagios misteriosos. Semejante belleza le ha llevado a ser considerado uno de los escenarios más impactantes del planeta.
Pasar al olvido
Pero ojo, que hay quien ya pronostica una corta vida a este tesoro australiano, que podría tener los días contados a causa del cambio climático. Los primeros síntomas han acaecido hace poco: debido a la fuerza del viento y el agua, que ha incrementado su impacto en virtud de los cambios en las mareas, algunas de estas rocas verticales no han podido resistir la embestida. Esto se traduce en que los Doce Apóstoles, en la actualidad, se han quedado reducidos a algo menos de una decena.

No es el único paraje australiano que está en peligro de extinción. También la Gran Barrera de Coral ha perdido la mitad de su población en menos de tres décadas debido al aumento de las temperaturas, la cada vez mayor intensidad de las tormentas tropicales y la aparición de una estrella de mar invasora, que se alimenta de coral.
Como ella, los Doce Apóstoles luchan para sobrevivir. Y lo hace luchando no sólo contra el calentamiento global, sino también contra la contaminación ambiental, la propia erosión natural y el deterioro causado por determinadas prácticas turísticas. Su estremecedora visión y su atronadora banda sonora amenazan con pasar al olvido.
Playas y ballenas
Esta visión es la que aparece de pronto tras tomar una curva en el último tramo de la Great Ocean Road y después de atravesar playas infinitas salpicadas de surfistas, imponentes acantilados, encantadoras poblaciones congeladas en el tiempo, restos de naufragios, bosques de eucalipto donde dormitan los koalas y canguros que saludan al cruzarse en el camino.

Más allá, aparecerán nuevas formaciones rocosas. Y también nuevas calas con olas impenitentes, más restos de barcos hundidos, más canguros y más koalas, frondosas reservas naturales y localidades como Warrnambool, donde las ballenas francas australes aparecen todos los años entre los meses de mayo y septiembre.
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