Formentera, la isla del tesoro... submarino

La isla lucha por salvar su tesoro más preciado, la posidonia, su extensa pradera submarina que le otorga transparencia a sus aguas, calidad a sus arenales y protección a su costa. Es una de las tantas iniciativas ECO de Formentera.

Silvia Castillo
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Foto: Damocean / ISTOCK

Mar de un intenso azul turquesa, playas de arena blanca y amplias zonas de dunas y bosques de sabinas conforman el paisaje paradisíaco de Formentera, la menor de las Pitiusas (Pitiüses en catalán), donde la espectacular belleza del entorno natural nos enamora a cada paso. En sus 84 km2 nos encontramos con áreas protegidas, como el Parque Natural de Ses Salines, y un urbanismo de casas dispersas en el territorio, que no ha sucumbido a la fiebre desbocada del ladrillo. Formentera sigue siendo otro mundo, una isla hecha a la medida del ser humano, donde se han adoptado medidas arriesgadas para proteger un territorio frágil y de enorme valor ambiental. Enclave estratégico del Mediterráneo desde la Antigüedad, se calcula que la isla fue habitada de forma estable en el tercer milenio antes de Cristo.

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Púnicos y romanos poblaron la menor de las Pitiusas, que a lo largo de su historia se ha visto asolada por ataques de piratas o enfermedades como la peste negra. En el siglo XX llegó su gran transformación: de una economía de subsistencia pasó a depender del turismo, lo que ha supuesto grandes beneficios, pero también una enorme presión social y medioambiental que les ha llevado a asumir como imprescindibles medidas pioneras a favor de la sostenibilidad. El mayor tesoro que comparten Ibiza y Formentera es, sin lugar a dudas, la Posidonia: la extensa pradera submarina fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1999 y a ella se debe la transparencia de las aguas, la calidad de los arenales o la protección de la costa, así como la biodiversidad marina.

Sin embargo, también está amenazada por el fondeo de embarcaciones, cuyas anclas arrasan la planta y contaminan su hábitat con vertidos. Precisamente para combatir estos efectos adversos, así como todos los asociados al cambio climático, nació Save Posidonia Project en 2017. Esta iniciativa invita a pasar a la acción para evitar el retroceso de la pradera con acciones como apadrinar metros cuadrados de Posidonia.

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Save Posidonia Project ha logrado que se apadrinen 251.052 m2 de la planta, que mantiene la calidad del ecosistema submarino, donde se alimentan y reproducen más de 400 especies de plantas y un millar de especies animales. La recaudación obtenida vía micromecenazgo revierte directamente en la pradera milenaria. Así ha sucedido con el estudio Antroposí, presentado por Imedea, para averiguar cómo afectan las actividades humanas a un ecosistema tan vulnerable. El grupo ecologista GEN-GOB también trabaja con esos fondos en la geolocalización de los puntos donde se producen los impactos más relevantes.

En el marco de este proyecto también se celebra de forma anual el Forum Save Posidonia, que reúne a expertos con el objetivo de promover el turismo sostenible y concienciar sobre la vital importancia de la posidonia en el presente y para las generaciones futuras. Junto a la apuesta decidida por la protección y conservación de la posidonia, Formentera ha dado un paso valiente para limitar el número de vehículos que pueden circular por la isla. Su medida estrella para avanzar en sostenibilidad es Formentera eco, que en el tercer año de aplicación ha fijado un tope máximo de 20.591 vehículos con autorización para circular desde el 24 de junio hasta el 7 de septiembre.

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Esto supone un 8 % menos que en 2019 y la previsión es continuar con la reducción de un 4 % anual hasta 2023. Los turistas que visitan la isla deben acreditar sus vehículos a través de la web Formentera.eco y deben pagar una tasa de un euro por coche y día, con un importe mínimo de cinco euros y, en el caso de las motocicletas y ciclomotores, deben abonar 0,50 € por día, con un importe mínimo de 2,50 €.

La acreditación es gratuita para vehículos eléctricos y para los residentes en Formentera y empadronados en el resto de las Islas Baleares, aunque también se deben registrar a través de la web. La presidenta del Consell, Alejandra Ferrer, asegura: “Una de las amenazas más grandes que tiene Formentera es la masificación. Hemos conseguido reducirla por la vía terrestre, pero nuestro próximo reto debe ser la regulación marítima, tanto de las frecuencias como de las líneas regulares, así como la regulación del fondeo de barcos en todo el litoral”.

