¡Felicidades Atomium! El icono de Bruselas cumple 60 años

El hijo predilecto de la capital belga, símbolo del progreso y la modernidad, cumple seis décadas de utopía

Noelia Ferreiro
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Foto: Gogosvm / ISTOCK

Fue concebido para una existencia de tan sólo seis meses y acaba de cumplir 60 años. El Atomium, ese impactante monumento de esferas y tubos, esa estructura metálica y brillante que es uno de los grandes iconos de la capital belga, fue construido para la Exposición Universal de Bruselas de 1958, el acontecimiento internacional más representativo de la época que contó con 36 millones de visitantes. Un evento que no sólo promulgaba la voluntad democrática de instaurar la paz definitiva entre las naciones, sino que, además, suponía la visión optimista de que la modernidad, al fin, permitiría a los hombres una vida mejor.

La idea era, pues, representar el progreso, engendrar un símbolo que condensara los nuevos tiempos, la ciencia, las aún humeantes conquistas técnicas. Y la solución, llamada Atomium, fue esta pieza de belleza ajena y futurista, como si se tratara de un engranaje escapado de la ciencia ficción. Una obra a medio camino de la escultura y la arquitectura, cuyo formato no era gratuito sino que atendía a un curioso propósito: el de la fiel reproducción de una molécula de cristal de hierro alfa, pero aumentada 165.000 millones de veces. Con ella no sólo se honraba a la industria atómica, sino que también se rendía un homenaje a la conquista pacífica del átomo, que auguraba para Europa nuevos aires de prosperidad y concordia.

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Con todos estos ingredientes, el ingeniero e industrial André Waterkeyn presentó la propuesta sorprendente del Atomium, convencido como estaba de que la noción de átomo que este monumento evocaba era la base de toda la ciencia, y dispuesto también, ya de paso, a llamar la atención sobre el enorme potencial energético que este hallazgo encerraba. Y el Atomium, con sus 102 metros de altura, causó tanta sensación que pasó a ser la principal atracción del certamen.

Superados los meses de la Expo 58, la población acabó adoptando como a un hijo este singular monumento. Una obra atípica donde las haya, que consta de nueve grandes esferas -nueve átomos- de 18 metros de diámetro, unidas entre sí por 20 tubos. La estructura, que pesa nada menos que 2.400 toneladas, descansa sobre tres gigantescos bípodes. Desde fuera, y visto en perspectiva para apreciar toda su grandeza, el ojo alcanza a vislumbrar un armónico esqueleto del color de la plata con visos de nave espacial. Y las afortunadas veces en que luce el sol, las esferas adoptan un brillo cegador al chocar los rayos en su superficie curva.

Pero amén de su loco aspecto externo, el interior ofrece grandes encantos. Seis de las nueve esferas son visitables y albergan exposiciones permanentes y eventos varios como reuniones, conferencias o muestras eventuales. Para pasar de una bola a otra a través de los tubos de la unión, existen cinco escaleras mecánicas, por una de las cuales, de 35 metros, pueden llegar a transitar hasta 3.000 personas cada hora. Atravesar estos pasillos cibernéticos es como haberse colado, de pronto, en una escena de Blade Runner.

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Pero la atracción principal del Atomium es la esfera superior, a la que se accede en 23 segundos por el ascensor más rápido de toda Europa, a la velocidad de cinco metros por segundo. Y lo que allí aguarda, además de un cómodo restaurante circular, es una espectacular panorámica sobre la ciudad... siempre y cuando las nubes lo permitan.

Bruselas celebra el 60º cumpleaños de este hito que es hoy a la capital belga lo que la Torre Eiffel a París: su imagen indiscutible y la marca más reconocida de su skyline. ¡Felicidades, Atomium!