Fanzara, un pueblo hecho arte… urbano

El MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano), que llena cada año las calles de Fanzara con nuevos y espectaculares graffitis, ha logrado que este pueblo castellonense de 300 habitantes forme parte de la oferta cultural más vanguardista de la Comunitat Valenciana. Porque no solo de paisajes y rutas de senderismo vive el turista moderno.

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Foto: Mancomunidad Espadán-Mijares

Fanzara, a tan solo 70 kilómetros de Valencia, es un enclave de contrastes en equilibrio en el que la naturaleza, la historia y la vanguardia van de la mano. De lo primero se hace cargo su ubicación, acunado por las montañas de la sierra y el Río Mijares, cuyas playas naturales impiden echar de menos el mar en los meses de calor. De velar por los otros dos puntos fuertes de esta localidad castellonense se ocupan sus ruinas moriscas y medievales, dominadas por el castillo Macerol, sus edificios religiosos de deslumbrante interior barroco, como la Iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión, y el más llamativo reclamo artístico del pueblo, un museo al aire libre y de nombre felino, el MIAU (Museo Inacabado de Arte Urbano).

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Lo que comenzó como una iniciativa para abrir Fanzara al mundo se ha convertido, cuatro años más tarde, en una cita intemporal obligada para los amantes del street art y para todos aquellos que quieren disfrutar del museo de grafitis al aire libre más grande del mundo. Y el otoño es una estación inmejorable para descubrir las sorpresas que te esperan en las paredes de Fanzara, un hallazgo en forma de arte que ha dado nueva vida a este enclave. El sueño de cualquier millennial está en la Comunitat Valenciana.

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Fanzara y el MIAU: el alma de un pueblo

Puede que los grafitis desembarcaran en Fanzara como un acto reivindicativo o un intento de darle nuevo impulso y vida a la pequeña localidad; pero cinco ediciones más tarde la iniciativa se ha convertido, sin lugar a dudas, en una parte importante del paisaje y el alma del pueblo. Tan naturales como los pinos y las encinas que lo rodean son ya para los vecinos las imágenes que los grafiteros pintan en las fachadas de sus casas durante los cuatro días del mes de julio que dura la convocatoria del MIAU. Ya pueblan sus calles más de 100 obras de arte grandes y pequeñas, detallistas o inacabadas que acompañan a los vecinos y los visitantes curiosos durante 365 días del año. El verlas nacer, conocer a sus autores y convivir con ellos ha convertido a los habitantes del pueblo en expertos en las mil y un formas que tiene el arte urbano de expresarse. En Fanzara hay ancianos que podrían debatir de tú a tú con el mismísimo Banksy sobre la mejor técnica para hacer que un mural destaque bajo los rayos del sol al amanecer, y eso es mucho decir.

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Un MIAU cada vez más abierto

Sin el duro trabajo de los organizadores del MIAU y la complicidad de los vecinos del pueblo, este museo efímero y sorprendente no existiría, porque los habitantes de Fanzara no solo aportan al Museo Inacabado de Arte Urbano las paredes de sus casas, sino que conviven en sus hogares con los grafiteros, auténticos talentos emergentes, que llegan de todas las partes del globo. El resultado del diálogo entre este museo efímero y sorprendente y el entorno en el que está ubicado ha convertido a Fanzara en uno de esos pueblos carismáticos de los que se habla en medios internacionales como la BBC y el The Guardian. Con el tiempo, el espíritu del MIAU ha crecido y en su última edición ya era posible no solo ver a los artistas trabajando sobre las paredes sino que se abrió la convocatoria a la danza contemporánea, la música, la escultura, la fotografía, el documental… 

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Un paseo por las nubes

Los demás atractivos que reúne Fanzara se esconden en sus montañas y en el curso del río Mijares. Después de disfrutar de toda la obra de arte urbano que se expone en las calles del pueblo y del barroco ancestral que se esconde en el interior de la iglesia de Nuestra Señora de la Ascensión, edificada sobre la antigua mezquita, llega el momento de descubrir la magia que esconde este paisaje castellonense.

Mancomunidad Espadán-Mijares

Los más aventureros y de pies seguros pueden atreverse a recorrer la antigua acequia árabe que bordea el río Mijares, un camino espectacular llamado La Escaleta solo apto para los amantes de las buenas vistas que no conocen el vértigo. Al final de esta senda nos espera Los Casales, las ruinas de un antiguo pueblo morisco que nos hablan del pasado de la zona. Pero si preferimos buscar la naturaleza pura, esa en la que solo contemplaremos la mano del hombre desde lejos, nuestra senda es la que guía nuestros pasos hasta la Cueva de la Muela que nos deja entrever por el camino los restos del castillo Macerol, una fortaleza árabe datada en el siglo XII y nos lleva hasta esta impresionante cueva caliza. Dos rutas distintas que nos hablan del pasado, un pueblo que nos habla de su presente y un futuro pintado con aerosoles en las paredes. Con estas credenciales no es extraño que un pequeño pueblo de 300 habitantes haya conseguido formar parte de la lista de localidades más atractivas para el turismo de la Comunitat Valenciana.