Far West: una crónica desde el corazón del Lejano Oeste americano

El parque nacional de Yellowstone, el pueblo de Buffalo Bill, los escenarios del Séptimo de Caballería, los paisajes de Monument Valley y las formaciones del Gran Cañón del río Colorado configuran la mejor ruta para viajar al corazón del Lejano Oeste americano.

Mariano López
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Foto: Brian Evans

Un recorrido para soñar con los grandes escenarios de decenas de películas, que recrearon el dramático encuentro de los colonos blancos con los indios crow, apaches, cheyennes y navajos, y con la naturaleza espectacular de varios grandes parques nacionales de Estados Unidos que ahora permanecen cerrados pero que ya están viendo cómo se disparan las reservas para alojarse en sus hoteles, campamentos y lodges este próximo verano.  Un viaje extraordinario que formará parte del calendario de las Expediciones VIAJAR, organizadas y comercializadas por B the travel brand, en el 2021. 
 

Si existe un símbolo vivo del Far West, el Lejano y Salvaje Oeste americano, es el bisonte americano, el búfalo. Su soberbia figura y la generosa dimensión de sus manadas eran causa de respeto y admiración entre los indígenas de las grandes llanuras de Norteamérica. Constituían su principal fuente de alimentación hasta la llegada de los europeos. Fueron soldados españoles los primeros que vieron una estampida de los que ellos consideraron, entonces, “vacas salvajes”.

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Un siglo después de su llegada se acuñó el nombre de búfalo para estos animales, mucho antes de que se les encuadrara entre la especie denominada bisonte. En el siglo XIX fueron cazados sin piedad, hasta casi el exterminio. Se calcula que la población anterior a la llegada de los europeos pudo haber rozado los cien millones de individuos. En 1890 solo quedaban 750 ejemplares. Hoy son 350.000, gran parte de ellos reunidos en el primer Parque Nacional de los Estados Unidos: Yellowstone. 

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El Parque de Yellowstone es un lugar excepcional cuya visita perdura en la memoria. Nueve mil kilómetros cuadrados en los que se pueden ver búfalos, osos, alces, géiseres, cataratas y, de noche, uno de los cielos más intensos de cuantos se pueden contemplar en el mundo. Para los estadounidenses es el símbolo de un país que se ve a sí mismo grande, diverso, libre y, en cierto modo, salvaje, conectado con la épica de la conquista del Oeste. Para millones de viajeros, es un destino imprescindible en su carné de viaje. 

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El géiser Old Faithful 

Dos carreteras circulares enlazadas de modo que forman la figura del número ocho permiten recorrer los principales miradores del Parque. Entre ellos, los que llevan a una de sus principales atractivos: el géiser Old Faithful, Viejo Fiel. Recibió ese apelativo hace siglo y medio por la regularidad de sus emisiones. Cada hora expulsa una fumarola que puede alcanzar más de 50 metros de altura. En Yellowstone se calcula que se encuentran unos 300 géiseres, más del 60 por ciento de todos los géiseres conocidos en el mundo. 

John Morrison

El 80 por ciento del Parque está cubierto por bosques, dominados por coníferas y abetos. El resto corresponde a lagos, estanques y ríos. El río principal es el Yellowstone. El nombre Yellowstone (piedra amarilla) procede del color de las piedras de un cañón de casi mil metros de profundidad que forma precisamente el río al nordeste del Parque. Sucesivas glaciaciones, hace millones de años, alteraron el componente de hierro de las piedras del cañón, lo que determinó su color amarillo. Dentro del cañón, el río se despeña dos veces desde gran altura: las cataratas del curso superior (Upper Falls) miden 33 metros; las del curso inferior (Lower Falls), casi 100. Son las más visitadas y admiradas de los 290 saltos de agua que se dan en el Parque Nacional. 

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El río Yellowstone atraviesa de norte a sur el lago Yellowstone, el lago de montaña más grande de Norteamérica. Situado a casi 2.400 metros de altitud, ocupa buena parte del supervolcán más grande del continente. Si hubiera que bajar al centro de la Tierra, conforme a la novela de Julio Verne, el lugar idóneo sería Yellowstone. La mayor parte de la superficie del Parque ocupa el techo de una bóveda volcánica subterránea de unos 48 kilómetros de altura donde se van concentrando altas cantidades de magma. Es un supervolcán activo, pero no peligroso: se calcula que la última erupción ocurrió hace 600.000 años y que la próxima sucederá dentro de otros 600.000.  

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El pueblo de Buffalo Bill 

A unos 80 kilómetros al este del Parque Yellowstone se encuentra la localidad de Cody, fundada por un personaje que primero destacó como cazador de búfalos: Buffalo Bill. Su nombre era William Frederick Cody. Su primer oficio conocido era el de cazador: proveía de carne de búfalo a los trabajadores de la línea férrea de Wyoming. Se ganó su sobrenombre en una competición de caza de búfalos: mató 69 frente a los 48 obtenidos por su rival, un vaquero llamado Bill Comstock, que eran quien hasta entonces llevaba el mote de Buffalo Bill. 

