Estambul ya tiene la ópera que se merece

El Día de la República de Turquía abrió sus puertas el Centro Cultural Atatürk, un ambicioso complejo en el centro de la capital que alberga un auditorio para 2.040 espectadores, un cine, un teatro, una biblioteca, una galería de arte, una sala de grabación y espacios polivalentes en más de 100.000 metros cuadrados. 

Luis Meyer
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Foto: D.R.

La historia del Centro Cultural Atatürk (AKM) de Estambul es un largo camino de obstáculos. Hay que remontarse a 1946, cuando se iniciaron unas obras que se interrumpieron siete años más tarde por falta de fondos. En 1956 se retomó el proyecto y no se completó hasta 1969. En total fueron 23 años desde que se puso la primera piedra, y solo 19 meses después un incendio redujo a cenizas el interior del edificio, que se demolió en 2018 por problemas estructurales.

Exterior de la ópera de Estambul | Turismo de Turquía

Un año más tarde el Gobierno acometió su resurrección, con una determinación que ni siquiera una pandemia mundial ha logrado aplacar. El pasado 29 de octubre, coincidiendo con el Día de la República, se abrieron las puertas del macizo edificio que ahora preside la plaza de Taksim: su interior de 100.000 metros cuadrados alberga un auditorio con capacidad para 2.040 espectadores, un cine, una biblioteca, un teatro, una galería, un estudio de grabación, una sala polivalente, un centro de arte infantil, una tienda de objetos de diseño y una cafetería.

El proyecto se realizó en 2,5 años y tuvo un coste de 2.000 millones de liras turcas (119 millones de euros al cambio)

El Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía echó el resto en una inauguración que duró varios días: el AKM se estrenó con la ópera Sinan (presentada por el presidente Erdogan, narra la vida del arquitecto a quien Turquía debe sus palacios y mezquitas más impresionantes), y culminó los fastos con un concierto de la Orquesta Filarmónica de Londres.

Turismo de Turquía

Ambas actuaciones sirvieron para dejar bien patente la excelsa acústica del auditorio, con un diseño rompedor en forma de esfera pensado para que hasta el último decibelio acaricie los tímpanos del espectador, incluida una gigantesca lámpara de araña retráctil que emerge del techo cuando termina la función.

Ha hecho falta más de medio siglo para que Estambul, confluencia mundial entre oriente y occidente, tenga un centro cultural a su altura. La espera ha merecido la pena.