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La estación de tren más impactante del mundo que han coronado como "la más bella del mundo": está hecha completamente de mármol y tiene estilo Art Déco, Liberty y monumentalismo fascista

Un monumento de mármol que repasa la historia de Italia, desde el Art Nouveau hasta el fascismo

Una estación de tren que es tan impresionante como su nombre.

Una estación de tren que es tan impresionante como su nombre. / Istock

Cada día 330.000 pasajeros se pasean bajo la imponente bóveda de esta joya arquitectónica; 500 trenes recorren los 24 andenes que conforman su infraestructura y son pocos los que recuerdan, o reconocen, la belleza de este monumento que supone, además del paso de 120 millones de viajeros al año, un paseo por el neoclásico, el Art Nouveau y el monumentalismo fascista italiano. 

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Adriana Fernández

Al norte del centro de Milán, en la Piazza Duca d'Aosta, se eleva una espectacular estructura de acero macizo y cristal tras una portada de mármol de 200 metros de ancho. Es la entrada monumental a la Stazione di Milano Centrale, la más importante de la ciudad, y un icono de su historia. 

Las tres etapas de la estación: «In Motu Vita»

Diferente a sus orígenes, la estación se dibuja en tres fases. Nacida como respuesta a la demanda ferroviaria de la época, inicia sus obras en 1906 para, seis años después, tomar el diseño de Ulisse Stacchini, bajo el nombre de ‘In Motu Vita’, es decir, La vida en movimiento. 

Estación Central de Milán

Estación Central de Milán / Istock

Pese a un primer retraso de obras durante la Primera Guerra Mundial, marcado por la situación económica que entonces azotaba el país, la estación se vio impulsada por los planes del dictador Benito Mussolini, quien tenía la determinación de convertirlo en escaparate vibrante del poder y grandeza fascistas. 

Así, la estación vio la luz el 1 de julio de 1931, con una imponente bóveda de 72 metros de alto, y una colección de ornamentos y esculturas que emulaban la fuerza y supremacía de la potencia italiana.  

Estación Central de Milán

Estación Central de Milán / Istock

En su interior, los pasillos se abren paso bajo techos arqueados de mármol y paredes de azulejo, y el acero y cristaleras, elementos fundamentales de esta estructura imponente, cubren el edificio desde la cúpula hasta las marquesinas, un despliegue de grandeza que no escapa de los estilos Liberty (Art Nouveau), Art Déco y por momentos asirio-lombardo, que marcaron cada época.  

De ella se dijo que era “la estación más bella del mundo”, bajo sentencia de un impresionado Frank Lloyd Wright, arquitecto estadounidense, a quien el arquitecto Aldo Rossi, dio la razón y añadió que igualaba y aún superaba la famosa Grand Central de Nueva York. 

Estación Central de Milán

Estación Central de Milán / Istock

El andén del holocausto: la vía Binario 21

Prueba de la historia del país, bajo esta estructura se entierran las sombras del holocausto italiano, como la vía Binario 21 utilizada en tiempos de guerra para transportar prisioneros judíos a campos de exterminio alemán, un total de 1200 personas en los últimos dos años de la guerra. 

Prueba de ello y recuerdo bajo llave es la sala de espera dedicada a Adolf Hittler, restringida para el público y decorada en su momento con simbología fascistas, una tragedia que hoy velan en el Memoriale della Shoah. 

Estación Central de Milán

Estación Central de Milán / Istock

En la actualidad la estación da conexión a algunas de las ciudades más importantes del país, como Roma, Turín, Venecia, Nápoles o Bolonia, así como internacionales, como Zúrich, Ginebra, París, Viena, Múnich y Marsella.  

Milán Central actúa además como nudo de conexión regional, habilitando transporte a ciudades como Bérgamo, Verona, La Spezia y Génova.  

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