Érase una vez… Guadalajara

Wad-al-Hayara, como llamaban los musulmanes a la antigua ciudad romana de Arriaca, invita a la aventura, al arte, y a la gastronomía. Hayedos, historias de gancheros y ríos, palacios, y castillos medievales cuentan fabulosas historias de Guadalajara. Tierra acogedora, entrañable y sorprendente, de señoríos, páramos, y villas ducales.

Irene González
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Foto: curtoicurto / ISTOCK

Los sistemas Ibérico y Central se dan la mano en tierras de Guadalajara. Los páramos de la Alcarria, el Alto Tajo, y las campiñas surcadas por cauces fluviales, son el escenario de estas tierras, un auténtico cruce de caminos, y que vivió una convulsa historia. Wad-al-Hayara, como llamaban los musulmanes a la antigua ciudad romana de Arriaca, invita a la aventura y al arte. Hayedos, historias de gancheros y ríos, palacios y castillos medievales cuentan fabulosas historias. La arquitectura más popular, los señoríos, las villas monumentales y las iglesias y ermitas se suceden en un atractivo paisaje. Esta tierra, acogedora, entrañable y de gran riqueza cultural y gastronómica, sorprende a cada paso. Son tierras disputadas en tiempos medievales, donde la importancia de los señoríos y las familias nobiliarias sigue latente en sorprendentes legados. Están cuajadas de monumentales villas, impresionantes sierras y pequeñas iglesias y ermitas románicas.

Aquí están las ciudades medievales mejor conservadas de nuestro país, y los hayedos más impresionantes, auténticos bosques de cuento. Puras villas medievales pueblan Guadalajara, donde Sigüenza es una de las más auténticas de toda Europa. Además de su castillo y su Catedral, su Museo Diocesano, la Posada del Sol, el Colegio de Infantes, la Casa del Arcediano y del Doncel, el Seminario y las iglesias de San Vicente, de las Ursulinas y de Santiago, llevan directamente a la mágica Edad Media. La bella Atienza asombra con Plaza del Trigo, el mejor ejemplo de plaza castellana, con forma triangular. Además, en esta villa, Conjunto Histórico Artístico, es obligado perderse por sus callejuelas. En las Salinas de Imón, las más importantes de la península, y unas de las mejores conservadas de nuestra geografía, se entiende el poder de los obispos de la época. Y Guadalajara también es tierra de parajes únicos, como el Parque Natural Hayedo de Tejera Negra, de Cantalojas.

Más adelante Hita, oficialmente uno de los Pueblos más Bonitos de España, donde, bajo dominio musulmán se estableció una fortaleza en la cima del cerro, y a lo largo del XIII se formó una importante judería. En Jadraque dicen que se come el mejor cabrito asado del mundo, así que, después de probarlo, nada mejor que subir hasta su castillo de El Cid. Pastrana bien podría ser el núcleo de una novela de suspense y amores. Aquí estuvo prisionera la fascinante princesa de Éboli, donde solo se podía asomar durante una hora, al balcón enrejado del palacio Ducal. En Pastrana, Santa Teresa y San Juan de la Cruz, fundaron sus conventos carmelitas. Más tarde, Moratín se instaló en la villa durante largas temporadas y, más cerca de nuestros días, Camilo José Cela la inmortalizó retratándola en su Viaje a la Alcarria. Un camino de leyendas y sorpresas, entre libros del buen amor, juderías, castillos, salinas, cuevas –bodegas, princesas cautivas, santas, y alguno de los pueblos más bonitos de España. ¿Alguien da más?