Las flores del Algarve no esperan a la primavera

Los almendros del sur de Portugal ya ofrecen un espectáculo de colores blancos y rosados en invierno. Te proponemos una ruta para comprobarlo 'in situ'

Redacción Viajar
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Foto: LuisPortugal / ISTOCK

No hay que esperar a la primavera para disfrutar de un espectáculo florido. El Barrocal, una región agrícola repleta de almendros del Algarve, al sur de Portugal, cambia su color paisajístico desde ya mismo. Los tallos de las ramas de los árboles explotan y transforman los campos, hasta ahora rojizos aparentemente baldíos, en mantos de tonalidades rosas y blancas. 

No se sabe a ciencia cierta por qué hay tantos almendros en esta región, pero nosotros nos quedamos con una de las muchas teorías o, mejor dicho, con la historia más sugerente: en los tiempos en los que el Algarve era Al-Gharb, existió un califa llamado Ibn-Almundim cuya mujer, una joven princesa nórdica, echaba de menos los paisajes nevados de su tierra. Para contener su nostalgia, Ibn Almundim mandó plantar miles de almendros que, una vez al año, coloreaban de blanco los paisajes que rodeaban el castillo. 

Y hasta aquí la leyenda. La ciencia constata que la permanencia de este cultivo responde al clima benévolo de la zona, a las condiciones del terreno y a la rentabilidad de su fruto. 

El primer Festival de los Almendros en Flor

Cada año, la Asociación Recreativa, Cultural y Deportiva de Amigos de Alta Mora, un pequeño pueblo de montaña que pertenece al municipio de Castro Marim, celebra este acontecimiento. Lo hacen con rutas guiadas y propuestas gastronómicas, pero este año han dado un paso más y organizan la primera edición del Festival das Amendoeiras em Flor, el Festival de los Almendros en Flor.

El evento, que tendrá lugar durante el primer fin de semana de febrero, combina naturaleza, gastronomía y cultura y permite descubrir el lado más natural y tradicional del Algarve: el de los pueblos de montaña que, alejados del turismo y de las grandes ciudades, permanecen congelados en el tiempo.

A lo largo de dos días, se han programado recorridos a pie por los alrededores para descubrir la orografía serrana: los arroyos que recorren los valles, las montañas de alrededor y los almendros. Y, además de caminar, los visitantes podrán adquirir productos típicos como el queso de cabra en el mercado local, participar en juegos tradicionales, disfrutar del teatro, de fados y de conciertos folk y asistir a talleres gastronómicos. Un evento bajo el paraguas del programa cultural 365 Algarve.

Camino de los Almendros

Los senderos que rodean al minúsculo pueblo de Alta Mora permiten descubrir la exuberancia natural de los alrededores. Uno de ellos es el PR8, el Camino de los Almendros, una ruta circular de unos 11 kilómetros que conecta Cruz de Alta Mora, Soalheira, Caldeirão, Pernadeira, Funchosa de Baixo e de Cima.

Desde el camino, se vislumbran los campos de almendros floridos, los paisajes montañosos, las jaras y las higueras. Y, con un poco de suerte y buenas dosis de atención, el senderista se encontrará rastros de los habitantes de la zona: conejos, perdices, liebres y jabalíes.

Un espectáculo para otro sentido: el del gusto

Y del paisaje, a la mesa. Como no podía ser de otra manera, la almendra, la amêndoa, es un ingrediente fundamental en la gastronomía algarvía. Acompaña todo tipo de recetas, pero sobre todo se utiliza en repostería.

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Con ella se elaboran dulces como la azevia, una especie de empanadilla dulce, tradicional de la Navidad, que lleva almendra, batata y calabaza; también los famosos queijinhos de figo que mezclan dos de los ingredientes básicos de la zona, el higo y la almendra, los bolinhos y el morgadinho, con almendra y cabello de ángel.

Uno de los licores más populares de la región, la amarginha, también incorpora altas dosis de la variedad amarga de este fruto. Se sirve después del café y marida muy bien con una buena sobremesa. Una, por qué no, contemplando los inopinados paisajes blancos de esta época del año, que poco tienen que ver con la nieve.