El farolero de Praga: la magia de la Navidad en el puente de Carlos
Durante el Adviento, Praga recupera la figura del farolero que enciende manualmente las farolas de gas del puente de Carlos. Este ritual permite a los viajeros conocer un oficio tradicional y disfrutar de un plan navideño de lo más auténtico.

Cae la tarde en Praga y la niebla del río Moldava imprime a uno de los puentes más románticos del mundo (que hay que cruzar, como mínimo, una vez en la vida) un ambiente de cuento. El puente de Carlos, que comunica la Ciudad Vieja (Stare Mesto) con la Ciudad Nueva (Malá Strana) de la capital checa es testigo de una tradición que, año tras año, encandila a viajeros y locales por igual.

Durante el Adviento, cuando el frío atenaza la ciudad y las luces navideñas lo inundan todo, un personaje vestido con capa roja recorre lentamente el puente de Carlos con una larga pértiga en la mano. Es el farolero de Praga, encargado de encender las farolas de gas que iluminan uno de los rincones más emblemáticos de la ciudad.
Esta costumbre no solo nos recuerda el pasado medieval de la ciudad, sino que se ha convertido en una de las experiencias más fotografiadas por los viajeros durante la temporada invernal. (Por cierto, si necesitas algunos consejos de experto para sacar buenas instantáneas, puedes leerlos aquí). En un mundo que va a toda velocidad, ver a un farolero encender manualmente lámparas de gas una a una es presenciar un bonito anacronismo y una ventana abierta al pasado.

Una tradición que renace con la llegada del Adviento
Aunque la iluminación a gas ya no es común en las ciudades europeas, Praga conserva algunas farolas tradicionales que siguen funcionando. Eso sí, durante el año se encienden de manera automática y solo es durante el periodo del Adviento (las cuatro semanas previas a la Navidad) que la ciudad recupera la figura del farolero, un oficio que antaño formaba parte de la rutina diaria y que hoy ha caído en el olvido.
El recorrido tiene lugar al atardecer, cuando el cielo se tiñe de tonos azules. En la actualidad solo hay dos los faroleros que se turnan para llevar a cabo este ritual. La escena es breve: un movimiento de pértiga, un ligero chasquido y un encendido tenue que se transforma en un resplandor. Y así, farola a farola, el puente se ilumina.

Aunque hoy se vive como un espectáculo, el farolero fue durante siglos un oficio fundamental para la vida urbana antes de que en las ciudades se instaurara la electricidad. La recuperación de esta figura en Praga no responde solamente al deseo de atraer viajeros, sino también a la intención de preservar un patrimonio intangible.
Cuándo y cómo ver al farolero en el Puente de Carlos
La tradición se realiza únicamente durante el Adviento, cuando la luz natural comienza a desvanecerse en torno a las cuatro de la tarde. El farolero recorre el puente en un itinerario fijo que dura alrededor de 20 minutos y arranca en la torre del puente de la Ciudad Vieja (en checo: Staroměstská mostecká věž). Aunque la hora exacta puede variar según la puesta de sol, es fundamental llegar con antelación para poder asegurarse unas buenas vistas del ritual.

A lo largo del recorrido, una marea humana va siguiendo al protagonista en silencio, como en una procesión. Y, al acabar el encendido, el farolero demuestra que es toda una institución; de hecho, se detiene en la plaza Křižovnické (muy cerca de la estatua de Carlos IV) para saludar a todas y cada una de las personas que se acercan para hacerse una foto con él. Uno de los dos que hay llama la atención gracias a sus más de dos metros de estatura.
La Praga más navideña
Praga es una ciudad que brilla todo el año. Desde sus monumentos imprescindibles hasta la calle más estrecha del mundo, siempre tiene algo que ofrecer. Eso sí, en Navidad despliega aún más su encanto gracias a sus mercadillos entre torres góticas y edificios barrocos.
En definitiva, si estás planeando una escapada navideña o buscas una experiencia que combine historia y magia, debes viajar hasta Praga para contemplar al farolero del puente de Carlos, ya que es, sin duda, una cita imprescindible que nos permite vivir la magia de la Navidad de una forma única.
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