Europa romántica: escenarios y paisajes para el Grand Tour del siglo XXI

En el siglo XVII, los jóvenes aristócratas europeos realizaban el Grand Tour, un viaje por la Europa clásica en busca de conocimiento que fue especialmente impulsado, cien años después, por los británicos. El Romanticismo colaboró en la difusión por toda Europa del Grand Tour con su pasión por las fuerzas de la naturaleza y su búsqueda constante de la belleza. Este reportaje propone escenarios y paisajes para un nuevo Grand Tour por la Europa romántica en el siglo XXI.

Luis Uribarri
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Foto: shevtsovy / ISTOCK

Durante el siglo XVIII se consolidó en Europa el llamado Grand Tour, iniciado el siglo anterior por los jóvenes aristócratas. El Grand Tour sentó las bases del turismo programado, con etapas diseñadas y preestablecidas antes de partir. Su duración podía ser de dos o más años, con recorridos variados (obligatorio visitar Francia e Italia). De estos viajes nacieron las primeras guías de viaje por Europa y también el concepto de souvenir. Los jóvenes aristócratas, que viajaban acompañados al menos de un tutor que les servía de guía, regresaban a su país natal cargados de objetos y obras de arte que habían adquirido en su periplo y que les servían para acreditar y certificar su paso y estancia por los distintos países.  

Centro medieval de la villa alemana de Rothenburg ob der Tauber. | zoom-zoom / ISTOCK

Tras la Revolución Francesa (1789) y las guerras napoleónicas de principios del XIX nació otro tipo de turismo en Europa, el romántico, ayudado por las mejoras en el transporte ferroviario y marítimo, que permitían acceder a nuevos lugares y a más países. El término romántico se comienza a utilizar a mediados del siglo XVIII y viene de los romances, poemas o cuentos medievales escritos en lengua romance que narraban gestas heroicas y legendarias del estilo de los caballeros del rey Arturo. Su significado hace referencia a algo remoto, fantástico y legendario, ficticio e imaginario, que contrasta con el mundo real. Cronológicamente el Romanticismo se enmarca entre los años 1789 y 1848, aunque no hay una línea divisoria concreta entre Clasicismo y Romanticismo. En algunos países esta última corriente persistirá hasta bien entrado el siglo XX.

Riomaggiore, uno de los cinco pueblos que componen la franja costera italiana de las Cinque Terre. | StevanZZ / ISTOCK

A diferencia de los viajeros del Grand Tour, cuyo objetivo era formarse y adquirir conocimiento para su vida profesional y social, los románticos del XIX buscaban la parte existencial y experimental de los viajes, nuevas sensaciones y emociones, vivencias individuales, despertar la imaginación y la espontaneidad, sentir el contacto con la naturaleza. El viaje como herramienta para la búsqueda de uno mismo y de la libertad, una forma de ruptura con el clasicismo y el racionalismo de la época. Buscan entornos paisajísticos ideales y bucólicos. Con los románticos nació, asimismo, una nueva literatura de viajes, en la que los alemanes Goethe y Alexander von Humboldt, el francés Prosper Merimée y el británico Lord Byron son algunos de sus máximos exponentes. Este tipo de viajeros hicieron suyo el lema Sentir para Conocer. Crearon el antecedente de lo que hoy se conoce como Turismo de Experiencias, en contraposición al turismo más programático de quienes realizaban el Grand Tour. 

Hallstatt, en Austria, “el pueblo más bonito del mundo”. | Deejpilot / GETTY

El viajero romántico busca fundirse con el medio vital que recorre, obtener una percepción individual, propia, de los paisajes y los lugares, despertar sus emociones, activar sus sentidos, buscar, en definitiva, el escenario perfecto donde sentirse más libre, más equilibrado, alejado de los atavismos y las convulsiones de la época. “Un hombre ve en el mundo lo que lleva en su corazón”, afirmaba Goethe, y el naturalista y explorador Alexander von Humboldt aconsejaba “viajar conservando siempre una visión rigurosa y a la vez exaltada del mundo”. Naturaleza, paisaje y libertad son los tres conceptos que definen los escenarios de los viajeros románticos, escenarios que inspiraron tanto a escritores como a pintores (JMW Turner, Francisco de Goya...) y compositores (Ludwig van Beethoven, Johann Strauss...).

