Los fiordos más bonitos de Noruega

La portentosa naturaleza del país de los vikingos reúne en el tramo de costa que discurre entre Bergen y Alesund uno de los escenarios más deslumbrantes del Viejo Continente.

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: cookelma / ISTOCK

Es pronunciar la palabra Noruega y que la mente se nos vaya a un laberinto de agua y roca de dimensiones colosales. Es el paisaje de los fiordos, su más característica imagen: esa sobrecogedora retahíla de entrantes de mar abrazados por paredes de vértigo. Un escenario descomunal ante el que sólo cabe frotarse los ojos y constatar la pequeñez humana.

 Pocos rincones de Europa compiten con el hogar de los vikingos en su despliegue de grandeza, en su exposición de riqueza natural, un elemento más significativo incluso que su modélico bienestar o su prosperidad equitativa. El más rico de los países escandinavos presume de ciudades palpitantes con arquitectura de vanguardia, de estepas laponas que regalan auroras boreales e incluso de islas en el Ártico pobladas por osos polares. Sin embargo, son los famosos fiordos los que se llevan la palma en su catálogo de maravillas, los que conforma el plato fuerte de los viajes a Noruega.

Undredal, a orillas del Aurlandsfjord | peresanz / ISTOCK

Los fiordos son heridas en el litoral causadas hace millones de años por la erosión de los glaciares y colonizadas después por el mar. Una geografía de pasillos profundos que avanzan hasta 250 kilómetros tierra adentro, custodiados por acantilados verticales de hasta 1.300 metros de altitud. Estos farallones de granito están recubiertos de abetos, pinos y abedules, y por ellos, de tanto en tanto, se desploman cascadas espumosas como cortinas de humo.

La costa noruega está plagada de fiordos por aquí y por allá, cada uno diferente al resto de sus hermanos. Pero los más espectaculares se concentran entre las ciudades de Bergen y Alesund, la llamada región de los Fiordos Occidentales, que está emplazada a 474 kilómetros de Oslo. Una franja que ha sido catalogada como la más asombrosa de Escandinavia.

El viaje por este accidentado perfil se puede hacer desde la perspectiva del agua a bordo de mastodónticos cruceros o en los ferries de línea regular. Pero hay quien, sin embargo, prefiere emprenderlo por libre y desde las alturas, en coche, bicicleta o incluso caminando mochila al hombro. Los numerosos túneles, las impecables carreteras y las tortuosas rutas de senderistas como Trollstigen (escalera del Troll) o Atlantic Road propician esta opción terrestre que también incluye el paso por las encantadoras aldeas que se esconden en los pliegues de las montañas.

Trollstigen, o escalera de Troll. | olegmj / ISTOCK

Puestos a elegir fiordo, la tarea no será fácil, pese a que sólo dos de ellos (Naeroy y Geiranger) han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en una selección no del todo justa. Más despampanante resulta el de Sogne, el Fiordo de los Sueños, el más largo y profundo del país (204 km de longitud y 1.300 metros de profundidad), ramificado en los brazos menores de Fjaerlandsfjorden, Aurlandsfjorden y el mencionado Naeroy. También en este fiordo aguarda una de las travesías en tren más dramáticas del mundo: una maravilla de la ingeniería que arranca en la localidad de Flam para culminar, veinte kilómetros y cerca de una hora después, en Myrdal, desplegando en cada traqueteo un paisaje de afiladas montañas, cascadas atronadoras y barrancos envueltos en verdor.

Más al norte, dos nuevos fiordos brindan experiencias distintas: Nordfjorden, el favorito para los escaladores; y Geirangerfjorden, apodado la perla de los fiordos noruegos y al que se recomienda encarecidamente surcar en barco. Desde cubierta a lo largo de una travesía sinuosa, saldrán al paso las famosas cataratas de Las Sietes Hermanas y El Velo de la Novia, amén de un rosario de granjas colgadas de las paredes de roca.

Gosiek-B / ISTOCK

De nuevo en tierra, será ocasión de entregarse a los deportes de naturaleza, más allá del senderismo de montaña: rutas a caballo a lomos de los llamados magos rubios (los Fdjord Horses) esquí de verano, piragüismo… o simplemente el ascenso al cercano mirador de Flydal (Flydalsjuvet), una cornisa suspendida sobre el pueblo de Geiranger, desde la que se vierte una de las estampas más bellas del entorno.

Otras, muy famosas, habrá que buscarlas sin embargo hacia el sur de Bergen. Como Trolltunga (la lengua del Troll), un vertiginoso saliente horizontal descolgado como por milagro a 700 metros de altura frente al fiordo de Hardanger; o ya cerca de Stavanger el famosísimo Preikestolen (la roca del predicador), más conocido como el Púlpito, que es una plataforma gigantesca de cumbre plana que gravita por encima del Lysefjord, desde donde hasta el más osado experimenta la magnética sensación de hallarse sobre el abismo. Es en este precipicio donde ha quedado congelada una de las imágenes más impactantes de Europa.