Enamorados de Portugal: y cuando viajemos por el norte, más aún

Entre las tierras de los ríos que rodean los valles del Sousa, del Duero y del Támega, en el norte de Portugal, se levanta un singular patrimonio románico que ha perdurado en el tiempo.

Javier Carrión
 | 
Foto: CRISTINA CANDEL

Durante 10 años, desde 1998 a 2008, se gestó esta Rota do Românico que agrupa actualmente a 12 ayuntamientos, muy próximos a Oporto, una de las ciudades más de moda en Portugal, con una oferta de 58 monumentos históricos que muy pronto se ampliará con otros del Vale do Ave con Guimarães, declarada Patrimonio Mundial de la UNESCO, a la cabeza. Para muchos es este el mejor secreto guardado en el norte luso, con un legado espectacular que se remonta a los orígenes de la nación portuguesa y que certifica la importancia de la nobleza, con familias muy poderosas como los señores de Baião, de Ribadouro o de Sousa, y de las órdenes religiosas.

Una herencia que se puede saborear gracias a un itinerario, señalizado casi minuciosamente con más de 1.600 paneles informativos visibles en cualquier carretera, por lo que resulta casi imposible perderse, pues el nombre de la Rota do Românico, sobre fondo en color marrón, acompaña al visitante durante todo el viaje.

CRISTINA CANDEL

Solo 25 minutos en coche serán necesarios desde el aeropuerto de Oporto-Francisco Sá Carneiro para admirar el Monasterio de San Pedro de Ferreira, sin duda, uno de los monumentos más expresivos del románico portugués por sus capiteles, columnas, arquivoltas y motivos ornamentales. José, nuestro guía especializado, lo incluye en el top cinco de este legado románico en tierras lusas, gracias a su estilo que unifica otros importantes (Zamora-Compostela, Coímbra-Oporto y Braga-Unhão) y a sus joyas antiguas, como una escultura de XIV, situado antiguamente en la fachada principal y ahora localizado en el altar mayor.

CRISTINA CANDEL

Los especialistas alaban también su pórtico exterior occidental, con ocho columnas decoradas con bellos capiteles, unos con lacerías y animales y otros con vegetales, aunque el recinto muestra en su interior algunas curiosidades de su actual párroco Juan Pedro, muy moderno, que emplea un gran televisor de plasma como apoyo para sus homilías y un sencillo reloj en las alturas pero a la vista del sacerdote, pues da misa en otras tres parroquias próximas y, según cuenta el propio José, “anda siempre corriendo de una a otra”.

Matrimonio en Amarante

Antes de continuar por la ruta románica, una buena opción es visitar el Centro de Interpretação do Românico en Lousada (CIR), sobre todo porque nos permitirá entender mejor este itinerario y el significado de este primer gran estilo arquitectónico europeo. Las siete salas interactivas del CIR, así como el techo del edificio en forma de espina de pez, son llamativos, aunque a la hora de elegir una estancia la dedicada a los constructores se lleva la palma, pues en ella se muestra con materiales reales el proceso de construcción de una iglesia románica. También la sala de los lapiceros sorprende, pues permite al visitante colorear de una forma original los frescos románicos de algunas de las joyas de la ruta.

Una de esas indiscutibles joyas es el Monasterio Benedictino de San Salvador de Travanca, la iglesia románica más importante en el concejo de Amarante, el destino más turístico de la ruta. El edificio, que fue fundado a mediados del siglo XII y es uno de los templos más antiguos de la cuenca del río Sousa, exhibe una rica simbología en piedra, tanto en su iglesia de tres naves escalonadas como en sus capiteles exteriores, brillantes con serpientes, aves entrelazadas, sirenas lujuriosas y hombres tragados por monstruos. También llaman la atención del visitante la torre defensiva anexa, una estructura militar gótica que contrasta con la decoración de gusto románico, el místico Cordero de Dios representado en el portal y la sacristía del siglo XVIII con un cuadro de Enrique de Borgoña y Teresa de León, padres de Alfonso Enríquez, el primer rey portugués. Por otro lado, una colección de muebles originales, figuras escultóricas y su magnífico techo artesanal aumentan todavía más el encanto de esta sala.

CRISTINA CANDEL

Ya en Amarante, a orillas del río Támega, la ciudad hechiza por su belleza entre los arcos de un puente de granito del siglo XVIII y su afamado monasterio del siglo XVI, cuya iglesia está dedicada a San Gonzalo, el predicador que construyó aquí una ermita y un puente que dieron origen a la ciudad. A la izquierda del altar mayor, se encuentra la venerada tumba de este patrón de los matrimonios. Los que buscan una pareja para casarse tocan su imagen o tiran de una cuerda en una sala contigua a esta capilla como manda la tradición, mientras que otros fieles besan los pies de su efigie después de recorrer la nave de rodillas.

La ribera que rodea la ciudad, repleta de sauces en la orillas y de guigas (pequeñas barcas tradicionales ideales para un paseo romántico) en las aguas del Támega, es otro acicate para el viajero, así como la Confeitaria da Ponte, erigida junto al puente histórico donde las tropas portuguesas detuvieron a los invasores franceses en 1809, para degustar una rica selección de dulces y pasteles de huevo conventuales. Creados por las monjas de Santa Clara, estos dulces mantienen  el secreto del convento con una fórmula tradicional de huevos, almendras, azúcar y harina. El curioso puede incluso adentrarse en el sótano para pisar el obrador de la Confeitaria da Ponte, donde seis mujeres producen dulces y más dulces con 1.500 huevos empleados diariamente. Lo hacen desde 1930.

