El faro, la cárcel y el tren del último confín

En el extremo de la Patagonia argentina todo lleva el sello del límite y está tocado por la sensación magnética de hallarse en el fin del mundo.

Noelia Ferreiro
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Foto: LaraBelova / ISTOCK

Es el sur del sur, la antesala de la Antártida, allí donde se funden los océanos Atlántico y Pacífico. Un territorio de vientos huracanados, cumbres cubiertas de nieve y valles horadados por lagos. Aquí, en la parte argentina de Tierra de Fuego, todo lleva el sello del límite.

El faro (impostor) del fin del mundo

Seamos francos: el faro Les Eclaireurs no es el faro del fin del mundo, pese a que así lo venden muchas de las agencias turísticas de Argentina en sus excursiones por el Canal de Beagle. El verdadero faro del fin del mundo, el mismo que inspiró la famosa novela de Julio Verne, no es otro que el de San Juan de Salvamento y se encuentra muy cerca de la Isla de los Estados. Tampoco se trata, es cierto, del faro más austral del planeta, título que corresponde a ese otro que alumbra las soledades del Cabo de Hornos, uno de los hitos marítimos más peligrosos y que pertenece, para mayor fricción, a las antípodas chilenas.

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Pero da igual. Porque en el desolado paraje donde se yergue Les Éclaireurs todo evoca el finis terrae y esto lo envuelve en un halo mágico. Atrás han quedado los tejados a dos aguas de la ciudad de Ushuaia y sólo las cumbres nevadas de la Isla Navarino consiguen aminorar el viento gélido. Ahí mismo, en medio de un bello desamparo, se alza este vigía de los mares, ajeno al azote de las aguas que rompen a su pies y que, cuando no son especialmente violentas, le devuelven su reflejo de franjas rojiblancas. Les Éclaireurs, que está anclado a un grupo de rocas donde, en las tardes soleadas, descansan los lobos marinos, asiste cada día al cortejo de los cormoranes que vienen de la vecina y vociferante Isla de los Pájaros para hallar intimidad bajo su sombra. Y en tanto él continúa con su función: la de desafiar la crueldad de las tormentas magallánicas y perforar la oscuridad de la noche.

El presidio del fin del mundo

Sobre esta porción austral también resuenan ecos sangrientos. Porque las autoridades argentinas decidieron hacer del lugar una colonia penal y para ello crearon, en 1902 un presidio destinado a delincuentes peligrosos. Entre ellos, según una versión no del todo acreditada, el propio Carlos Gardel por un supuesto lío de faldas... Lo cierto es que hasta 1947 funcionó esta cárcel de severa disciplina que hoy es sólo una reliquia: pabellones y celdas vacías que recrean este oscuro episodio. Junto al presidio del fin del mundo, en el mismo complejo, figura también el Museo Marítimo de Ushuaia.

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El tren del fin del mundo

Partía cada mañana, desde el citado presidio, y discurría sobre rieles de madera hasta adentrarse en las profundidades del bosque que había de ser talado. En su interior viajaban los reos apelotonados, con el traje a rayas y grilletes en los pies, expuestos a la nieve y los vientos patagónicos. El tren del Fin del Mundo, recuperado en el año 1994, es uno de los grandes iconos fueguinos. Un ferrocarril de época con locomotora a motor que brinda un conmovedor viaje en el tiempo por las entrañas de un paisaje espectacular, al tiempo que se relata la triste historia de este lugar extremo.

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