El Escorial en otoño, la más bella escapada desde Madrid

Un paseo por el capricho de Felipe II en la estación que mejor le sienta

Noelia Ferreiro
 | 
Foto: ISTOCK

Sobrio, solemne, majestuoso. Estos son los adjetivos que mejor lo definen. El Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, encajado a los pies de la madrileña Sierra de Guadarrama, merece, por su grandiosidad, todos los superlativos. Esto es así desde su construcción, hace casi 500 años, cuando fue erigido para conmemorar la victoria en la batalla de San Quintín. Su artífice, Felipe II, concibió este magno proyecto como aquel capricho que se convertiría en la gran obra maestra de la arquitectura del momento y en el máximo grito a la geometría. Un complejo concebido como monasterio, panteón real, palacio, biblioteca y colegio, emplazado en un privilegiado entorno bajo la sombra del monte Abantos.

Grandiosa biblioteca renacentista fundada por Felipe II como lugar de trabajo científico. Los frescos de la bóveda, obra de Pellegrino Tibaldi, representan las siete Artes Liberales. | Xauxa Håkan Svensson

Explosión cromática

Cualquier época es buena para visitar esta joya. Pero es especialmente en otoño cuando el paisaje embellece, más si cabe, su maravilloso perfil. Una estación que amarillea las copas de los árboles y reviste el campo de tonos pardos en una explosión cromática. Robles y encinas, fresnos y enebros, retama y jara tapizan las inmediaciones, en una zona que esconde parajes tan bellos como el Pinar de Abantos y La Herrería, declarados Bosque de Especial Interés Ecológico y también Paisaje Pintoresco. Y es que el Escorial, para quien no lo sepa, es arte, historia, cultura… pero también naturaleza.

De estilo renacentista, este monasterio se encuentra en la localidad madrileña de San Lorenzo de El Escorial. Sin lugar a dudas es uno de los monumentos más importantes de España no solo a nivel arquitectónico, si no también en términos históricos, ya que ha sido residencia de la Familia Real Española, sepultura de los reyes de España y actualmente alberga a los frailes de la Orden de San Agustín.  | Syldavia / ISTOCK

Así lo quiso el monarca cuando decidió agradecer la primera gran victoria militar que tuvo su reinado: la de aquella batalla librada contra los franceses aquel 10 de agosto de 1557. Una fecha en la que se celebra la festividad de San Lorenzo, que murió mártir asado en una parrilla. De ahí la forma de la planta de este edificio, en el que si hay algo que llama la atención es la simetría de sus fachadas.

Las motivaciones del rey

La primera condición es que tenía que ser un lugar sano, con aire puro y agua fresca. Un emplazamiento en el que también se tuvieran a mano los materiales de construcción, como la madera y el granito. Además, debía estar aislado en el campo y alejado de Madrid, pero no en exceso, pues no podría nunca disociarse de la corte de la ciudad. La segunda condición que llevó a Felipe II a la construcción de este monumento fue la de convertirlo en el Panteón Real de la dinastía de los Austria. Para ello comenzaría por su padre, Carlos V, quien quiso ser enterrado en el Monasterio de Yuste (Cáceres), aunque la decisión final quedó en manos de su hijo.

ISTOCK

Estilo herreriano

Con estas directrices, se colocó la primera piedra aquel remoto 23 de abril de 1563. Y se hizo según los planos trazados por Juan Bautista de Toledo. Pero el arquitecto del rey murió poco después de comenzadas las obras, por lo que tuvo que hacerse cargo su discípulo Juan de Herrera. Con él nació un arte nuevo, el llamado estilo herreriano, que simbolizó el salto de la España medieval a la España moderna. En la arquitectura del monasterio, el plateresco renacentista cede paso al clasicismo desornamentado, sobrio y solemne. Pero detrás de esta aparente austeridad caben otras muchas artes. El Escorial es por ello la obra cumbre del Renacimiento español, el monumento definitivo del reinado de Felipe II.

ISTOCK

La octava maravilla del mundo

Nada más que 21 años duró la construcción de El Escorial. Cuentan que, durante este tiempo, Felipe II controlaba las obras desde un promontorio de roca, a dos kilómetros del pueblo. Hoy este rincón recibe el nombre de la Silla del Rey y ofrece las mejores vistas al inmenso conjunto de piedra. Por su imponente tamaño y su complejidad funcional, por la serena solidez de su obra, por su enorme valor simbólico, El Escorial fue considerado, desde finales del siglo XIV, la Octava Maravilla del Mundo. Un calificativo que la Unesco llegó a confirmar en 1984, cuando lo declaró Patrimonio de Humanidad.

Monasterio y sitio de El Escorial en Madrid (1984). | Pietro Canali/SOPA/Corbis