Si existe Ochagavía, existen las brujas

En el bellísimo pueblo navarro, las leyendas no tienen nada de fantasía

Jesús Torbado/Silvia Roba
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Foto: JaviJ / ISTOCK

Rodeado de altas cumbres y extensos boques de hayas y pinos silvestres, la localidad navarra de Ochagavía, en el extremo más septentrional del valle pirenaico de Salazar, es lo más parecido a una postal. La estampa que ofrece, con sus estrechas calles empedradas, su puente medieval y el cuidado caserío alineado a ambos lados del río Anduña, hace imposible imaginar aquellos tiempos pasados en los que, allá por el siglo XVI, las brujas, y hasta el alcalde, organizaban akelarres y preparaban conjuros. Algo que no debe inquietar a nadie: sus algo más de 600 habitantes son, ante todo, gente tranquila, heredera de aquellos vecinos que tuvieron que reconstruir el pueblo tras la invasión de 1794 por el ejército francés, que destruyó 182 casas, 52 bordas y la ermita de San Martín. 

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¿El motivo? La Guerra de la Convención, también conocida como la del Rosellón, un conflicto que enfrentó a la monarquía de Carlos IV con la Primera República de Francia. Para mediados del siglo XIX la villa ya había sido rehabilitada y las viviendas lucían como nuevas. Hay que fijarse bien en ellas, ya que las casas, separadas por un espacio que por aquí llaman belena o etxekarte, son el principal patrimonio artístico de la localidad.

Además del puente, también es medieval el crucero pétreo que veremos nada más llegar al pueblo, en el que se conservan palacios de la misma época, como los de Urrutia, Iriarte y Donamaría, junto a algunas casas blasonadas del siglo XVIII y una iglesia, la de San Juan Evangelista, anterior al incendio, del siglo XVI en su mayor parte. El retablo renacentista que preside el interior es de gran valor y de gran tamaño, formado por un banco, cuatro cuerpos entre columnas y un ático. La iglesia guarda muchas piezas de orfebrería y algunos lienzos de interés, como el de La Magdalena.

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Pero si por algo es conocida esta localidad navarra es por ser una de las puertas de entrada a la Selva de Irati, el segundo hayedo-abetal más extenso de Europa, apenas a 24 kilómetros de distancia. El Centro de Interpretación de la Naturaleza de Ochagavía, situado en pleno casco urbano nos dará las claves para entender la importancia de este gran bosque de bosques. Cuidado con las lamias: pueden estar al acecho.

La danza del bobo

La ermita románica de Nuestra Señora de Muskilda, a solo cuatro km de Ochagavía, guarda en su interior una talla gótica de la Virgen con el Niño que espera, la romería del 8 de septiembre. Las autoridades municipales, ataviadas con trajes salacencos, avanzan hacia el santuario acompañadas por ocho danzantes de colorida indumentaria dirigidos por El bobo, un estrafalario personaje vestido al modo de un arlequín.