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Los viajes por Europa, ahora, pueden recuperar, tras otros tiempos sanitariamente convulsos, ese espíritu romántico de la búsqueda de la experiencia personal, de la libertad y la evasión en contacto con la naturaleza. Estos destinos, paisajes, castillos, lagos y montañas que van a continuación marcaron a los románticos del XIX y lo harán también, seguro, a los viajeros que quieran emprender un nuevo Grand Tour Romántico por la Europa del siglo XXI.

ALEMANIA

Bonn y la Ruta Romántica

Si se habla de Romanticismo, hay que empezar por Alemania, donde este movimiento tuvo a algunos de sus principales impulsores. Figuras como Goethe en la literatura y Beethoven en la música son los padres del Romanticismo germano.

No es de extrañar entonces que varias rutas recorran los territorios de Alemania con lo romántico como eje vertebrador. La principal y más antigua va desde la ciudad histórica de Wurzburgo hasta el castillo de Neuschwanstein –el más espectacular y excéntrico de los palacios construidos por Luis II de Baviera, “el rey loco”–, cerca de la localidad de Füssen.

Castillo de Neuschwanstein, la obra más espectacular de Luis II de Baviera (Alemania), “el rey loco”.  | RudyBalasko / ISTOCK

Trazada hace más de sesenta años, la ruta combina naturaleza y cultura y atraviesa dos regiones del sur del país, Baviera y Baden-Württemberg, en un recorrido de unos 400 kilómetros. El itinerario incluye zonas de la región del Meno, las tierras de vinos de Franconia y llega hasta los Alpes después de atravesar el valle del Tauber, la región geológica de Nördlinger Ries, el pintoresco Lechfeld, la singular región Pfaffenwinkel en el piedemonte alpino de la Alta Baviera –imprescindible aquí la visita a la iglesia de peregrinación de Wies, cumbre del rococó bávaro y Patrimonio de la Humanidad– y finalmente llega a los famosos palacios reales, enmarcados en un decorado de cuatro lagos de la reserva natural de los Alpes de Ammergau, un excepcional epicentro del Romanticismo. En el itinerario de esta ruta figuran marcadas hasta 29 localidades de interés, entre las que destaca la pintoresca villa medieval de Rothenburg ob der Tauber.

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Por otro lado, el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven, iniciador del Romanticismo musical, sitúa a su ciudad natal, Bonn, en el punto de mira de los viajeros románticos. El compositor sentía una especial atracción por el río Rin, que pasa por su ciudad, al que gustaba contemplar desde lo alto de la colina Drachenfels.

ITALIA

De Venecia a Capri

Italia era el destino principal de los viajeros del Grand Tour y también lo fue de viajeros románticos como Lord Byron, poeta clave del Romanticismo británico y coetáneo de Goethe, con quien se escribió a menudo. Desde 1817 hasta 1822, Lord Byron estuvo viajando por Italia, recalando en ciudades como Pisa, Génova y Roma. Por su parte, la novela Viaje a Italia, de Goethe, narra el “viaje de formación” que el autor realizó en 1786 al país transalpino y que duró dos años. Esta obra, no obstante, no se publicó hasta treinta años después, en 1816, cuando el género viaje italiano se puso de moda en Europa y en particular en Alemania. Los lugares que Italia puede asociar al Romanticismo en los viajes son incontables.

Costa de Sorrento, frente al Golfo de Nápoles, en Italia. | LARISA SHPINEVA / ISTOCK

Empezando por Venecia y la isla de San Lázaro de los Armenios, donde Byron encontró su particular paraíso en los jardines del monasterio de la orden mequitarista que ocupa casi por completo esta isla de la laguna veneciana. Los paisajes y pueblos de la Toscana, la franja de ciudades costeras en la costa de la Riviera italiana conocida como Cinque Terre y, al sur, las localidades y pequeñas islas próximas a Sorrento, en el Golfo de Nápoles, como Procida, Ischia y Capri, son lugares donde los viajeros románticos encuentran lo que buscan: una combinación de naturaleza, paisajes y cultura que despierta sus sentidos y aviva las emociones.