Sin abandonar el curso del río Támega, pero adivinando ya la presencia del majestuoso Duero, la localidad de Marco de Canaveses surge en el camino sobre un alto presidido por un faro moderno: la Iglesia de Santa María, del arquitecto Álvaro Siza Vieira, realizada entre los años 1994 y 1997. Antes habremos realizado una parada en la margen derecha del río en otro templo que lleva el nombre de Santa María al que se añade "de Sobretámega”.

CRISTINA CANDEL

Esta iglesia fue erigida en un punto clave de la barrera fluvial que canalizaba el tráfico comercial paralelo al río Duero y desde su posición se advierte una magnífica paralela de toda la zona. Es, sin embargo, la obra de Álvaro Siza Vieira eregrinos por su gran singularidad. No encontrarás en este templo mariano de paredes blancas huella alguna de grandes altares o imaginería, sino pureza espacial en un interior desnudo, abstracción geométrica, juegos de la luz natural y el sonido del agua que corre por la pila bautismal de granito. En España, Álvaro Siza ha firmado otros edificios originales siendo el más representativo el Centro Gallego de Arte Contemporáneo, que se encuentra localizado en Santiago de Compostela.

En el término municipal de Marco de Canaveses otra bella iglesia, cuyo origen se sitúa entre los siglos IX y XII, fue clave en un territorio muy codiciado por la nobleza medieval. En San Martín de Soalhães no quedan apenas reductos románicos, pues el interior fue transformado en el siglo XVIII, pero solo por admirar sus amplios paneles de azulejos con su característico azul cobalto merece la pena su visita. Las escenas de Moisés y la serpiente de bronce y de la Samaritana y Jesús hablando con los discípulos o la del propio Moisés haciendo brotar agua del desierto no dejan indiferente al viajero por su magnífico estado.

CRISTINA CANDEL

Miradouros del Duero

El río Duero surge en nuestra ruta enmarcado en un amplio espacio de miradores, miradouros los llaman en Portugal, que ofrecen las mejores vistas panorámicas donde se advierten las laderas repletas de viñas. Alguna ermita pequeña es digna de visita, como la Capilla de Nuestra Señora de la Liberación de Fandinhães, dedicada en sus orígenes a San Martín y ubicada a 500 metros de altitud. Se encuentra a nueve kilómetros de Marco de Canaveses y su elevada situación impidió que fuera terminada. Hoy solo se puede ver la capilla mayor, su portada principal asentada sobre columnas con capiteles antropomórficos y zoomórficos, y un puñado de exhibicionistas que destacan en la fachada lateral sur, representaciones antropomórficas desnudas muy recurrentes en el arte románico.

Mucho más espectacular resulta la Iglesia de Santa María la Mayor de Tarouquela, ya en Cinfães. Se trata de un templo románico de la segunda mitad del siglo XII, fundado por los Canónigos Regulares de San Agustín que fue convertido en monasterio gestionado por abadesas durante casi cuatro siglos, del XII al XVI. En su interior brilla el arco triunfal y las paredes laterales marcadas con arcos ricamente decorados, así como una escultura en medio relieve de la Virgen María amamantando al Niño Jesús, datada en 1500 y proveniente de un taller de Bruselas.

CRISTINA CANDEL

Del pórtico exterior lo más curioso es la presencia de los perros de Tarouquela en piedra. Colocados a los dos lados de la portada, describen a dos cuadrúpedos de cuyas mandíbulas penden cuerpos humanos desnudos. Su finalidad, estrictamente protectora, no era otra que la de ahuyentar al mal, el deseo de alejar a las fuerzas malignas.

La tumba de Egas Moniz

No deberíamos concluir esta ruta lusa sin acudir al Monasterio de Paço de Sousa, que guarda entre sus paredes una de las obras maestras del arte sepulcral románico: la tumba de Egas Moniz, ayo y responsable de la educación del primer rey de Portugal. Su tumba narra sobre la piedra la historia de este descendiente de los señores de Ribadouro, quien negoció la paz del reino de Portugal con Alfonso VII, rey de Castilla. Enfrente de la iglesia del siglo XIII se halla una escultura de este poderoso hidalgo con la soga al cuello. La leyenda cuenta que para salvar su honor y el del rey de Portugal, Egas Moniz viajó a Toledo acompañado de su familia y se presentó ante el soberano castellano descalzo y con varias cuerdas al cuello. Ese acto de lealtad y heroísmo le valió el perdón de Alfonso VII y también la admiración de Alfonso Enríquez.

CRISTINA CANDEL

Otros monumentos románicos de la ruta

En el valle del Sousa destaca el Monasterio de Santa María de Pombeiro, uno de los monasterios benedictinos más importantes de la época. Y sin abandonar el valle del río, está la Torre de Vilar, el lugar ideal para sentirse como un señor feudal desde su atalaya a 14 metros de altura. Por último, el Monasterio de San Pedro de Cetê, uno de los más antiguos de Portugal, ya que data del siglo IX. Ya en el valle del Támega, la arquitectura militar de la época románica está representada en el Castillo de Arnoia, con su magnífica torre del homenaje y otros elementos defensivos.

Y finalmente, en el valle del Duero hay dos joyas románicas que visitar. La primera es el Monasterio de Santa María de Cárquere, que testifica el milagro de la curación de las piernas del primer rey de Portugal. La segunda, el Monasterio de San Andrés de Ancede, situado en el lugar que los Canónigos Regulares de San Agustín convirtieron en un importante centro económico, cultural y espiritual. Imprescindible subir a lo alto del edificio para admirar el bello paisaje de viñedos de todo el valle.