Si no encuentras destino de costa en el norte este verano, te presentamos Laxe

Su arenal, su faro, su playa de los cristales… Un lugar que te enamorará

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: Francesco Ricca Iacomino / ISTOCK

En la Costa da Morte, en la mitad meridional de la comarca de Bergantiños y presidiendo la Punta Da Cruciña, nos encontramos con Laxe, uno de los rincones más bellos de la provincia de La Coruña en su vertiente costera.

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El eslogan turístico del Ayuntamiento de Laxe no puede ser más explícito de la esencia de este lugar al hablarnos de un «mar de sensaciones». Y es que este puerto marinero es un destino veraniego perfecto para aquellos que decidan aventurarse de vacaciones por el norte de España.

Pueblo marinero y un arenal formidable

Laxe está íntimamente ligado con el mar, al igual que ocurre con muchas parroquias de la Costa da Morte, donde las olas golpean con fuerza las rocas del litoral haciendo notar su presencia con los bufidos del impacto y las copiosas espumas que se forman. No es de extrañar, por tanto, que frente a esta localidad marinera, en el Monte da Insua, los acantilados se vistan de blanco como si el mar escupiera con su oleaje toda su furia. Es la Furna da Espuma, un espectáculo natural imponente que podremos admirar, con la precaución que exige este fenómeno, en los días de viento mientras el mar está embravecido. Un camino que bordea la costa nos permitirá acercarnos lo suficiente para llegar hasta este entrante del mar ante la atenta mirada del Faro de Laxe.

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Volviendo al núcleo urbano, que comienza poco después del mirador Da Insua y el borde costero de la Punta Besugueira, encontraremos una población claramente marcada por la actividad pesquera. Su puerto, en primer término, con el gran espigón de 390 metros, los muelles y la lonja, son los lugares ideales para ver faenar las embarcaciones de Laxe en su ajetreo diario.

La pesca de bajura, en clara decadencia en otros puntos de la Costa da Morte, pervive aquí con una notable intensidad y nos permite experimentar de primera mano la afanosa vida de los marineros, así como la recepción de las capturas para ser posteriormente vendidas en la lonja. Esta cercanía al mar y a la actividad pesquera ha influido de manera decisiva en la gastronomía local, favoreciendo que los restaurantes de la zona nos puedan ofrecer productos frescos de primera calidad.

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Mientras que la lonja es el centro neurálgico de la actividad pesquera del puerto, la Iglesia de Santa María de Atalaia, situada sobre un muro de piedra que la salvaguarda de los posibles envites de la mar, es el corazón de los muelles de Laxe. Un templo con más de cinco siglos de antigüedad – erigido junto a una antigua capilla aún más vetusta - que sirvió de atalaya defensiva en el pasado y desde cuya posición los cañones enfilaban el horizonte a la espera de entrar en acción si la ocasión lo requería.

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Desde el punto donde se sitúa la iglesia parten paralelas al mar las principales calles de Laxe y el paseo marítimo, formando en su conjunto un casco viejo lleno de encanto de estrechas vías e interesantes casas marineras entre las que es todo un placer caminar y dejarse perder. La Rúa Real, la más importante de todas ellas, nos conduce hasta la principal plaza del núcleo, la de Ramón Juega, desde donde se abren al hermoso arenal de Laxe los numerosos ventanales de la Casa do Arco, la construcción civil más célebre y antigua del pueblo – cuenta con quinientos años a sus espaldas -, con su llamativa bóveda como signo distintivo.

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Desde allí podemos contemplar uno de los mayores reclamos veraniegos de esta población gallega. Una playa de finísima arena blanca, famosa por ser la más extensa de carácter urbano de toda la Costa da Morte. Una de las mejores de este estilo de Galicia, muy apacible, y con el aval de contar con el reconocimiento de Bandera Azul.

No podemos olvidar, antes de abandonarnos en manos de la arena y de las aguas atlánticas, el visitar en el casco viejo el Museo do Mar, una casa reconvertida en la que se expone de manera brillante el modo de vida y las costumbres marineras en estas costas,  con antiguos mapas, objetos, fotografías y formidables maquetas de embarcaciones.

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El faro y el Camiño dos faros

El faro de Laxe es uno de los principales estandartes de la parte central de la Costa da Morte. Situado en el extremo del Monte da Insua, su impoluto color blanco a lo largo de sus once metros de altura contrasta poderosamente con el verdor terrestre y el azul del océano.

Desde aquí podemos adivinar, siguiendo el contorno de los acantilados hacia nuestras espaldas, las otras playas del municipio de Laxe, con la de Soesto enfrentada al lado opuesto del arenal urbano como mejor y mayor ejemplo.

Xurxo Lobato / ISTOCK

Un poco más cercana, escondida en una cala junto al cementerio de la localidad, a la misma altura del mirador da Insua, se encuentra la curiosa playa de los Cristales, un diminuto entrante de mar en el que la arena ha sido reemplazada por miles de cristales pulidos multicolor que no son sino un antiguo depósito de vidrios que, gracias a la acción erosiva del agua, han ido formando este precioso y triste – al mismo tiempo - recordatorio de la acción antrópica sobre la naturaleza.

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Un anecdótico reclamo turístico que, con total seguridad, habrán contemplado en no pocas ocasiones los senderistas que transitan por estas costas siguiendo el famoso Camiño dos Faros, una interesante ruta que recorre la Costa da Morte en busca de estas balizas marítimas, y de la que forma parte Laxe como una de sus etapas.