HUNGRÍA

La huella de Liszt en Budapest

La figura más conocida del Romanticismo en Hungría es el músico Franz Liszt. El movimiento romántico propugnó la aparición del músico virtuoso, sobre todo al piano y al violín. Se convierten en el XIX en ídolos de masas y realizan giras por Europa para ofrecer “recitales”, como empezó a llamar Liszt a los conciertos para piano. Y Liszt era, sin duda, de los más virtuosos de su época al piano, junto con Chopin. La capital húngara, Budapest, era el refugio al que acudía Franz Liszt para reencontrarse con sus raíces. Un recorrido por esta ciudad, una de las más elegantes y bellas de Europa, de la mano de los lugares asociados al pianista permite conocer algunos de sus lugares más significativos y entender a su vez la historia de la ciudad y de la Europa del XIX. Además de varias iglesias donde Liszt ofreció conciertos, como la Parroquial y la Franciscana, es el edificio de la Ópera de Budapest, en la avenida Andrássy, el lugar donde el espíritu del compositor está más presente.

Vista de Budapest y el Danubio, con el Puente de las Cadenas y, al fondo, el Parlamento. | ivotheeditors / ISTOCK

La Academia de Música y el Museo Conmemorativo que llevan su nombre también son edificios interesantes para visitar y contemplar. Seguir las huellas de Liszt por Budapest es también la excusa perfecta para descubrir los demás atractivos de una capital cosida en sus dos partes, Buda y Pest, por el Danubio. El espectacular edificio del Parlamento, a orillas del río, más el castillo de Buda, la Plaza de los Héroes, los baños Széchenyi y el Puente de las Cadenas son visita ineludible.

GRECIA

Santorini y las Cícladas

Si los didácticos viajeros del Grand Tour encaminaban sus pies hacia Atenas, la cuna de la civilización occidental, los viajeros románticos encontraban la esencia de la libertad y de los paisajes más cautivadores en las Cícladas, conjunto de más de doscientas pequeñas islas en medio del Mar Egeo. En este grupo de islas se fusionan la luz, el mar azul y la historia mediterránea. En ellas se percibe la parte genuina y vital del espíritu griego, su alegría de vivir.

Isla de Santorini, Grecia | Alexander Hafemann / GETTY

Como escribió Edith Hamilton: “En Grecia nada es más evidente que la alegría de vivir. Los pueblos desdichados, los pueblos laboriosos, no juegan; y los griegos fueron el primer pueblo del mundo que jugó y, además, a gran escala”. Mikonos y Santorini son las islas más conocidas de las Cícladas. La primera, por su fama de cosmopolita y por su vida nocturna; la segunda, más agreste y salvaje, forma una media luna de lava –fragmento no sumergido del volcán que explotó hacia el 1500 a.C.– que no deja de sobrecoger a quien la visita y es parada frecuente de los cruceros por el Mediterráneo. Santorini puede presumir, además, de ofrecer uno de los más bellos atardeceres del mundo, el paradigma de lo romántico. 

AUSTRIA

De Salzburgo a Viena

Austria cuenta con una esplendorosa Ruta Romántica que une, en un recorrido de 380 km por carreteras secundarias, las ciudades de Salzburgo y Viena. Transita bellos paisajes Patrimonio de la Humanidad, con vistas panorámicas de lagos y montañas y pequeñas poblaciones dignas de ver, como la ya archifamosa Hallstatt, el pueblo más bonito del mundo, una postal de cuento con una idílica ubicación escoltada por los Alpes y el lago Hallstätter. Por si fuera poco, los rumores han aumentado aún más la fama de este pueblo al propagarse que pudo servir de inspiración para la villa de Arendelle del taquillazo de Disney Frozen.

