Este viaje sí es una ‘Gran Evasión'

Zagan es un pequeño pueblo situado en el oeste de Polonia. Su nombre no le dice nada a la inmensa mayoría de los mortales. Sin embargo, todos conocemos los hechos que se produjeron en él, hace exactamente 70 años. En marzo de 1944 un grupo de prisioneros de guerra aliados llevaron a cabo una de las fugas más espectaculares de la historia. Una hazaña que Hollywood bautizó e inmortalizó como ‘La Gran Evasión''.

Carlos Hernández. Zagan (Polonia)
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Foto: Carlos Hernández

Una estrecha carretera llena de baches conduce desde la cercana frontera alemana hasta la villa polaca de Zagan. A las afueras del pueblo, un pequeño letrero indica la ubicación del antiguo campo de prisioneros de guerra, el Stalag Luft III. Nada parece indicar que nos acercamos al lugar en que se produjo una de las epopeyas más célebres de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, el aparcamiento se encuentra completamente vacío y la puerta de acceso a lo que parece ser un pequeño museo, está cerrada con llave. Hay que llamar a un timbre para que una amable señora nos franquee la entrada. Pronto comprobamos que sólo habla polaco, por lo que la visita se presenta complicada. ¿Es realmente aquí donde se produjo aquella ‘Gran Evasión''?

Sin embargo, parece que es nuestro día de suerte. Mirek Walczak, encargado de los archivos del pequeño museo, se ofrece a guiarnos y a contarnos lo que verdaderamente sucedió en este lugar. "Aquí había no uno, sino dos grandes campos de prisioneros" nos dice Mirek. "Hollywood ha hecho que el mundo conozca el Stalag Luft III, pero junto a él, en el lugar en que nos encontramos, los nazis tenían otro campo mucho más mortífero". El joven documentalista se refiere al Stalag VIII-C por el que pasaron decenas de miles de soldados polacos, franceses, británicos, soviéticos y también cerca de un millar de republicanos españoles: "más de 12.000 soviéticos murieron de hambre, de frío o asesinados" apunta Mirek. Él siempre trata de que los pocos visitantes que llegan hasta aquí, sepan que en Zagan, junto al episodio heroico que vimos en la gran pantalla, se vivieron muchas otras ‘películas'', pero esta vez de terror, que no se han contado. En el pequeño museo se pueden ver restos de la alambrada electrificada y diversos documentos y pertenencias de los prisioneros.

El campo de los aviadores

La Gran Evasión se produjo en el vecino campo Luft-III en el que las condiciones de vida para los prisioneros eran bastante mejores. Todos ellos eran aviadores, principalmente de la Royal Air Force británica. Mirek nos muestra, uno a uno, los rostros de los 76 hombres que lograron fugarse después de meses en los que derrocharon trabajo e ingenio.

En el exterior del museo se puede contemplar la réplica de una de las torres de vigilancia, un tramo de valla electrificada y una barraca de madera, similar a las que servían de morada a los prisioneros. En una de ellas es donde el comandante Roger Bushell, interpretado en la película por Richard Attenborough, comenzó a preparar el plan de fuga. Mirek nos enseña algunos de los rudimentarios utensilios con los que excavaron tres túneles a los que bautizaron con los nombres de ‘Tom'', ‘Dick'' y ‘Harry''. Entre piezas originales y réplicas, el visitante puede ver desde las bombas de aire que fabricaron los presos para poder respirar en los túneles, hasta las lámparas de aceite con las que se iluminaban.

Sorprende también contemplar los pasaportes y otros documentos oficiales nazis que lograron falsificar con una máquina de escribir robada a los alemanes, sellos fabricados con suelas de zapato y papel ‘envejecido'' tras ser remojado en té . Los prisioneros elaboraron con gran habilidad, a base de mantas y sábanas, dos centenares de trajes civiles con los que querían pasar desapercibidos después de la fuga. La pieza más preciada, según Mirek, es una vieja estufa de hierro del campo que pudo ser, aunque no existe la certeza, la que usaron los prisioneros para esconder la entrada al túnel por el que finalmente se fugaron.

Órdago al Harry

Tras tener que abandonar a medias la construcción de los otros dos túneles, se decidió realizar la fuga durante la noche del 24 de marzo de 1944 a través del ‘Harry''. A poco más de tres kilómetros del museo, Mirek nos acompaña hasta el lugar exacto en el que estaba el túnel que recorría, nada menos, que 110 metros a 9 metros de profundidad. Impresiona ver su longitud e imaginarse la emoción que esos hombres sentirían aquella noche de hace 70 años, en la que pensaron que volverían a ser libres. El trazado del ‘Harry'' se encuentra hoy perfectamente marcado y hay claras referencias que nos permiten vislumbrar dónde estaba la alambrada y las torres de vigilancia. Un memorial repleto de flores en el lugar en el que se encontraba la salida, nos recuerda que la epopeya no tuvo un final feliz.

"Sólo tres alcanzaron la libertad" nos dice Mirek. Eran 200 los presos que estaban preparados para fugarse, pero tras escapar 76, el que hacía el número 77 fue descubierto por los soldados alemanes. Esa misma noche comenzó una verdadera cacería al hombre que terminó dramáticamente. 73 prisioneros acabaron siendo capturados y, de ellos, 50 fueron fusilados por orden directa de Hitler. El museo y el resto de las instalaciones están dedicadas a ‘los cincuenta'' y al resto de las víctimas de los dos campos nazis.

70 años después de la ‘Gran Evasión'', apenas quedan testigos de lo ocurrido. La última vez que se reunieron algunos de los exprisioneros, lo hicieron aquí, en Zagan. Volvieron a ver la película basada en su extraordinaria experiencia. Durante la proyección hubo mucha emoción, y también un momento de gran tensión cuando, al unísono, todos abuchearon la escena en que Steve McQueen trata de fugarse en una motocicleta. Protestaban así por un derroche de exageración de los guionistas que consideraban innecesario. Con esa opinión coincide Mirek "La historia real es tan impresionante que no hace falta añadir nada más. Basta con venir a Zagan para poder revivirla".