Escapada romántica a Óbidos, la joya portuguesa en la que perderse

Olvida el paso del tiempo entre sus murallas…

José Miguel Barrantes Martín
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A tan solo una hora en coche desde Lisboa, en dirección norte, se encuentra uno de los lugares con más encanto de todo Portugal. Una pequeña villa portuguesa fortificada, bañada por una especie de ambiente mágico que la convierte en una de las joyas lusas. Su belleza y autenticidad van en consonancia con la tranquilidad que se respira entre sus murallas, convirtiéndola en un rincón ideal y sugerente para un plan romántico en el país vecino.

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Una experiencia única entre murallas

El nombre de Óbidos ancla sus raíces en el término latino «oppidum», que hacía referencia a un lugar elevado protegido por defensas. Con este origen no es de extrañar que esta pequeña localidad sea célebre por sus fortificaciones, rodeando gran parte de su perímetro urbano para formar un conjunto absolutamente espectacular. Considerada como el recinto amurallado mejor conservado de Portugal y nombrado su castillo como una de las 7 maravillas del país, sobran los motivos para dejarse atrapar por esta magnífica villa medieval.

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Sus estrechas calles adoquinadas, sus casas de fachada blanca con bandas azules o amarillas - en la mayoría de los casos - o su impresionante castelo, motivo de orgullo de los habitantes del lugar, hacen de Óbidos un pueblo singular y encantador donde dejarse llevar.

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Perfecta para una escapada romántica, la conocida como «Villa de las Reinas» nos da motivos suficientes para enamorarnos a primera vista de ella. No obstante, su pasado está estrechamente ligado al amor desde el siglo XIII, momento en el que comenzó la tradición, por parte de los Reyes, de ofrecer la villa a la prometida con la que iban a contraer matrimonio, a modo de regalo de bodas. Una tradición que ha perdurado hasta el primer tercio del siglo XIX.

Un pueblo donde perderse…

Una vez hemos atravesado las murallas y nos hallamos en el interior del recinto fortificado, toda impresión cambia por completo. Estamos ante un pueblo medieval, donde el entramado de calles nos envuelve en un ambiente mágico. La Porta da Vila, la más monumental y bella, nos da paso a la Rua Direita, la vía principal de Óbidos, que atraviesa toda la población hasta llegar al monumental castillo, el gran protagonista de la localidad. Convertido en parador, alojarse en él nos traslada de inmediato a un mundo de ensueño.

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Desde allí, un mar de posibilidades se abre ante nosotros; el trazado sinuoso de algunas calles nos permite perdernos entre las casas tradicionales, topándonos a cada paso con alguna de las numerosas iglesias que se erigen frente a nuestras miradas. La más famosa de todas ellas seguramente sea la de Santa María, ubicada en la plaza del mismo nombre, epicentro de la vida social de la población. Al margen del recorrido por las calles de Óbidos, también es posible transitar por la extensa muralla. Su altura en algunos puntos, unido a la presencia de tramos de defensa adosados a formaciones rocosas, refuerzan la sensación de grandiosidad y nos regalan desde lo alto unas vistas formidables tanto hacia el interior como el exterior.

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Un pueblo para perderse, siempre bajo la mirada del imponente castillo en lo alto, que desde el extremo norte divisa todo un panorama de campos en los alrededores y señala en la otra punta la presencia de otra de las construcciones más representativas de Óbidos, el acueducto, ya fuera del recinto amurallado - levantado en el siglo XVI -, extendiéndose varios kilómetros y creando una estampa única.

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Y qué mejor forma de poner un toque de dulzura a nuestra estancia romántica que brindar con un licor servido en un recipiente de chocolate… La Ginjinha de Óbidos, una bebida dulce producida a base de guindas, que se ha convertido en el «santo y seña» de la población - aunque no es exclusiva de esta localidad -, se sirve aquí en una base de chocolate – un detalle que sí que es único de esta villa -; una combinación sensacional para un lugar excepcional donde dejar pasar el tiempo y dar rienda suelta a nuestro lado más romántico.