Esencia andaluza en la Serranía de Ronda

Enrocada en su serranía, malamente accesible, abismada, la villa malagueña de Ronda sigue siendo cuna de mitos, musa de poetas y refugio de artistas y sagas taurinas. Las esencias de un cierto tipismo españolista –no sólo andalucista– y la propia admiración que provoca no siempre favorecen sus legítimas ansias de progreso.

Carlos Pascual

La han llamado de todo. Y todo bueno: ciudad soñada , ciudad alada , ciudad eterna . Quienes mejor la han calado han sido los de fuera: desde el checo Rilke, que escribió su Trilogía española en la habitación 34 del Hotel Reina Victoria, el mismo en que se alojó Paul Bowles veinte años después (en 1934), hasta el críptico James Joyce, que la evoca oníricamente en el fi nal de su Ulises . Y eso por no hablar de los más viejos, los viajeros románticos (Richard Ford, Washington Irving, Merimée, Gautier), que tenían en Ronda parada y fonda obligadas y arrastraban consigo a dibujantes al minuto que luego hicieron carrera (como Gustavo Doré, reportero gráfico del Barón Davilier, o David Roberts). Algunos posmodernos hablan de incluir a Ronda en la sedicente liga de "ciudades lentas " (movimiento afín al del slow food), a pesar del refunfuño de quienes prefi eren oír hablar de rapidez, carreteras, depuradoras, universidad, algo.

Lenta, eterna, soñada... ¿es que nada nuevo amanece bajo el sol de Ronda? Pues parece que sí, a tenor de las riadas de turistas que suben todos los días (todos) desde la costa y se embuten en su pellejo, que parece van a reventarle las costuras. Y claro, hay que responder al mercado: más tiendas y anticuarios, más restaurantes y hoteles, más monumentos (rescatados) o, en su defecto, más museos; aunque resulten algo atrabiliarios, como el Museo de la Caza, el Museo Lara, que almacena de todo un poco, o el Museo Peinado (éste más justificado, dedicado al pintor rondeño que murió en 1975, adscrito a la llamadaEscuela de París ). Pero el museo que más morbo concita desde hace lustros es el Museo del Bandolero.

Para la mirada foránea, la singular anatomía de la ciudad de Ronda resulta perfecta para encarnar todos los tópicos más jugosos: Carmen la de Ronda, los bandoleros, los padres fundadores del toreo, los muñidores de rondeñas quejumbrosas...

Una "cora" de Ál-Andalus
Pero el tópico españolista no puede ocultar el riquísimo pedigrí de una población que pintaba bichos rupestres en la Cueva de la Pileta, que fue bautizada por los romanos (Arunda ), que fue capital de una de las cinco coras de Al-Ándalus, que fue banco de pruebas para la artillería moderna (la ensayaron los Reyes Católicos para rendir la plaza, en 1485) y que, como ciudad ilustrada, fue capaz de digerir ese Puente Nuevo, que aún hoy causa admiración, para unir la medina o ciudad vieja con el nuevo barrio del Mercadillo, la nueva plaza de toros y las nuevas ganas de vivir. Las reliquias de semejante historial dan para bastante más que una excursión desde la playa. Sólo con dar un repaso a las murallas y puertas (la principal de Almocábar, la de Cijara, la de Felipe V, los muñones extramuros de Albacara), a los restos árabes o mudéjares (baños, Casa del Gigante, alminar de San Sebastián), a las iglesias y palacios de pago, hay que calcular, mínimo, un par de jornadas.

O más, si se detiene uno en visitar con detalle las últimas mejoras. Por ejemplo, los baños árabes han ampliado su recinto y puede verse en su interior un audiovisual sobre el asunto. En las tripas del Puente Nuevo, un Centro de Interpretación disecciona muy bien el proceso urbanístico. La Mina, una galería árabe arañada en el tajo para hacer acopio de agua del Guadalevín y subirla (a lomos de esclavos cristianos) a lo alto de la ciudad, puede visitarse en la llamada Casa del Rey Moro. La Casa del Gigante, palacete morisco con restos de atauriques y yeserías, y el Museo de Ronda, en el Palacio de Mondragón, son visiones que corrigen convenientemente el estrabismo de los tópicos.

También hay cosas nuevas en la Real Maestranza, la plaza de toros más monumental de España (ya que no la más antigua, si bien data de 1785). Una muestra de la Real Guarnicionería de la Casa de Orleans se suma ahora al veterano Museo Taurino, un museo pequeño, pero enjundioso como un caldo concentrado, con buenas piezas originales y una exposición de las dos grandes dinastías toreras de Ronda, la de los Romero y la más reciente de los Ordóñez.

Cuna del toreo moderno
Pedro Romero (1754-1844) pasa por ser el fundador del toreo moderno, del arte de "parar, templar y mandar ", y mató él solito, dicen, a más de 6.000 reses. Algunos confunden y atribuyen esa cifra a Antonio Ordóñez, el maestro desaparecido en 1998; la familia Ordóñez (el padre de Antonio era Cayetano Ordóñez, El Niño de la Palma ) fue la que instauró la tradición de celebrar una corrida goyesca, cosa que viene sucediendo en Ronda desde 1954.

Ronda es en sí misma el equivalente a todo un itinerario. De todos modos, bueno será completar las andanzas urbanas con un recorrido siquiera somero de la serranía y sus paisajes primigenios, casi intactos. Cerca del casco urbano está la ermita rupestre, de origen mozárabe, de la patrona Virgen de la Cabeza, que inspiró a Rilke y a David Bomberg. Más lejos queda Acinipo (Ronda la Vieja), municipio romano del que sólo se ha rescatado su teatro. Los pueblos blancos -mejor dicho, una porción de ellos, como Setenil, Olvera, Zahara y Grazalema- son otra excusa para ver la serranía que tanto juego dio a contrabandistas, bandoleros y escritores a la caza de emociones fuertes.

Elegida y elogiada por visitantes ilustres
El maestro Antonio Ordóñez llevó a la ciudad de Ronda a personajes tan conocidos como Orson Welles o Hemingway; este último escribía, en Muerte en la tarde , que Ronda es el sitio perfecto para una luna de miel o fuga amorosa. Las cenizas de Orson Welles están depositadas, según voluntad propia, en la finca El Recreo, de la familia Ordóñez. Raquel Meller era otra enamorada de Ronda, y la Duquesa de Parcent, doña Trinidad Schultz, organizó (hacia 1920) grandes saraos con invitados ilustres de toda Europa en la casa que hizo arreglar y se conoce como Casa del Rey Moro (futuro hotel de cinco estrellas). La proximidad a la Costa del Sol y las películas rodadas en Ronda han llevado a la ciudad a un sinfín de celebridades. Lo último: la alternativa de Cayetano Rivera Ordóñez, de mano de su hermano Francisco, en la 50ª edición de las corrida goyesca: punto y coma en la dinastía torera.