Jardines de Salzburgo (Austria) con la fortaleza de Hohensalzburg al fondo. | bluejayphoto / ISTOCK

Salzburgo es el punto de partida de la Ruta Austríaca del Romanticismo. La ciudad natal de Mozart respira música por cada rincón. Aunque Mozart se encuadra históricamente en el Clasicismo, también se le sitúa como uno de los grandes precursores del Romanticismo por ser un hombre y un músico adelantado a su tiempo, por encarnar esa ruptura con lo establecido que buscaban los románticos. La ciudad del río Salzach es un ejemplo perfecto de armonía entre naturaleza y arquitectura y su casco histórico forma parte de la lista de la Unesco de los lugares Patrimonio de la Humanidad.

Estatua bañada en oro de Johann Strauss hijo en el parque municipal Stadtpark de Viena. | Valery Voennyy / ISTOCK

El final de la ruta descansa en Viena, capital de la música, el arte, la cultura y la arquitectura. Los palacios imperiales de Hofburg, Belvedere y Schönbrunn, el edificio de la Ópera y la catedral de San Esteban son de admiración ineludible. En Viena reina la figura de Johann Strauss hijo, determinante en la música del Romanticismo. Se puede visitar su casa en la Praterstrasse número 54, donde compuso en 1867 su vals más famoso, El Danubio Azul, el himno no oficial de Austria. Una estatua de bronce bañada en oro rinde homenaje al genial compositor en el parque municipal Stadtpark.

FRANCIA

Montmartre y la costa normanda

Si hay un barrio de París que simboliza el Romanticismo, ese es Montmartre, el barrio bohemio por excelencia, ubicado en una colina que fue una población independiente hasta 1860, cuando pasó a convertirse en el distrito XVIII de la capital gala. A finales del XIX Montmartre era de reputación más que dudosa para la época por la proliferación de cabarets y burdeles que se instalaron en sus calles, pero también, o quizá por eso, fue un imán para artistas, pintores y escritores, que lo consideraban idóneo e inspirador para desarrollar su libertad creativa.

Barrio de Montmartre (París). | AlexKozlov / ISTOCK

Los alrededores de la Plaza Pigalle se llenaban de luces de neón al anochecer, con el cabaret más famoso del mundo, el Moulin Rouge, como principal reclamo para turistas. El contraste decente del barrio lo pone la Basílica del Sagrado Corazón, precioso templo desde el que se obtienen maravillosas vistas de la ciudad. En otro distrito, el IX, París alberga el Museo de la Vida Romántica. Está en el 16 de la rue Chaptal, alejado de los circuitos turísticos habituales. El museo ocupa una casa de dos plantas edificada en 1820 donde se instaló diez años después el pintor Ary Scheffer. Cada viernes recibía a sus amigos artistas Tourgueniev, Delacroix, Lamartine, Liszt... y también a Chopin y George Sand. La casa ha sido rehabilitada con mimo, reconstruyendo la decoración romántica de Jacques García y manteniendo en sus paredes los cuadros de Ary Scheffer. Como museo, acoge exposiciones temporales relacionadas con el Romanticismo, pero tiene otro atractivo casi más buscado: su patio con jardín y un agradable salón de té abierto al público, donde se reunían los artistas y que ahora gestiona una afamada marca de pastelería. La entrada al museo es gratuita.

Tempura / ISTOCK

El Romanticismo en Francia, tras París, pone rumbo al norte, siguiendo el curso del río Sena, hasta la costa de Normandía, imán para los viajeros y artistas románticos. Localidades como Honfleur y Deauville acogieron a pintores, escritores y artistas. Uno de ellos, Eugène Boudin, nació en la primera localidad en 1824 y falleció en la segunda en 1898. Boudin fue uno de los primeros paisajistas franceses en pintar al aire libre. Sus cielos normandos crearon escuela y su estilo romántico preparó el terreno para la llegada a Normandía de los impresionistas, con Monet a la cabeza. Honfleur, asomada al borde del estuario del río Sena, vio descollar en el siglo XIX el arte de numerosos artistas, pintores, escritores y músicos. Los pintores, particularmente sensibles a la luz del estuario, ya paseaban por la localidad desde el siglo XVIII, pero es a principios del XIX cuando su número se dispara. En las décadas de 1810 y 1820 descubren en esta villa normanda un panorama plenamente romántico, con el pictórico marco de las dos colinas que rodean la ciudad medieval. Surge entonces una generación de grandes artistas –Bonington, Turner, Huet, Corot, Isabey...– que dio paso a una siguiente –Morcilla, Dubourg, Jongkind y también Monet y Bazille– y más tarde llegarían Vuillard, Vallotton, Dufy y Friesz. Todos atraídos y seducidos por un paisaje llamativo y seductor, por la luz especial de la costa normanda.

