Finca Serena. El lujo de la calma en una finca mallorquina

Qué paz. Estas palabras se repiten como un mantra. Cuando paseamos por esos senderos entre olivos centenarios. Entre pinos, limoneros y cipreses. Cuando nos sentamos durante horas a contemplar el horizonte. Cuando el ruido desaparece y solo nos llegan sonidos. Estamos en el corazón de Mallorca. Esto es Finca Serena.

Yolanda Guirado
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Foto: Finca Serena

Porque este reportaje va de cómo detener el tiempo. De repente, ocurre. Los minutos se convierten en horas. Y las horas tienen el poder de alargarse. Bajamos el tono de voz. Nos lo pide el cuerpo. Sentir dónde estamos. Y entonces somos conscientes de que este es un lugar muy especial. Será la fuerza de la Madre Tierra. O esos siglos de historia que alberga en cada rincón. 

Finca Serena

En la isla bonita se levanta esta finca del siglo XIII. En el Pla de Mallorca, 40 hectáreas de naturaleza nos dejan boquiabiertos. Nos perdemos entre pinares. Viñedos de uva autóctona. Lavanda y romero. Es el olor de la tierra. El placer de la tradición. Diseño y naturaleza. Los dos a una.

Así suena la calma

Finca Serena

Como si de una película de Fellini se tratara. El esplendor de la Dolce Vita entre buganvillas y esa piedra que tantas vidas ha tenido. El Mediterráneo encuentra su ser en este espacio. Aquí lo imperfecto es realmente bello. A esa belleza de la imperfección que nos regala la naturaleza, es lo que los japoneses llaman wabi-sabi. Y en este paraíso mallorquín se respira esa imperfección. Armónica. Precisa. 

Finca Serena

La inspiración nos pilla en Finca Serena. El sonido de los pájaros es el único que se cuela en cada una de las 25 habitaciones y suites. También en Villa Serena. Dentro, el blanco y el negro son los protagonistas.

Finca Serena

El ying y el yang, dispuestos a convertirlas en una elegancia natural. La meditación aquí es innata. Llega sola. Atardece en Finca Serena. No tiene sentido romper este momento para sacar la cámara y hacer mil fotos. Porque gana mucho más en vivo y en directo. Porque cuentan el aquí y ahora.

Finca Serena

Al spa con piscina climatizada llegamos en buggy. En el camino mandan los aromas de este mar tan deseado. Y al llegar, la tarde se convierte en puro placer. El placer del bienestar. Una clase de yoga y la posterior recompensa. 

Finca Serena

Es hora de relajarnos en la sauna, el hamman. Y disfrutamos de uno de los tratamientos faciales que nos proponen. La chimenea nos hipnotiza. Nos quedamos con los ojos fijados ante ella. A estas alturas de nuestra estancia, el relax es ya parte de nosotros. Es el sonido de la calma.

La isla bonita. La finca bonita

Finca Serena

La piedra contrasta con el color de las contraventanas. Es nuestro segundo día. Desayunamos en el Jardín de los Olivos. A la sombra, la mousse de chía con frutos secos resulta tan espectacular como saludable. Descubrimientos a primera hora.

Finca Serena

Como el smoothie de pomelo, espinaca, manzana y menta. Las fresas confitadas sobre pan artesano y la tostada de aguacate y tomate seco. En esa gran mesa de oficios, descubrimos los productos de la zona. Sobre la madera; ensaimadas, gató o sobrasada. La serenidad es parte del paisaje.

Finca Serena

En los huertos de la finca crecen lechugas, tomates, pimientos, calabacines. En los árboles frutales brotan mil colores. Huele a menta. Y a albahaca. Son los aromas y sabores que colecta el payés de la finca.

Así, tal cual. Llegan a las cenas temáticas del restaurante Jacaranda. Estamos al aire libre, bajo la Osa Mayor y con  un telón azul turquesa. Bajo nuestros pies, la piscina. Perfectamente cristalina. Su color nos trae el recuerdo de la tan deseada Cala Mitjana.

Finca Serena

Una vez a la semana, cócteles y vinos de la tierra para maridar con ceviches, gazpacho de guacamole, tartar de tomate con bonito en escabeche o arroz de Sa Pobla con langosta mallorquina. La firma es de Celia Martín. En su cocina, honestidad, cercanía y una gran apuesta cada día. Es el lujo de la sencillez. Tradición y vanguardia se funden en cada una de sus propuestas.  

Perfectamente imperfecta

Hay personas que tienen algo especial. Igual ocurre con ciertos lugares. Este es uno de ellos. Aquí, la imperfección resulta tan perfecta que los japoneses tendrían que inventar un nuevo término para definirla. Imperfectamente perfecto. Perfectamente bello. No querremos salir de aquí.