Los encantos de Fuerteventura: una isla que lo tiene todo

Cielo, mar y tierra reciben al visitante de esta isla canaria de belleza primigenia. Un refugio de luz marcado por su pasado de majos valerosos y sacerdotisas clarividentes.

Pablo Fernández
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Foto: Gonzalo Azumendi

Los majos, población aborigen de Fuerteventura, eran de procedencia bereber. Algo comprensible al tener en cuenta que la isla canaria se encuentra a tan solo 97 kilómetros de la costa africana. En 1402, la isla fue conquistada por una expedición liderada por el normando Jean de Bethencourt. Apenas dos años después, se fundó Betancuria, primera capital de la isla, que recibió su nombre en homenaje a Bethencourt. En 2021, esta bonita localidad contaba con apenas 762 habitantes —según el Instituto Nacional de Estadística—.

Gonzalo Azumendi

A pesar de su reducida dimensión, el magnetismo de Betancuria permanece intacto. En ella se encuentra el primer monasterio de Fuerteventura, la primera catedral y un pequeño museo arqueológico en el que se puede aprender acerca de la historia y costumbres de los majos (también conocidos como mahos).

A las afueras de la población se encuentra el Mirador de Guise y Ayose, privilegiada atalaya ubicada entre la parte norte de la isla y el valle de Betancuria. Allí se levantan dos colosales esculturas de más de cuatro metros de altura realizadas por el artista lanzaroteño Emiliano Hernández —afincado actualmente en Fuerteventura—. Las dos figuras de bronce representan a los dos reyes majos que gobernaban la isla antes de la llegada de los conquistadores.

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A pesar de su enemistad, ambos compartían un enemigo común: los hombres liderados por Bethencourt. Tras desiguales batallas, Guise y Ayose fueron capturados y obligados a recibir el bautismo. Junto a los majoreros sometidos también se encontraban dos mujeres excepcionales: Tibiabín y su hija Tamonante. De gran influencia entre los líderes majos, ambas sacerdotisas ejercían sus dotes adivinatorias y sabiduría para dirimir conflictos y ejercer justicia.

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Y llegó la tranquilidad

Debido a su localización estratégica, Fuerteventura ha sufrido numerosos ataques corsarios a lo largo de los siglos. Uno de los casos más notorios es, precisamente, el saqueo de Betancuria, en 1593, por parte del pirata de origen argelino Xabán Arráez. Esta historia de violencia contrasta con el carácter actual de la isla, conocida coloquialmente como Isla Tranquila. Más allá del carácter afable de su gente y el elemento de recogimiento inherente a toda ínsula de reducidas dimensiones, esta denominación está vinculada, sin duda, a su naturaleza prístina, que ofrece paisajes volcánicos, playas de arena sedosa, dunas desérticas... Por todo ello, la Unesco nombró a Fuerteventura Reserva Mundial de la Biosfera en 2009.

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En el caso de esta isla, el uso de la palabra “reserva” cobra un sentido especial. La primera definición de la RAE es la siguiente: “Guarda o custodia que se hace de algo, o prevención de ello para que sirva a su tiempo”. Es innegable que la isla posee un aroma de tiempo encapsulado, alejado de los ritmos frenéticos de las grandes ciudades. También contribuye a esa sensación el hecho de que las estaciones se presentan aquí de forma borrosa, con una temperatura que oscila alrededor de los 20 grados a lo largo de todo el año.

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Reflejos dorados en agua turquesa

Uno de los grandes atractivos de Fuerteventura son sus más de 150 playas catalogadas. Playas, por otra parte, que algunos consideran las mejores de Europa. Una de las más preciadas se encuentra en el apéndice sur de la isla, en el Parque Natural de Jandía. La virginal Playa de Cofete cuenta con 12 kilómetros de arena blanca bañados por agua turquesa. Los amantes del surf y el kitesurf tienen especial predilección por Las grandes playas de Corralejo, que se encuentran en un parque natural de dunas ubicado en el punto más septentrional de la isla.

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Fuerteventura también ejerce un considerable magnetismo entre los interesados en el turismo volcánico. Como todas las Canarias, Fuerteventura tiene un origen volcánico, que se remonta, aproximadamente, a hace 20 millones de años. En la actualidad, los vestigios volcánicos son muchos, especialmente apreciables en el macizo de Montaña Cardón y en el cono de Caldera de Gairía. Una interesante ruta a pie para todas las edades es ascender el Calderón Hondo.

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Tras el mar y la tierra, el cielo es el otro gran encanto natural de Fuerteventura. La isla ha sido declarada Reserva Starlight por la especial calidad de sus cielos nocturnos, lo que la convierte en un paraje de especial interés para el astroturismo. Disfrutar de un cielo estrellado en plena naturaleza, y sin contaminación lumínica de ningún tipo, es una experiencia sobrecogedora. Perderse en la infinidad del universo transforma al ser humano en algo insignificante y anecdótico. Quizá por ello, la gente sigue buscando indicios de su destino en el firmamento. Como, siglos antes, hicieron las sacerdotisas majas.