En los primeros puestos del desconfinamiento: Formentera sale del letargo

El primer destino mediterráneo en iniciar el desconfinamiento aguarda más bello y purificado si cabe

Noelia Ferreiro
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Han sido cincuenta días de aislamiento dentro de la aislada posición de serie que le da su insularidad. Cincuenta días de silencio dentro del periodo silencioso que supone su temporada baja. Cincuenta días de serenidad natural, sin gente, sin barcos, sin tráfico rodado, dentro de la serena naturaleza que distingue a la más pura del archipiélago balear.

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Formentera es el primero de nuestros destinos mediterráneos en salir del confinamiento excepcional al que nos ha llevado la pandemia del Covid-19. Una isla que, junto con La Gomera, El Hierro y La Graciosa, forma parte de las elegidas para el inicio de la desescalada. Desde hoy, y gracias a que, afortunadamente, el impacto del coronavirus ha alcanzado unas cotas muy leves, todas ellas entran en la fase 1, con la que se alivian las  restricciones de movilidad y reunión.

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Magnética y cautivadora

Se abre, de esta manera, el paraíso a la vuelta de la esquina. Porque la menor de las Pitiusas es eso, un edén magnético y cautivador, tal vez uno de los pocos rincones que se conservan inalterados y eternos en el Mare Nostrum. Con sus aguas turquesas al más puro estilo caribeño y su luz como de otro planeta, esta isla de tamaño bolsillo es un bello ejemplo con el que la vuelta a la normalidad nos recuerda que aguardan lugares, muy cerca, donde los sueños son posibles.

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En Formentera, donde, ya se sabe, residen algunas de las playas más bonitas del mundo, la posidónia oceánica habrá purificado estos días, más si cabe, sus siempre cristalinas aguas. Porque para eso aquí se encuentra la mayor pradera de esta planta que alfombra el fondo del mar y cuya peculiar fotosíntesis propicia unas coloraciones que engloban todo el repertorio del azul. Algo por lo que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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Volver a disfrutarla

También en la isla, sumida en la soledad absoluta durante estos meses, las rutas verdes habrán ganado en esplendor. Esos 32 circuitos debidamente señalizados que permiten recorrer su diminuto territorio (apenas unos 19 kilómetros de largo por unos 2 kilómetros de ancho), a pie o a ritmo de pedaleo, a lo largo de más de 100 kilómetros de especial interés natural. Y que brindan asimismo el placer de perderse sin prisa por senderos ocultos para acceder a rincones inaccesibles de otro modo.

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Será  momento de redescubrir Formentera con la emoción de la primera vez. De volver a disfrutar de su variopinto paisaje de acantilados, dunas, lagunas y bosques de pinos y sabinas. De sumergirse en las aguas más cristalinas del país. De comprobar cómo su imagen indisociable sigue siendo la de los faros emblemáticos que quedaron inmortalizados en la película 'Lucía y el sexo'.

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Higueras, piratas y Julio Verne

Pero también será ocasión de perderse por el interior para encontrarse de pronto con higueras que crecen en horizontal con las ramas apuntaladas, para sorprenderse con  las torres de defensa de la época de los piratas, para contemplar antiguos molinos de viento y ver planear sobre el cielo a flamencos y garzas reales que escapan de los juncos y las cañas.

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Formentera es buen inicio para volver a soñar con todos los viajes que nos esperan. Por su atmósfera en ocasiones esotérica. Por los ecos de Julio Verne, a quien algunos de los parajes de la isla inspiraron sus travesías literarias. Por sus escasas y pintorescas poblaciones donde degustar una gastronomía estupenda basada en la dieta mediterránea. Existen rincones diminutos, que en realidad resultan infinitos. Y a estas alturas, no hay nada que más apetezca.