Brian Evans

Buffalo Bill Cody ganó su mayor fama como protagonista de su propio espectáculo, con el que recorrió medio mundo, España incluida. En 1883 fundó el Buffalo Bill’s Wild West, concebido como un circo que asombraba a los espectadores con carreras de caballos y el variado repertorio de habilidades de sus jinetes, entre ellos el jefe supremo de la nación sioux, Toro Sentado. El espectáculo se nutría, también, de jinetes y caballos gauchos, mongoles, árabes y cosacos, y ejercicios de tiro con los rifles y las pistolas de la experta tiradora Annie Oakley y la aventurera Calamity Jane. A finales del siglo XIX, el Buffalo Bill’s Wild West llegó a ser el circo ambulante más famoso del mundo. 

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En el pueblo de Cody, Buffalo Bill levantó un hotel al que llamó Irma, el nombre de su hija. El hotel aún existe, en la calle principal de esta pequeña localidad, cerca del estadio donde se celebra el espectáculo de rodeo Stampede (Estampida). Es una de las atracciones de Cody, junto con el soberbio museo de Buffalo Bill, dedicado a la historia del personaje y a recrear la vida de los indígenas y los primeros colonos de Wyoming y Nebraska. 

D.R.

Escenarios de película 

El cine dedicado al Salvaje Oeste americano, uno de los grandes géneros de este arte, ha difundido por todo el mundo las figuras de Buffalo Bill y Toro Sentado, que solían representar al final de sus actuaciones la batalla de Little Big Horn, la derrota final del teniente coronel Custer, al frente del Séptimo de Caballería, en el ataque combinado de las fuerzas indias del valle de Yellowstone comandadas por Caballo Loco. Con todo, el escenario natural por excelencia de las películas del Oeste se encuentra al sur de Yellowstone, en una gran depresión de la meseta de Colorado denominada Monument Valley. 

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Monument Valley solo había aparecido en la película muda The vanishing american, cuando un aventurero llamado Harry Goulding escuchó que Hollywood estaba localizando exteriores para un nuevo filme de John Ford. Goulding vivía con su esposa en Monument Valley. Se había instalado, primero, en una tienda de campaña, y luego en el interior de una cueva rocosa. Era un enamorado del árido paisaje del lugar, dominado por la presencia de dos formaciones rocosas denominadas The Mittens (Las Manoplas), situadas al lado de otra gran mole rocosa llamada The Merrick Butte (la colina Merrick). 

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Goulding contactó con un reconocido fotógrafo, Josef Muench, y le rogó que realizara un álbum de imágenes de Monument Valley. Tomó el álbum y se plantó en la puerta de los estudios de Hollywood. Durante días, nadie le hizo ni caso. Al final, por compasión o para que se marchara, uno de los productores aceptó que le enviara el álbum del fotógrafo. Las imágenes le impresionaron. Y le pasó el álbum a John Ford, quien poco después comenzaría a rodar en Monument Valley el que se considera el mejor filme sobre el Lejano Oeste de la historia: La diligencia. Las crónicas de Hollywood cuentan que Ford decidió rodar en Monument Valley por el paisaje y por su difícil acceso: sin teléfono, sin carreteras, lejos de Los Ángeles, era prácticamente imposible que le molestaran los ejecutivos de los estudios. 

D.R.

De John Wayne al “coyote” 

John Ford rodó ocho de sus mejores películas en Monument Valley, donde los indios navajos le llamaron Natani Nez, el Jefe Alto. Hoy, uno de los miradores más imponentes de Monument Valley rinde homenaje a La silla de Ford, el lugar preferido por el director y por su amigo, el gran actor John Wayne.  

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La diligencia, protagonizada por John Wayne, se rodó en 1938. Diez años después, otro amante de los paisajes de Monument Valley, el dibujante y director de animación Chuck Jones, los utilizó como fondo para las peripecias del Coyote y el Correcaminos en la que sería una de las más famosas series de dibujos animados de la historia de la televisión. En 1950 se construyó la primera carretera en Monument Valley, lo que facilitó numerosos rodajes, entre ellos, a lo largo de las siguientes décadas, 2001: Una odisea en el espacio, Hasta que llegó su hora, Regreso al Futuro, Indiana Jones y la última cruzada, Forrest Gump y Thelma y Louise. 

El gran cañón 

A menos de 300 kilómetros al sudeste de Monument Valley se encuentra otro grandioso escenario del Oeste americano: el Gran Cañón del río Colorado, la garganta más espectacular del mundo. Forma parte del área de drenaje del río formada hace 40 millones de años, cuya erosión progresiva determinó el nacimiento del Gran Cañón hace unos seis millones de años.

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Los primeros europeos en asomarse a su poderosa geología fueron varios soldados españoles a las órdenes de García López de Cárdenas, encargado por Vázquez de Coronado de explorar la zona en busca de una las siete ciudades de oro del mítico reino de Cíbola. Ningún otro europeo visitó el lugar en los siguientes doscientos años. La primera expedición científica a esta zona se realizó en el año 1869, bajo el mando del comandante del ejército estadounidense John Wesley Powell, que fue quien bautizó la zona como Gran Cañón. 

En 1902 un automóvil llegó por primera vez hasta el Gran Cañón. Tres años después abrió el primer hotel. Hoy recibe miles de visitantes, admirados por el esplendor de sus formaciones rocosas, el oro de sus paredes rojizas al atardecer y la luminosidad de su cielo estrellado.