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En la hoja de ruta de Formentera hacia la sostenibilidad figura un plan para regular la instalación de energías renovables. La isla forma parte del proyecto pionero europeo VPP4Islands para facilitar la integración de sistemas renovables y acelerar la transición hacia energías verdes. En la misma línea, ha implantado medidas de ahorro energético para racionalizar el consumo en instituciones municipales e impulsar la movilidad eléctrica, además de fomentar la reutilización de residuos, con ejemplos como dar una segunda vida a las bicicletas viejas o reciclar los palets de obra.

El cambio hacia un modelo turístico más sostenible también pasa por rebajar la presión en pleno verano y alargar la temporada, de forma que los visitantes puedan disfrutar de sus 69 km de playas y de sus 32 rutas verdes en los cálidos meses de otoño y primavera. En este sentido, la isla trabaja desde 2020 en la promoción de nuevas actividades turísticas más sostenibles, como son la ruta ornitológica de más de cuatro km que recorre el perímetro del Estany Pudent, uno de los humedales con mayor valor biológico del parque natural y zona para el avistamiento de pájaros, con más de 200 aves censadas, además de flamencos.

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La Finca Can Marroig, que acoge el Centro de Interpretación del Parque Natural de Ses Salines, es otro de los puntos de interés, donde se pueden admirar elementos tradicionales de la actividad agrícola de la isla y vestigios arqueológicos, además de un curioso desierto de extrañas rocas de formas curiosas ―Sa Pedrera― que en el pasado fue una cantera. Formentera quiere abrirse a nuevos públicos con un nuevo calendario de actividades para otoño y primavera que incluye eventos como Formentera Fotográfica, Formentera 2.0 (encuentro otoñal con la cultura digital) o Formentera Astronómica, con observación nocturna de estrellas con telescopios en cala Saona. También Formentera Zen, cuyo programa se centra en la salud y el bienestar físico y emocional.

La pequeña isla mediterránea, que es un imán para los amantes de la tranquilidad, enamora por sus pueblos con encanto, su gastronomía, sus mercados artesanales, sus impresionantes puestas de sol y el ambiente bohemio de sus plazas, donde se celebran numerosos conciertos gratuitos al aire libre. Por ejemplo en Sant Francesc, la capital, cuyo conjunto histórico incluye una iglesia concebida como una fortaleza. El cementerio (finalista en los FAD de Arquitectura 2017), la capilla de Sa Tanca Vella, del s. XIII, y los molinos de sa Miranda forman parte del recorrido sorprendente en una isla singular, donde los amantes de la historia y la arqueología también encontrarán el castellum romano de Can Blai, restos de una construcción fortificada.

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Nadie se va de Formentera sin disfrutar de Ses Illetes o de Migjorn, el mayor arenal de la isla, con cinco kilómetros de playas paradisíacas y la única torre de defensa cuyo interior se puede visitar: Pi des Català o torre de Migjorn, del siglo XVIII. La foto en el faro del cabo de Barbaria es otro de los recuerdos imprescindibles del viaje, junto con la visita a El Pilar de la Mola, cuyo faro inspiró a Julio Verne. El pueblo acoge un mercado artesanal, los miércoles y domingos por la tarde, de mayo a octubre, donde se pueden encontrar cerámica, cuero... La iglesia de la Mola, del s. XVIII, y el taller artesanal del joyero Enric Majoral también forman parte de la colección de recuerdos.

Un destino más allá del verano

Esta isla balear de aguas azules turquesas y playas idílicas de arena fina lleva ya unos cuantos años apostando por hacer compatible el turismo de calidad, la protección medioambiental y el crecimiento económico. Un laboratorio de pruebas en donde se han mirado otras islas y comarcas. Aquí se disfruta todo con tranquilidad y en perfecta armonía con un paisaje natural privilegiado. Y es que, en Formentera, el verdadero lujo es la conservación del territorio. El Save Posidonia Project, que propone apadrinar uno de sus tesoros marinos, la posidonia oceánica, en defensa de su conservación y la firme apuesta por la movilidad sostenible, con puntos de recarga para coches eléctricos y regulación de entrada de vehículos, son sus acciones más determinantes en defensa del medioambiente. A favor de la sostenibilidad, ha conseguido ser un destino para disfrutar durante todo el año, con una gran variedad de actividades tanto deportivas (media maratón, vuelta cicloturista en BTT , triatlón de Es Pujols) como culturales (Formentera Fotográfica, Jazz Festival, Tango Festival, Formentera Zen o Formentera 2.0). Y por si esto fuese poco, otra apuesta inspirada en la sostenibilidad: su gastronomía slow food, platos tradicionales con productos autóctonos y todos sus sabores recogidos en un mapa de la isla donde se especifican productores y comercios de producto kilómetro cero. Una buena red de restaurantes en las playas permite disfrutar de la gastronomía mediterránea en ambientes muy sugerentes mientras se observan paisajes de ensueño.