Fiorita, el universo de colorido italiano que estalla en primavera

El gran regalo anual de Castelluccio di Norcia

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Alberto Gagliardi / ISTOCK

Cada año, ya avanzada la primavera, las llanuras de Castelluccio di Norcia, en el centro de Italia, experimentan una explosión de color como en pocos lugares en el mundo se pueden contemplar.

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Con los Montes Sibilinos como telón de fondo, la floración crea paisajes extraordinarios en un entorno rural situado a más de 1400 metros sobre el nivel del mar.

Cuando la agricultura se hermana con la naturaleza

Allí donde el territorio de la región de Umbría penetra como una punta de lanza sobre la región de Las Marcas y frente a la imponente silueta de los Apeninos, identificados en este punto bajo el nombre de Montes Sibilinos, se abre una amplia depresión conocida como Piano Grande.

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Es en esta altiplanicie, que da la impresión de haber sido peinada por gigantes, donde se asienta la pequeña Castelluccio, recordada a menudo junto a su apellido “di Norcia” para indicarnos el municipio al que pertenece.

Nos encontramos a más de 1400 metros sobre el nivel del mar y las casas, encaramadas a lo largo de una colina, parecieran asomarse al abismo de un gran mar de campos de labranza rodeados por montañas. No en vano, constituye uno de los núcleos de población situados a mayor altura de los Apeninos, y no es de extrañar que, dejando volar la imaginación, en ocasiones haya sido apodado como “el pequeño Tíbet”.

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La bucólica postal que constituye Castelluccio y sus alrededores, ante el soberbio Parque Nacional de los Montes Sibilinos, constituye uno de los espacios agrícolas más auténticos de toda Italia.

Las tradiciones y la cultura de los campesinos de este lugar mantienen los modos de hacer y el espíritu labriego de cientos y cientos de años, hundiendo sus raíces incluso en la época romana.

Gracias a esta sabiduría ancestral, hoy en día podemos admirar un espectáculo único, el de la llamada “Fiorita” o floración de los campos de cultivo de Castelluccio – especializados en la siembra de la lenteja -, que comienzan a estallar en colorido desde mediados de mayo hasta alcanzar su apogeo durante el mes de junio, en función de las condiciones climáticas de cada año.

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La llegada de la primavera hace que las lentejas germinadas comiencen a mostrar sus delicadas flores blancas mientras las especies silvestres inundan los terrenos en una simbiosis que ya fue constatada muchos siglos atrás.

Las vastas llanuras del Piano Grande, de varios kilómetros de extensión, se llenan progresivamente, según su respectiva época exacta de floración, de los colores de las amapolas, las manzanillas, las margaritas o los acianos.

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El resultado no puede ser más grandioso y vistoso… y quienes se acercan a Castelluccio a admirar esta maravilla rural experimentan el placer de caminar por los senderos que discurren entre los campos de cultivo, respetando el trabajo de los labradores.

La catástrofe de un pueblo destruido que vuelve a la vida

El pequeño pueblo de Castelluccio sufrió en octubre de 2016 los efectos de un seísmo de intensidad 6,5 que arrasó con gran parte de los edificios de la población, al igual que ocurriera en los alrededores de su epicentro en Pie del Colle, junto a Norcia, la localidad a la que pertenece administrativamente y donde los fuertes temblores destruyeron su catedral y la valiosa Basílica de San Benito, erigida aquí en honor del santo al tratarse de su lugar de nacimiento.

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Poco antes, ese mismo verano, la región de Umbría y gran parte del centro de Italia habían sufrido igualmente los efectos de las fuerzas internas de la Tierra con los terremotos más violentos de los últimos cuarenta años en esta zona.

Las devastadoras consecuencias de esta catástrofe natural en Castelluccio dejaron una profunda huella que, solo a partir de 2018, ha ido borrándose con una lenta reconstrucción de las edificaciones derruidas o el levantamiento de instalaciones temporales.

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Gracias a la Universidad de Perugia y la región de Umbría, el pueblo vuelve a su normalidad bajo un proyecto que pretende proteger las nuevas viviendas con un sistema de placas que las aislará de los seísmos.

Parece difícil de creer que, en este punto de los Montes Sibilinos, justo frente a su pico de mayor altura, el imponente Monte Vettore, la vida se vuelva tan frágil ante los designios de la naturaleza.

Afortunadamente, el esfuerzo y la dedicación de los agricultores de Castelluccio han logrado que, a pesar de este gran contratiempo, la Fiorita continúe deslumbrando año tras año.