Etretat, en la costa normanda | stock_colors / ISTOCK

PORTUGAL

Sintra y el cabo da Roca

El cabo da Roca de Portugal, el punto más occidental de la Europa continental, ampara todos los ingredientes para un viaje al más puro estilo del Romanticismo. Situado a 15 km al norte de Cascais, a 20 km de Sintra y a unos 40 km de Lisboa, llegar hasta este punto supone recorrer carreteras pequeñas y sinuosas a través del entorno que dibuja el Parque Natural de Sintra-Cascais. Uno de los atractivos del cabo son sus acantilados de hasta 140 metros de altura sobre el mar, paisaje bucólico y pictórico que tiene a su faro, instalado allí desde 1772, como punto de referencia. También un mirador siempre batido por el viento ofrece una vista espectacular del océano y de la costa recortada sobre las aguas.

Palacio da Pena, en Sintra (Portugal). | traveler1116 / ISTOCK

El viaje romántico en Portugal tiene parada fija en Sintra. Como sacada de un cuento de hadas, la villa está rodeada de bosque y frondosos jardines y alberga villas y palacios de color pastel, protagonistas de románticas leyendas. Destacan el Palacio Nacional, de estilo árabe y manuelino, decorado con elaborados azulejos y cuyas grandes chimeneas se atisban desde la lejanía, y el Palacio Nacional da Pena, construido en el siglo XIX en lo alto de una colina para servir de residencia a la familia real portuguesa. De diseño fantasioso, el Palacio da Pena constituye una de las máximas expresiones del estilo romántico del siglo XIX, una construcción que, rebuscando hacia lo más exótico y sorprendente, mezcla elementos neogóticos, neomanuelinos, neoislámicos, neorrenacentistas e incluso coloniales.

Starcevic / ISTOCK

REPÚBLICA CHECA

Praga y la región de Bohemia

El Romanticismo se caracteriza por la reivindicación de la libertad del artista, la exaltación de las emociones y de los sentimientos (en contra del raciocinio y la frialdad del Clasicismo) y la búsqueda de la imaginación y la creatividad. Todo ello se condensa en Praga, la capital de la República Checa.

Puente de Carlos, en Praga (República Checa). | RudyBalasko / ISTOCK

La mezcla de estilos en sus edificios de la Plaza de la Ciudad Vieja a nadie deja indiferente y parecen ir en contra de todo raciocinio, y las emociones suben de volumen en un recorrido que pocos viajeros olvidan: el que va desde la Plaza Vieja hasta el monumental castillo, al otro lado del río Moldava, cruzando por el Puente de Carlos, uno de los más icónicos de Europa y del mundo. Praga es la capital de la Bohemia, región que esconde tesoros como Cesky Krumlov y la villa medieval de Kutná Hora, ambas Patrimonio de la Humanidad. El fantasioso Palacio de Hluboká y la inquietante capilla de los huesos de Sedlec son otros lugares imprescindibles de esta romántica región.

ESLOVENIA

El lago Bled

Ejemplo máximo de paisaje natural romántico en Eslovenia es el lago Bled. Rodeado de bosques y de las montañas de los Alpes Julianos, el lago, de origen glaciar, rodea la isla de Bled, la única isla natural de este país centroeuropeo. En torno a este lago de más de dos kilómetros de largo y 1.340 metros de ancho se ha construido toda una villa turística, con coquetos hoteles y hosterías. La isla tiene varios edificios, con una iglesia del siglo XV. Una leyenda afirma que una viuda rica mandó fundir una lujosa campana para que sonara en honor de su marido. En su traslado a la isla la campana se hundió en el lago, pero un oído atento, dicen, puede escuchar su repicar de vez en cuando desde las profundidades...

Lago Bled. En su centro, la única isla natural de Eslovenia. | shevtsovy / ISTOCK